La cultura reprimida
Una muestra en La Plata rescata discos, letras de canciones y libros prohibidos durante el último gobierno militar
1 minuto de lectura'
LA PLATA.- Subversivos y disolventes. Estos dos adjetivos fueron el argumento reiterado de la última dictadura militar argentina para prohibir la difusión de muchos libros y canciones. Más de 30 años después, las tapas de algunos de esos discos, fotografías e informes secretos de la Dirección de Inteligencia de la Policía de la provincia de Buenos Aires (DIPBA) se exhiben en el centro cultural que funciona en el edificio del Pasaje Dardo Rocha de esta ciudad.
La muestra "Represión en la Cultura " pertenece al Museo de Arte y Memoria de la Comisión Provincial por la Memoria y forma parte de una serie de actividades organizadas por la Municipalidad de La Plata que se desarrollará durante todo este mes.
Entre las tapas de discos prohibidos en exposición están "Traigo un pueblo en mi voz" y "Yo no canto por cantar", de Mercedes Sosa; "América Joven Vol. III" y "Hombre en el tiempo", de César Isella; "Razones" y "Víctor Heredia canta a Pablo Neruda", de Heredia; "Canciones folklóricas de América", de Víctor Jara y Quilapayún; "Quereme … tengo frío", de Marilina Ross; "Corazón sudamericano", de Pedro y Pablo, y "Pequeñas anécdotas sobre las instituciones", de Sui Generis.
Un chico de 14 o 15 años que en la actualidad concurre con frecuencia a recitales de sus bandas favoritas con la misma naturalidad con que asiste a la escuela y navega en Internet, ¿sabrá que décadas atrás podía terminar preso por ir a un lugar a escuchar música? Según Iván Maidana, secretario de cultura de la comuna platense, "puede haber algunos jóvenes que aún no dimensionen lo que pasó. Para que se conozca, en algunos casos, y para que se recuerde, en otros, organizamos el "Mes de la Memoria", que además de muestras incluye la proyección de películas y documentales en distintos barrios de La Plata".
Disco es cultura
En uno de dichos barrios, el que rodea a la terminal de omnibus de esta ciudad, el 21 de octubre de 1978 Mercedes Sosa ofreció un recital. Todo estaba bien: el Almacén San José, que funcionaba en la esquina de 3 y 40, había sido colmado por más de 100 personas. Pero todo salió mal.
Según uno de los informes que se exhibe en la muestra, dirigido al entonces ministro de Gobierno de la provincia de Buenos Aires, Jaime Smart, que detalla "el control encubierto de la actuación de la cancionista folklórica Mercedes Sosa" efectuado por personal platense de la Dirección General de Informaciones "la mencionada artista secundada por el guitarrista Nicolás Basilio Brizuela promediando las 2.30 dio comienzo a su repertorio cantando canciones que legalmente se hallan prohibidas en virtud de la vigencia de la ley 19.798".
Con el lenguaje y la sintaxis que aún hoy se utilizan en los partes policiales, el informe continúa: "Ante la materialización de este acto y con el concurso de fuerzas policiales de la comisaría Segunda de esta capital se procedió a la inmediata interrupción del espectáculo habiéndose secuestrado un álbum que contiene el texto de las antes referidas canciones y dos cassettes conteniendo la grabación de éstas".
El control encubierto dejó de serlo y Sosa, Brizuela y los 119 espectadores que había en el lugar fueron detenidos. El texto de la Dirección General de Informaciones no se limita a datos objetivos, también agrega una nota de color: "Se hace resaltar que cada canción entonada despertaba en los espectadores gran entusiasmo y fervor y siendo festejada y premiada su actuación con toda clase de exteriorizaciones".
En el inicio del informe se explica que la vigilancia del recital organizado en La Plata había sido dispuesta en virtud de un despacho de la Dirección General de Seguridad del Interior que advertía que "bajo apariencia de festivales folklóricos/artísticos con la intervención de Mercedes Sosa, Miguel Ángel Merellano y Francisco Heredia se ha constatado la difusión de ideología marxista".
Según la interpretación del gobierno militar, dicha ideología aparecía en canciones como "Cuando tenga la tierra", "Plegaria a un labrador", "Canción con todos", "Duerme negrito", "Cantor de oficio", "Piedra y camino", "La alabanza", "Como la cigarra", "La arenosa", "Oración para la patria de uno", "Canción de simples cosas", "Cantata sudamericana", "Dale tu mano al indio" y "Canción para mi América", los temas que aquella noche de 1978 Mercedes Sosa no pudo cantar.
El informe sobre el frustrado recital finaliza relatando que en la tarde del día siguiente, tras haber declarado ante el juez federal Néstor Adano, "los imputados recuperaron la libertad sin perjuicio de la prosecución de la causa. A título ilustrativo cabe mencionarse la presencia de dos abogados defensores".
La censura de aquellos años también alcanzó a la poesía. El texto de Pablo Neruda al que Víctor Heredia le puso voz y que comienza diciendo "Levántate conmigo. Nadie quisiera, como yo, quedarse sobre la almohada en que tus párpados quieren cerrar el mundo para mi" se volvía inconveniente cuando en el tercer verso exhortaba: "Pero levántate, tú, levántate, pero conmigo levántate y salgamos reunidos a luchar cuerpo a cuerpo contra las telarañas del malvado, contra el sistema que reparte el hambre, contra la organización de la miseria". "Víctor Heredia canta a Pablo Neruda" figura como subversivo y disolvente en dos de los documentos que se exhiben en esta ciudad.
Libros censurados
Los libros también representaban riesgos para el gobierno militar argentino. En un decreto que se muestra en el Pasaje Dardo Rocha, emitido el 20 de enero de 1979 para prohibir la distribución y ordenar el secuestro del libro "La muerte de la familia", de David Cooper, de editorial Paidós, se afirma que la existencia del texto "corrobora la existencia de formas cooperantes de disgregación social tanto o más disolventes que las violentas". En el documento oficial se observa que el libro tiene una "posición nihilista frente a Dios, a la familia, al ser humano y a la sociedad que este compone. Asimismo, describe tácticas subversivas con propósitos de adoctrinamiento y captación ideológica".
Según el decreto de 1979, era necesario prohibirlo ya que "uno de los objetivos básicos fijados por la Junta Militar en el acta del 24 de marzo de 1976 es el de restablecer la vigencia de los valores de la moral cristiana, la tradición nacional y la dignidad del ser argentino".
La muestra se completa con fotografías de libros desenterrados por Sandra Acuña: sus abuelos, Celestino y Aurelia –él obrero metalúrgico, ella oficial camisera y ambos militantes del Partido Comunista- los habían escondido para evitar persecuciones. "Los encontramos prolijamente guardados en dos bolsas de plástico enormes. Nunca pensamos que había tantos libros. Nos sorprendió la fortaleza física y la certeza que llevó a la abuela a enterrar parte de sus sueños. De los libros no había quedado nada. Literalmente habían echado raíces", describe Sandra en un texto que acompaña a las imágenes. La mujer y su familia decidieron devolver esos restos a la tierra: "Ya no para esconderlos, sino para que sigan echando raíces".
El material que en estos días se exhibe en el Pasaje Dardo Rocha, calle 50 entre 6 y 7, corresponde a los legajos 17.743 y 12.249 de la DIPBA, que funcionó hasta 1998, y fue recuperado por la Comisión Provincial por la Memoria, que desde 2003 gestiona el archivo y lo puso a disposición para consultas públicas.
La mayoría de los artistas que figuran en los documentos en exposición no sólo lograron sobrevivir a la última dictadura militar sino también a las prohibiciones a las que esta los obligó. Algunos, en la actualidad llenan estadios. Aquella cultura reprimida, también persiste en las nuevas generaciones: la "Chacarera del expediente", de Gustavo Leguizamón, que en la década del 70 cantó Horacio Guarany y fue prohibida, hoy vuelve a ser interpretada por el grupo de folklore y rock Arbolito.



