
La música olvidada de un agente secreto
En su novela El soldado de porcelana (Ediciones B), el autor de esta nota, recrea la vida de Gustavo Durán, compositor español, general del Ejército Republicano, asesor de Braden- el embajador norteamericano en la Argentina-, amigo de Luis Buñuel, de Victoria Ocampo y espía. Antes de la aparición de su libro, Vázquez Rial hace en esta página una crónica de la existencia aventurera de su héroe
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SU nombre está ahí, en Por quién doblan las campanas , en los artículos de Ehrenburg, en los poemas de Gil de Biedma; se sabe que Malraux lo tomó como modelo del Manuel de L`espoir ... pero Gustavo Durán sigue siendo un desconocido, tanto en la Argentina, donde fue asesor del embajador Braden, en 1945, como en España, donde fue, durante la Guerra Civil, "el jefe republicano más odiado por los franquistas", según Rafael Alberti. En la Guerra Fría, las izquierdas le borraron de la lista de sus glorias, al descubrir grietas en su fe, y los Estados Unidos -McCarthy y el FBI- le borraron de la lista de las personalidades simplemente aceptables, por razones opuestas.
No es fácil reducir su biografía a los límites de un artículo. Nació en 1906 y tuvo una infancia desgraciada. Su padre, José Durán, coronel de ingenieros en la Guerra de Cuba, representaba en España a una empresa alemana. Hablaba alemán, una excepción en aquella España. Su gusto por la ópera, sin embargo, no apaciguaba su violencia ni le alejaba de los burdeles. Casó con Petra Martínez, mujer culta y de buena familia, con la que tuvo cinco hijos. Un amor atormentado, nacido tal vez en alguna casa de tolerancia, llevó a José Durán a cometer una infamia que marcó el destino de sus hijos: hizo encerrar a su mujer en un manicomio y llevó a su amante, madre de una niña, a vivir con ellos. Petra Martínez murió en 1945, sin haber vuelto a conocer la libertad.
Dice la leyenda, con rigurosa lógica argumental, que Gustavo decidió ser músico al ver una representación de Madame Butterfly . Como músico, se vinculó a los jóvenes de la Residencia de Estudiantes. En 1923, a los diecisiete años, estableció dos relaciones sobre las que siempre ha flotado el espectro del amor homosexual: con Federico García Lorca y con el pintor canario Néstor de la Torre, un hombre a la sazón de treinta y seis años. Néstor llevó a Gustavo a París y le presentó a Antonia Mercé, La Argentina, que estrenó en Berlín, en 1927, su ballet El fandango de candil .
Durán debía de ser una tentación para cualquier servicio de inteligencia. Rubio, de bellos ojos azules, elegante hasta la afectación, seductor, expresándose en inglés, francés, italiano y alemán, con talento musical, una memoria prodigiosa y unas relaciones personales de primer nivel social en Madrid y en París, su utilidad podía ser inmensa. Se movía entre Buñuel y Hemingway, Alejo Carpentier y Américo Castro, Dalí y los Lorga, Jorge Guillén y Juan Ramón Jiménez, LPedro Salinas y Victoria Ocampo. En la vida de Joaquín y Anaïs Nin, cupo a Gustavo un papel singular: él restableció la relación de la escritora con su padre, que culminó en una pasión incestuosa.
Inesperadamente, en 1933, Durán abandonó la música. "La fuente se ha secado", dijo. Se alejó de Néstor y empezó a trabajar con Luis Buñuel, en París, en la traducción y el doblaje de películas para la Paramount. En 1934 regresó a Madrid.
El 18 de julio de 1936, se improvisó militar. En un año, pasó de miliciano sin rango a jefe de división, y participó de las batallas de Madrid, el Jarama y Guadalajara, en la ofensiva sobre Segovia y en Brunete. En 1937, durante dos meses, dirigió el Servicio de Investigación Militar de Madrid, a pedido del jefe de la inteligencia soviética, el general Orlov, que rompió con los comunistas al año siguiente y emigró a los Estados Unidos. El 1º de enero de 1938, Durán volvió al combate, en Teruel.
Peleó hasta el final. Al caer Madrid, estaba en Valencia, al mando del XX Cuerpo de Ejército. El 1º de abril de 1939, deprimido y agotado, iba hacia el Gobierno Militar, para entregarse, cuando un hombre le detuvo. Era un vencedor, un franquista, que le conocía desde siempre y le estimaba, y que quería que sobreviviera: le llevó al consulado británico. Durán jamás reveló el nombre de aquel amigo, del que se sabe que llegó a formar parte de la jerarquía franquista. Pagó por su lealtad con silencio. El 5 de abril, tres días después de la salida de Gustavo de España, su padre, José Durán, se cortó las venas en el baño de su casa.
En Londres, Durán conoció a una norteamericana de familia inglesa, Bonté Romilly Crompton, con la que se casó. Bonté tenía dos hermanas: Belinda, esposa de Michael Straight, millonario americano formado en Oxford que en su vejez reveló en un libro de memorias sus vínculos con Anthony Blunt y Kim Philby, y Bobs, amante de Graham Greene.
Durán no pasó desapercibido en los Estados Unidos. Los Straight eran por sí mismos un aval. Nelson Rockefeller, que había empleado a Buñuel en la filmoteca del Museo de Arte Moderno de Nueva York, sabía de él, y le colocó en la división de música de la Unión Panamericana de Washington. Eleanor Roosevelt recordaba que Durán había ayudado a sus amigos Joris Ivens y Ernest Hemingway a rodar Tierra de España . Fue entonces, poco después de empezar la Segunda Guerra Mundial que empezó a delinearse la trayectoria de Durán en América latina, y más específicamente en la Argentina. ( N. de la R.: ver el artículo que completa la página).
Por Horacio Vázquez-Rial
Para
La Nacion
- Barcelona, 1998
Durán, Braden y Perón
INICIADA la Segunda Guerra Mundial, el embajador norteamericano en Cuba, Spruille Braden, encargó a Hemingway el control de los españoles franquistas en La Habana, muy numerosos y potencialmente activos en favor del Eje. Para eso, el escritor organizó lo que él mismo denominó crook factory ("fábrica de trampas") y le pidió que hiciese viajar al que, sin duda, sería su mejor colaborador, su amigo español, ahora ciudadano norteamericano, Gustavo Durán. Para los Roosevelt, el que Durán controlase y aconsejase a Braden, diplomático célebre por su escasa diplomacia, fue un alivio. Durán fue a La Habana e hizo su trabajo tan bien que, cuando a Braden le enviaron como embajador a la Argentina, le llevó con él.
En el Buenos Aires de 1945, Gustavo tenía amigos en todos los niveles políticos: no sólo Victoria Ocampo y Rafael Alberti, sino también incontables camaradas de armas exiliados. Conocía a muchos comunistas, y el gobierno norteamericano, aún en la línea de Rooseelt (aunque el presidente había muerto en abril), había dado la orden de prestar apoyo irrestricto a la Unión Democrática. Pero Braden no dejó en manos de Durán el trato con los comunistas ni los pactos con otras fuerzas políticas: se lanzó a una campaña febril, personal, que le ganó más enemigos que amigos, y que dio ocasión al ascendente coronel de lanzar la célebre consigna: "Braden o Perón".
Finalmente, Braden tuvo que irse. Pero hizo publicar los documentos probatorios de las relaciones de Perón con la Alemania hitleriana incautados en Berlín. Así nacieron el Libro Blanco y el Libro azul , en cuya elaboración se empleó Durán y que aparecieron en febrero de 1946, pocos días antes de que Perón ganara las elecciones.
En el Libro azul se hacía evidente el papel mediador del embajador español en Buenos Aires, entre algunos militares argentinos y la Alemania nazi. En la prensa franquista, se desató una campaña contra Durán, que "reveló" que, durante la Guerra Civil, había sido agente de la GPU. Eso bastó para que políticos de la derecha norteamericana acusasen a Durán y forzaran una investigación oficial, que se cerró en 1946 con la exculpación del acusado.
Pese a la declaración de inocencia de 1946, Durán, que trabajaba en las Naciones Unidas, conoció en carne propia las fobias del senador McCarthy en marzo de 1950. en un mitin, McCarthy exhibió una enorme foto de Gustavo Durán en uniforme de campaña, y dijo a su público que aquel hombre, que vestía prendas militares soviéticas, era un conocido comunista, agente en España de la NKVD y, para más oprobio, homosexual, y que se había infiltrado en las Naciones Unidas. La persecución duró años. Durán volvió a ser exculpado en 1955 y retomó su carrera en las Naciones Unidas. El haber sido absuelto por el Comité de Actividades Antinorteamericanas implicaba, al mismo tiempo, la condena de la izquierda mundial.
Superados los procesos de McCarthy, Gustavo Durán trabó amistad con un funcionario de las Naciones Unidas, un sueco puritano que creía en la misión de su organización. Se llamaba Dag Hammarskjold, y llegó un día a la Secretaría General con el gran proyecto de la descolonización del África. El primer paso, en 1960, era la independencia del Congo. Envió allí a un representante personal de toda su confianza: Gustavo Durán. Asesinado Lumumba y muerto Hammarskjold en un accidente aéreo nunca seriamente investigado, Durán permaneció allí hasta 1961. Finalmente, fue enviado a Grecia, donde murió en 1969, tras el Golpe de los Coroneles y cuando ya había decidido regresar a España.
Una vida así está hecha para la historia, no para el olvido.
(c)
La Nacion



