La eñe ganó la batalla en Internet
1 minuto de lectura'
Hemos ganado una batalla, pero aún no ganamos la guerra. Si se nos autoriza a parafrasear al general De Gaulle para referirnos a la modesta batalla por la letra eñe, la noticia aparecida ayer en The Wall Street Journal -Internet reconoce por fin la letra eñe (ver La Nación de ayer)- es un triunfo de los que permiten ver el futuro con más optimismo.
La guerra no terminó, pero dada la importancia creciente de Internet en el mundo de las comunicaciones, la admisión de la eñe es casi como haber desembarcado en Normandía en 1944. Ayer fue un Día Eñe en esta lucha. Ya falta menos.
La cosa sigue
Los problemas con la eñe no han desaparecido, sin embargo. Por el contrario, aparecen a diario en todo tipo de formularios, cuentas informatizadas y hasta documentos oficiales por culpa de esa simplificación que viene del mundo de habla inglesa según la cual la ene es más o menos lo mismo que la eñe. Una versión anglosajona del "sé igual" de Minguito.
Lástima que muchos hispanohablantes incurren en el mismo desinterés por el idioma y no se inquietan demasiado por leer palabras incorrectas o emitir cartas, chequeras o facturas sin el detalle del tilde que caracteriza a esa letra específica y distintiva de la lengua española.
Gran noticia
Hemos hablado tanto del asunto que corríamos el riesgo de que los enemigos anónimos de la eñe ganaran por cansancio. He aquí que Internet acude en nuestra ayuda.
Ya era tiempo. Las dificultades que se planteaban en la autopista informática eran, además de enojosas, engorrosas.
Hasta hace poco, cada noche, cuando el equipo especializado de LaNacion escribía la edición que sale por Internet a todo el mundo, debía utilizar un insólito sistema para que los textos incluyeran correctamente la letra eñe en las numerosas palabras que la utilizan en nuestro idioma.
El procedimiento era el siguiente: según la función adoptada para que la letra ene se convirtiera en eñe, había que escribir, en lugar de una simple ñ, todo lo que sigue: ñ.
Esa incomprensible suma de caracteres salía, del otro lado de la línea, como letra eñe. Y viceversa.
Pero no era lo único. También los acentos del español eran un problema. Así, para escribir, por ejemplo una a acentuada, había que poner ´a.
Ejemplos: para escribir año había que poner año Para escribir mamá, reemplazar por mam´a.
Supongamos algo más molesto. La frase "el ñandú se despeñó", por ejemplo, debía escribirse de este modo: "el ñand´u se despeñ´o".
¿Está claro?
Esperemos que el propio rey de España, como mínimo, envíe un rápido telegrama de felicitación a los ignotos directivos de Internet -¿hay alguno?- agradeciendo que ahora se respete el nombre de su propio país.
En su escala más modesta, este cronista contestará ahora con apellido propio, correctamente escrito, a quienes gentilmente hacen llegar su solidaridad para con la batalla por la eñe por vía Internet.
No podré responder del mismo modo, en cambio, si se trata del E-mail. Allí todavía no se reconoció la importancia de nuestra letra.
Esa será la batalla de las Ardenas.



