
La exótica sexualidad humana
¿Por qué es divertido el sexo? Por Jared Diamond-(Debate)-Trad.: Victoria Laporta-214 páginas-($13,90)
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"La sexualidad, junto con la postura y el tamaño del cerebro, completa la trinidad de los aspectos decisivos en los que divergen los ancestros humanos y los grandes simios", afirma Jared Diamond en su libro ¿Por qué es divertido el sexo? Profesor de fisiología de la Facultad de Medicina de la Universidad de California y premio Pulitzer 1998 por su libro Armas, gérmenes y acero , Diamond presenta su último trabajo como un "informe especulativo" acerca de cómo un conjunto de fuerzas evolutivas distintivas operaron sobre los ancestros del hombre para dar lugar a la "estrafalaria sexualidad humana".
Si se acepta como "sexualidad normal" -argumenta el biólogo norteamericano- aquella que toma en cuenta los cánones de las 4300 especies de mamíferos que habitan el planeta, con excepción de unas pocas -entre ellas, el hombre, los bonobos (chimpancés pigmeos) y los delfines-, el sexo raramente se procura por diversión. Pero éste no es el único rasgo exótico en la especie humana. Las asociaciones a largo plazo, la práctica del sexo en privado, el desconocimiento femenino de su propia ovulación y la ausencia de señales externas esbozan para la biología evolutiva un panorama general enigmático. Mientras que la mayoría de las especies restringen su actividad sexual al breve período en que se anuncia la ovulación, en los humanos no existen pautas temporales. En términos energéticos, esta práctica "parece un monumental desperdicio de esfuerzo". Por último, son parte del rompecabezas la menopausia femenina, el hecho de que la lactancia se cuenta dentro del potencial fisiológico masculino o el interrogante -de difícil respuesta, para consternación de los aludidos-: "¿para qué sirven los hombres?" A modo de ejemplo, Diamond intenta explicar la menopausia femenina como característica favorable para la supervivencia de la mujer, lo cual es importante no sólo para sus hijos, sino también para sus nietos. En aparente paradoja, si bien se acorta la vida fértil de la mujer, que puede así dar a luz menos hijos, el resultado es una mayor descendencia. A esto puede sumarse la hipótesis polémica que establecería algún nexo entre la longevidad femenina y "la importancia abrumadora de la gente mayor como depósito de información y experiencia en las sociedades prealfabetizadas".
Diamond examina y discute en detalle diversas señales corporales auditivas, olfativas y visuales. La atracción de los rostros bellos resultaría del hecho de que se trata de "la parte del cuerpo más sensible a los estragos de la edad, la enfermedad y las lesiones". La grasa corporal en las mujeres es una "señal veraz" en relación con la lactancia, de la misma forma que los músculos en los hombres -como las cornamentas del ciervo- son una señal de la capacidad de protección de la prole.
El infanticidio, la lucha cruenta, no sólo entre individuos de la misma especie, sino entre los propios progenitores y entre éstos y su prole, son los términos en que se juega la última ratio postulada por la biología evolutiva: maximizar la transmisión de genes. El libro de Diamond conmueve el antropocentrismo y minimiza el orden cultural en los patrones de conducta sexuales. Los humanos "portamos todavía el legado de cientos de millones de años de evolución vertebrada grabados profundamente en nuestra sexualidad. Sobre ese legado, nuestro arte, nuestro lenguaje y cultura han añadido recientemente sólo un barniz".
La materialidad cruel y desencantada del escenario zoológico en el que Diamond instala a la especie humana contrasta extrañamente con las versiones de filósofos y sociólogos, en cuyos montajes teóricos los medios de comunicación y las formas culturales de representación aparecen como determinantes.
La competitividad del medio académico norteamericano explica por qué Diamond utiliza sus argumentos para abogar en favor de la especificidad de la biología evolutiva respecto de otras disciplinas en vital expansión, como la biología molecular. Es sabido que la supervivencia de los científicos norteamericanos, los subsidios que hacen posible la continuidad de sus investigaciones, dependen en gran medida de su capacidad de persuadir a la "opinión pública" del valor social de su área de trabajo y de sus resultados. En este sentido, ¿Por qué es divertido el sexo? es una lección sutil de la frágil y osada racionalidad que guía a la biología evolutiva.
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