
La fotografía como documento
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En un desconocido prólogo, realizado en 1958 para el libro Argentina del fotógrafo Gustavo Thorlichen, Jorge Luis Borges reflexiona sobre la expresión "fotografía pictórica" y compara la contradicción que encierra el término con otros, como el de "música callada" de San Juan de la Cruz o las nightmares of delight de Chesterton. Aquella conjunción de palabras fue utilizada por primera vez a mediados del siglo XIX para tratar de enaltecer una joven disciplina cuyo valor artístico estaba todavía en duda. Sus detractores no podían aceptar que "la advenediza fotografía [...] servil como un espejo y mimética como un mono, incapaz de omitir o preferir, pudiera amenazar la supremacía del ojo humano, de la diestra humana y del ya legendario pincel de Apeles" (Borges dixit , con ironía).
Hoy, semejante mimesis de la fotografía con la pintura no es necesaria. Sabemos que esta disciplina es un arte en sí mismo y que posee su propio lenguaje y suficiencia. Que muchos de los cambios acaecidos en el mundo no hubieran sido posibles sin la efectividad de la imagen fotográfica para denunciar algunos hechos. Y que, de no existir la fotografía, buena parte del conocimiento sería privativo de unos pocos y reservado a claustros silenciosos.
En efecto, sabríamos mucho menos del mundo sin esta capacidad testimonial de la fotografía. Creeríamos quizá, todavía, que los elefantes marinos de la Patagonia son ninfas, los habitantes de la Guyana, esternocéfalos y las anacondas del Orinoco, demonios. Sería menos real nuestro planeta. Y más inhumano. Sin una fotografía que lo documente, no sabríamos cuál es el verdadero rostro de la guerra, qué forma tienen las células en la gestación humana o dónde oculta sus bellezas la Tierra.
Sería auspicioso que esta edición de Buenos Aires Photo no se convierta en una exposición de fotografías que intentan parecerse a la pintura (este complejo de "realismo mecánico" fue superado hace mucho) y, en cambio, poder descubrir allí el sutil arte de contar nuestro país y el mundo a través de una de las características propias de la fotografía: su capacidad de documentar lo que nos rodea.
Porque si un día la fotografía se alejara por completo de su esencia documental, nuestro pasado se confundiría en un inmenso boca a boca hacinado de memorias tentativas; el futuro no tendría procedencia sobre la cual construirse y hasta el amor que nos dejó nos abandonaría para siempre... si no nos mirara, aún, desde su fotografía.
Marcos Zimmermman





