La Nochecita llenó la ciudad de cultura para los más chicos

Noche de brujas en la Usina
Noche de brujas en la Usina Fuente: LA NACION - Crédito: Ignacio Sánchez
A pesar de la lluvia, el encuentro fue un éxito de convocatoria en espacios culturales; arte, libros y Harry Potter
Natalia Blanc
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13 de octubre de 2019  

La primera Nochecita porteña debutó con mal clima. Después de la fuerte tormenta de la noche anterior en Buenos Aires, la lluvia amenazó ayer con arruinar la jornada cultural de puertas abiertas en 39 espacios públicos y privados de la ciudad. Pero no lo logró. De las cerca de 200 actividades pensadas especialmente para chicos de 0 a 12 años se suspendieron solo las que estaban planeadas para realizarse al aire libre, como algunos shows y proyecciones de cine bajo las estrellas. El resto, alrededor del 90 por ciento de la programación, se desarrolló con normalidad a partir de las 18. Los puntos de mayor convocatoria fueron la Usina del Arte, el Centro Cultural Recoleta, el Museo Enrique Larreta y la Torre Monumental (antes llamada De los Ingleses), "lookeada" para la ocasión con la magia de Harry Potter como temática. Miles de adultos con chicos hicieron fila desde temprano para participar de la exitosa Nochecita. Se vieron colas de varias cuadras en el ingreso a la Torre, en Retiro.

Inspirada en la famosa Noche de los Museos, que ya lleva quince ediciones y cada año crece en cantidad de público y en propuestas, el programa de la mininoche artística incluyó museos porteños como el Moderno y el Larreta y centros culturales públicos como el CCK y privados como el Borges. También, visitas al estadio del club Argentinos Juniors, el cuartel de los Bomberos Voluntarios de La Boca, el Planetario y el flamante Paseo del Bajo, que habitualmente solo pueden transitar camiones y buses. Se sumaron también algunas salas de teatro infantil como La Galera y El Galpón de Catalinas, bares notables como el del Hotel Castelar y centros de arte como la Fundación Proa, con descuentos y promociones en las entradas.

Hasta pasadas las 23, en las 39 sedes, hubo opciones para todos los gustos y edades. Los más chiquitos, desde bebés de pocos meses hasta nenes de 3 años, exploraron todos los rincones del espacio Iupii, de la Usina del Arte, que tiene juegos de madera y estaciones de plaza blanda. El edificio de la Usina se vistió de fiesta embrujada para recibir a personajes y chicos disfrazados de magos, brujas y superhéroes. Muchos esperaron ansiosos el comienzo de las películas de la saga creada por J. K. Rowling, que tuvieron que proyectarse en una sala interior porque el mal clima atentó contra la idea original de ver cine bajo las estrellas. El protagonista de los libros de Rowling, que tiene miles de fanáticos en el país, tuvo estación propia, donde a lo largo de la Nochecita se organizaron juegos temáticos y trivias con libros como premios y concursos. Lástima que los fans se quedaron con las ganas de ver el desafío de Quidditch, el deporte que Rowling inventó para sus historias, que juegan los aprendices de magos con escobas voladoras. Los "picados" se suspendieron por la tormenta. Además de una pista de baile "embrujada" y una de ritmos urbanos como el hip-hop, hubo talleres de monstruología, lectura de cuentos de terror y secretos de cocina para hacer pociones mágicas. Sí, la magia, la "brujería" y el misterio fueron los ejes centrales de la propuesta de la noche del sábado en la Usina, que abrió las puertas antes porque a las 17 ya había padres con bebés en carritos y chicos que aplaudían para ingresar. Guías disfrazados con sombreros de magos y brujas y ropa negra con capas largas recibieron a los visitantes para guiarlos por cada estación: sala laberinto, espacio para make-up y tatuajes temáticos, rincón con libros. Muchos chicos lucían remeras con esqueletos y fantasmas, caretas, gorros, capas. Pero se impuso el look lluvia: botas de goma, paraguas de colores y camperas.

La "Nochecita" se desplegó en varios puntos de la ciudad. En la zona sur, el Museo del Cine compartió visitantes con la Usina, aunque allí se concentraron los amantes de los videojuegos y los juegos ópticos. El Museo del Humor, en Costanera Sur, esperó a los visitantes con instalaciones lumínicas interactivas, un taller de héroes y heroínas inventados y otro de personajes fantásticos y un espectáculo de magia, música y circo. Y en el Museo Moderno, además de una visita literaria guiada por obras de la colección, los más chicos metieron las manos en esa masa pegajosa que les encanta llamada slime y los más grandes se animaron a experimentar con crayones fluorescente en luz ultravioleta.

En la zona del Abasto, la Biblioteca Parque de la Estación también organizó una charla sobre superhéroes, entre otras propuestas. En este caso, los chicos pudieron conocer secretos de los grandes superhéroes del cómic, históricos y contemporáneos. El Centro Cultural Recoleta, copado desde su relanzamiento por adolescentes, volvió a captar una gran cantidad de público: chicos con pelos de colores se sacaban selfies frente a la mona colorida creada por Edgardo Giménez para la fachada.

Uno de los espacios que más curiosidad generó fue la Torre de los Ingleses, convertida en una torre mágica como la de un castillo encantado. Con anfitriones vestidos como los personajes de la saga Potter velas y telas de araña, los visitantes se encontraron con un espejo "mágico" en el hall de ingreso, donde se podían sacar fotos vestidos como los personajes y un bosque "prohibido" en el mirador con vista a 360 grados. Un bus turístico del gobierno porteño recorrió el circuito entre la Usina y la Torre Monumental pasando por el túnel del Paseo del Bajo. Viajaron Enrique Avogadro, ministro de Cultura porteño, y la subsecretaria Viviana Cantoni, y un grupo de vecinos con muchos chicos que se divirtieron durante el viaje con una banda de músicos y payasos.

Fue una noche mágica, con amenaza constante de lluvia, muchos chicos, risas, ruidos y juegos. Un gran anticipo de la noche "grande" de los museos, que está programada para el sábado 2 de noviembre.

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