
La osadía de unir diseño top y fast food
LONDRES.- "A rose by any other name would smell as sweet", o "Una rosa con cualquier otro nombre olería igual de dulce", escribió Shakespeare en Romeo y Julieta. Pero ¿qué hay de las hamburguesas de McDonald s? ¿Tendrían ese mismo irresistible olor a frito y pecado si en vez de comprarlas en un ambiente de colores chillones, sillas plásticas y payasos grotescos fuese en una sala del diseño danés más puro?
El bardo de Avon naturalmente estaba en lo correcto: el contenido es exactamente igual aunque lo exterior, sea un nombre o decoración, cambie. Sin embargo, sumergirse en la "cajita feliz" instalada en una de las célebres sillas "Cisne" de Arne Jacobsen tiene una gracia especial.
Consideradas lo mejor del estilo orgánico modernista, las sillas diseñadas en la década del 50 por Jacobsen -posiblemente el arquitecto danés más famoso de la historia- son a la vez iconoclastas y elegantes.
Al hacerlas con materiales naturales e introducir curvas sensuales suavizó los diseños racionalistas de pioneros como Le Corbusier y Van der Rohe.
Para ver originales, se puede ir a museos como el MoMA de Nueva York, al Victoria and Albert de Londres, a las mejores casas de diseño o cualquier libro sobre íconos del mobiliario del siglo XX (como "Chairs, 50 años de diseño", que salió recientemente en la Argentina). Y ahora, en medio de una gran polémica intelectual, no sólo se pueden ver, sino también usar, en un McDonald s de la capital británica.
Se trata de un programa piloto que, de tener éxito, se irá reproduciendo en los distintos McDonald s de Europa. La razón es que, según las encuestas, la gente en las grandes capitales ya está tan sumergida en el mundo design que hasta en la comida rápida se debe evitar la agresión estética.
Para algunos, negar a los consumidores masivos el buen diseño bordea la misantropía. Para otros, se está degradando a Jacobsen al asociarlo a una de las marcas más demonizadas de los últimos tiempos.
En lo personal, adhiero a quienes lo ven como una experiencia culinaria extraordinaria. Y eso a pesar de haber ido con unos niños (prestados para hacer la experiencia más real) que me volcaron el sundae en la pollera e insistían en meterme una papa frita en el ojo desde sus magníficas sillas "Huevo" y "serie 7".






