La impunidad al desnudo

El periodista Omar Lavieri investiga en El Rekaudador, de manera clara y precisa, los vínculos con el poder político del ex secretario de Transporte Ricardo Jaime
Hugo Alconada Mon
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14 de octubre de 2011  

La pregunta que surge, natural, con cada nuevo escándalo de corrupción es casi siempre la misma: "¿Cómo es posible?" Es decir, cómo es posible que el protagonista se haya comprado una mansión. O mueva montañas de dinero en efectivo. O se pasee en un yate. O en un avión. O, en este caso, todo lo anterior y mucho más. Y la respuesta es, también, casi siempre la misma: sobredosis de impunidad. O como lo expuso un ex subalterno de Ricardo Jaime en la Secretaría de Transporte: "El sentido de poder permanente que tenía Jaime lo llevó a esto".

Esa sensación de "poder permanente" es una constante entre muchos funcionarios -de cualquier gobierno- hasta que, más tarde o más temprano, se evapora. Puede prolongarse o puede renacer -como lo atestigua el salvavidas al ex presidente Carlos Menem en la "causa armas"-, pero también tiene sus excepciones. Ése fue el tragicómico caso del pintoresco ex funcionario, como lo describió Omar Lavieri en su estupendo libro El Rekaudador. Ricardo Jaime: la cara de la corrupción en la era kirchnerista .

¿Qué falló? Entre otros factores, que su abogado defensor se lleva pésimo con el operador dilecto del Gobierno ante la justicia federal, Javier Fernández; también, que su otro abogado, Marcelo Brito, encarna al mismísimo demonio para el juez Norberto Oyarbide, desde que patrocinara a Luciano Garbellano, aquel oscuro personaje de Spartacus y acusaciones varias por presunto proxenetismo y cobro de dinero negro contra el magistrado. Y, por último, que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner parecía por entonces caer cuesta abajo en la rodada electoral.

Hoy, en el escenario pos-14 de agosto, acaso Jaime logre repetir la suerte de Menem y termine libre de culpa y cargo. Pero como el ex presidente o María Julia Alsogaray, el otrora "señor de los subsidios" es ya en un ícono de lo indebido. Y así lo reflejó Lavieri con su investigación clara y precisa. Ex Página/12 y Perfil, entre otros medios, el periodista de Clarín y Radio Continental concentró bien sus estiletazos. Expone los negocios de uno de los colaboradores dilectos del ex presidente Néstor Kirchner y, también, los pequeños episodios que lo pintan por completo. Como aquel con "Newton", el perro que le robó al diputado nacional Rafael Flores, en 1996, que tuvo que devolver cuando la esposa del legislador llegó a tocarle la puerta en Río Gallegos, alertada por un vecino.

Lavieri detalla las andanzas de Jaime y su álter ego para los negocios en la Argentina, España, Portugal y donde fuere necesario, Manuel Vázquez, quien en uno de los miles de e-mails recuperados por la Justicia le indicó al hermano del funcionario, el también colorido Daniel, que una de sus funciones como "consultor" sería "hacerle de testaferro" al judoca cargado de oros y un harén de secretarias.

A lo largo de casi 300 páginas, Lavieri desnuda sus vínculos con los barones del sistema ferroviario: Aldo Roggio, Gabriel Romero y los hermanos Claudio y Mario Cirigliano, protagonistas como pocos de lo que el autor caracteriza como la "oficina de negocios paralela" a la Secretaría de Transporte.

Si acaso algo pueda objetársele a Lavieri, no obstante, es el tono asertivo de su libro. En particular, si se tiene en cuenta la impunidad recurrente con que concluyen los grandes escándalos de las últimas décadas. Basta con recordar lo que ocurrió en los casos IBM-Banco Nación, Tandanor, Thales y muchos más: nada. Jaime, a la luz de lo que ocurrirá en octubre, quizá frote sus manos. Pero este libro será, por siempre, una piedra en su zapato de lujo.

El Rekaudador

Por Omar Lavieri

Planeta

312 páginas

$ 77

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