La mirada indiscreta de Helmut Newton

Celina Chatruc
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5 de enero de 2020  

Helmut tenía 18 años cuando se separó de sus padres en Berlín. Ellos abordaron un barco rumbo a la Argentina; él tomó un tren con destino a Trieste, donde se subió a otro barco que se dirigía a China. Logró así escapar de los nazis, que ya lo habían encerrado un tiempo en un campo de concentración.

La familia Neustädter, de origen judío, dejaba así en 1938 el lujo de la vida que les había permitido su fábrica de botones. Helmut estaba dispuesto a comenzar de cero: formado como asistente de una fotógrafa conocida como Yva, soñaba con trabajar para la revista Vogue.

Detalle de Autorretrato con June y modelos en el estudio de París, 1981
Detalle de Autorretrato con June y modelos en el estudio de París, 1981 Crédito: Gentileza Malba

No sólo cumpliría esa meta, tras radicarse en Australia y adoptar el apellido " Newton", sino que se convertiría en uno de los fotógrafos más reconocidos del siglo XX. Inspirado en los misteriosos climas creados por el húngaro Brassaï convirtió en arte una explosiva fórmula de sexo, glamour y poder que codiciaron también otras revistas como Harper's Bazaar, Playboy, Elle y Vanity Fair.

Sus mujeres fatales desataron críticas feministas, pese a su insistencia en que las mostraba empoderadas. Aunque los cuestionamientos no lo detuvieron. Llegó al límite de la pornografía e, incluso, del rechazo. En 1994, la marca de joyas Bulgari amenazó con retirar su pauta publicitaria de Vogue como consecuencia de una de sus provocadoras imágenes: las manos que lucían un anillo de diamantes estaban dedicadas a desmembrar un pollo. "Amo la vulgaridad -confesó Newton-. El mal gusto es mucho más excitante que el supuesto buen gusto, que no es más que una manera estandarizada de mirar las cosas".

Ese punto de vista que evadió los lugares comunes se reflejó también en sus retratos de celebridades, desde Nastassja Kinski y Cindy Crawford hasta Salvador Dalí, Madonna o Andy Warhol. Y tuvo su manifestación contundente en Sumo (1999), gigantesco libro de más de 400 imágenes publicado por Taschen y ofrecido por 20.000 dólares con una mesa diseñada por Philippe Starck.

Este volumen y otros dedicados a compilar su obra fueron editados por June Brunell, su esposa durante más de medio siglo. Actriz devenida fotógrafa, ella trabajó con el pseudónimo de Alice Springs y fue quien inauguró en 2004 en Berlín, meses después de su muerte tras un accidente de auto, la Fundación Helmut Newton. La sede es un antiguo club de soldados, con vista al muelle donde Helmut se despidió de sus padres. Desde allí partieron rumbo al país que este año alojará en el Malba la primera retrospectiva en la región dedicada a la obra de su hijo, a un siglo de su nacimiento.

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