
La ONU bajo el pincel de Barceló
El artista español inundó la cúpula de la sede de Naciones Unidas de Ginebra con 35.000 kilos de pintura de vivos colores
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MALAGA, (EFE).- Miquel Barceló, que se encuentra en Málaga para inaugurar hoy su muestra "Obra africana", pintó la cúpula de la sede de Naciones Unidas en Ginebra, conocida ya como la "nueva Capilla Sixtina", con 35.000 kilos de pintura de vivos colores, alejados de los blancos, negros y ocres que abundaron en su obra anterior.
Barceló (Mallorca, 1957) relató la influencia de los colores de Mali, adonde ha viajado en los últimos años, en su magna obra ginebrina, que inaugurarán el próximo 18 de noviembre los Reyes de España.
La nueva paleta que Barceló ha utilizado en la cúpula de la Sala de los Derechos Humanos y Alianza de las Civilizaciones de la ONU ha evolucionado hacia tonos vivos abandonando los blancos, negros y ocres, una cuestión que el artista relacionó con las acuarelas que pintó en Mali del 2003 al 2005 y que son mostradas ahora en el Centro de Arte Contemporáneo (CAC) de Málaga.
Los colores saturados de la vestimenta de las mujeres retratadas en esos dibujos aguados son los que ha trasladado a la cúpula "gigantesca" de la ONU en un afán "extremo" de creación -con unos 35.000 kilos de pintura- para abarcar un tema simple y potente: el oleaje del mar visto en un techo de una sala que es como una cueva.
Dos conceptos que chocan: cueva y mar; pero, para Barceló "el arte es unir opuestos, cosas irreconciliables" en una cúpula -de 1.400 metros de superficie- que recrea "la superficie del mar" en su alegoría del "exterior" y "la cueva, del interior", y cuyo oleaje -unas siete olas- está diseñado en el eje cardinal sur-norte.
Esa "multiplicidad de puntos de vista -según el pintor- es una especie de metáfora perfecta para las Naciones Unidas", en la que se muestra "el mar al revés", es decir, una visión de un fenómeno de la naturaleza imposible de ver y traducido a un contexto plástico.
De ahí que, en la cúpula de la ONU, Barceló admite que haya "más colores que en ninguna obra" suya anterior, debido a que tuvo "una necesidad física del color" y a su retina moldeada también en África, continente que adjetiva como una "fiesta para los ojos".
Asimismo, el artista señaló que la cúpula "nunca se ve como una sola unidad", porque "es tan grande que nunca -afirmó- ves toda la obra; sólo un fragmento", de ahí que sea un "lugar ideal para que parezca el infinito" con "armonías inauditas del agua".
Por otra parte, bromeó con que iba a proponer que el suelo se convirtiese en un gran tatami -esterilla usada en Asia Oriental comúnmente para solar templos, hogares y restaurantes- en la sala de la ONU que alberga su "Capilla Sixtina", como la ha denominado el ministro español de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, y así se podrían convertir las Naciones Unidas en una "cama redonda gigantesca".
"Las relaciones -apuntó- van progresando", por lo que el pintor imaginó a los políticos allí reunidos poniéndose "todos desnudos, como indios, sobre el tatami haciendo fuego", aunque "la pintura -señaló- acabaría un poco oscura" por el humo.
Tal vez, sería -remarcó- una forma de mirar los "muchos puntos de vista" de la cúpula, ya que él mismo admitió que en el transcurso de la creación se "tumbaba mucho" en el suelo para percibir los colores y la dimensión "infinita" de esta magna obra.


