La fe, de la parroquia a la comunidad virtual
En los últimos días, Buenos Aires fue sede de reflexiones sobre las perspectivas que abre a la evangelización de la Iglesia la enorme red de participantes en un diálogo que se da en una comunidad virtual.
Un criterio sobre el que se apoya la definición de parroquia, la territorialidad, hoy está sometido a una redefinición debido a las comunidades virtuales, que abren una reterritorialización del vínculo social, según expresó el padre Darío Viganó, de la Pontificia Universidad Lateranense. Lo hizo en una exposición sobre "La Iglesia y la Web 2.0, riesgos y oportunidades", que compartió con los profesores Martín Parselis y Mariano Ure en la Universidad Católica Argentina (UCA).
No se trata sólo de saber más de tecnologías digitales, sino de un discernimiento cultural, antropológico, de cómo se dan los contactos múltiples e inestables en la Web, de cómo ellos afectan algunas categorías en el modo de relacionarse de las personas a la distancia. Viganó señaló que la acción eclesial está urgida por el anuncio del Evangelio, hecho de relaciones interpersonales, pero no basta un acercamiento exhortativo sin desentrañar la cultura que se está desarrollando y sus códigos de comunicación.
De modo similar, en otra charla, el superior mundial de la Sociedad de San Pablo (un millar de religiosos que actúan en revistas, radios, televisoras, redes multimediales en 32 países), el sacerdote italiano Silvio Sassi, expresó que la comunicación actual no es sólo el conjunto de las numerosas y depuradas tecnologías para comunicar, sino un ambiente de vida, que incide en el modo de pensar y de vivir de todos nosotros. Y comparó este momento con la experiencia de San Pablo, que, al convertirse, recibió "un don inesperado", que lo abrió a "una nueva comunicación con Dios y con los demás". Invitó a reflexionar acerca de cómo puede darse una fe vivida y propuesta también en esta cultura inédita para la existencia humana. Hizo hincapié en conceptos como "participación" y "reciprocidad", en los cuales el mensaje puede implicar una colaboración, en grados diversos, entre el emisor y el destinatario, que puede integrarlo, interpretarlo, deformarlo, rechazarlo.
A su juicio, cabe distinguir entre la comunicación interpersonal cara a cara que caracteriza la experiencia de fe en una parroquia y la de los medios, a los que no cabe ver sólo como "instrumentos". Entiende que debe estarse atento a lo que el público experimenta como necesidad de fe, procurar escucharlo y plantear el hecho de evangelizar como una conversación, no un monólogo, como sería, por ejemplo, una homilía en un templo.
La relación de la fe con las inmensas audiencias de los medios internacionales fue también mencionada en estos días, como de refilón, en una presentación que hizo José Levy, corresponsal de CNN en Medio Oriente, quien habló ante estudiantes de periodismo en las universidades UCES y UCA. Levy confió cómo le impresionaba imaginar quiénes estaban del otro lado de la cámara cuando transmitía las exequias de Juan Pablo II desde Roma. Pensaba para cuántas personas que lo veían se trataría de uno de los momentos más tristes de su vida, cuántos estarían sintiendo que habían perdido un padre.





