La escuela sola no puede
Por Emilio Tenti Fanfani Para LA NACION
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Si hoy la sociedad argentina encuentra grandes dificultades para mantener una base mínima de integración social, ¿por qué deberíamos suponer que las instituciones educativas no tendrán ningún problema en garantizar el orden y la convivencia entre sus miembros?
Todos los problemas sociales se manifiestan en la escuela. Las carencias materiales y simbólicas influyen sobre las conciencias y los comportamientos, dificultando la vida en sociedad. Una de las definiciones más inmediatas de la crisis es la percepción generalizada de una "normalidad perdida".
¿Cómo producir un orden democrático, una convivencia normal en las escuelas, cuando ni siquiera hay seguridad de que éstas "funcionen normalmente"? ¿Cómo hacerlo cuando la lógica de los intereses más limitados y particulares, como los individuales o sectoriales, se impone sobre el interés general y el bien común?
Es probable que las comunidades educativas deban movilizar el máximo de buena voluntad, solidaridad e imaginación para que "haya escuela" y el aprendizaje tenga lugar. Pero la escuela sola no puede. La sociedad toda debe sostener y apoyar el esfuerzo escolar. En especial los sectores sociales más privilegiados y poderosos, que tienen que poner lo que es necesario para que haya oferta escolar: el financiamiento.
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Corresponderá, además, al poder económico y administrativo del Estado encontrar las estrategias fiscales adecuadas y gastar los recursos recaudados con el máximo de eficiencia, equidad y atención a la emergencia. La crisis es también una ocasión para romper con las rutinas burocráticas.
Una vez que se asegure la actividad en las escuelas, es preciso preguntarse por las condiciones básicas de la convivencia entre los miembros de la comunidad escolar.
Las primeras semanas del ciclo escolar deben dedicarse a "construir este sentido común". Si todos le asignan un sentido compartido a la experiencia escolar, todos tendrán interés en construir e identificarse con ese conjunto mínimo de reglas que regulan la vida de cualquier institución social y favorecen el logro de objetivos. Estas reglas no sólo deberán prever cómo conducirse frente a inevitables infracciones que puedan acontecer, sino que deberán orientar prácticas positivas que favorezcan la integración escolar.
Estas prácticas se relacionan con la búsqueda de la integración, el sentido de pertenencia institucional, el respeto por los otros, la cooperación, la toma de decisiones en grupo, la administración y resolución de conflictos, la creación colectiva, el pluralismo y la valorización de la diversidad.
Estas competencias, que son tan importantes para la convivencia democrática, no son "naturales" o "innatas", sino aprendidas. Y qué mejor lugar que la escuela para desarrollar y consolidar estos aprendizajes.



