
La pasión de crear el destino de un país
"MI DEAR SIR". MARY MANN´S LETTERS TO SARMIENTO Por Barry L. Velleman-(Icana)-352 páginas
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En una edición muy cuidada, el Instituto Cultural Argentino Norteamericano, Icana, acaba de editar, en inglés, las cartas de Mary Peabody Mann (1806 - 1887) a Sarmiento.
A este trabajo erudito que estuvo a cargo de Barry L. Velleman se suman un prólogo esclarecedor de Horacio C. Reggini y notas sumamente valiosas. Son unas 180 cartas que revelan la profunda amistad de dos personas comprometidas enteramente en el afianzamiento de la democracia en América y en la necesidad de una educación para todos.
En su primera visita a los Estados Unidos, en 1847, Sarmiento viajó a Boston especialmente para encontrarse con Horace Mann, entonces el educador más representativo de ese país, un hombre de ideas reformistas y liberales que tuvo una influencia decisiva en la enseñanza pública. En ese primer encuentro con Mann, su esposa Mary, que conocía el español, prefirió conversar en francés haciendo de intérprete entre su marido y el inquieto viajero argentino. Años después, ya viuda, fue quien más estimuló a Sarmiento a aprender inglés, y además se convirtió en su traductora, promotora y biógrafa.
El mismo cuidado, delicado y fiel, desborda permanentemente esta correspondencia de más de quince años entre dos seres excepcionales. Una de las cartas más sentidas es la que Mary escribe cuando se entera de la muerte de Dominguito en el combate de Curupaytí. Tiempo después tendrá ocasión de ocuparse de recomendar una escuela en Nueva Jersey para Augusto Belín Sarmiento, nieto del sanjuanino.
Mary Mann se desvivió realmente para hacer conocer en los Estados Unidos la gigantesca tarea emprendida por Sarmiento como escritor, periodista, político y educador. En todos esos campos su contribución fue significativa. En particular, tradujo Facundo , que fue publicado en inglés en 1868, cuando su autor fue electo presidente. Sarmiento, a su vez, le dedicó a su entrañable amiga su libro Conflicto y armonías de las razas en América (1883), "un Facundo más adulto", según palabras del autor.
Mary Peabody Mann formaba parte de una familia notable de Boston. Su hermana Elizabeth fue quien implantó los primeros jardines de infantes en los Estados Unidos, siguiendo las ideas del gran pedagogo alemán Friedrich Froebel (1782-1852). Mary se esmeró en transmitir a Sarmiento la necesidad de implementar este programa en la Argentina, "como sustento de la educación primaria". Sarah Eccleston (1840-1916), nacida en Pennsylvania, fue la encargada de desarrollar con éxito esta idea entre nosotros, años después.
Otra hermana de Mary, Sophia, estaba casada con el célebre escritor Nathaniel Hawthorne. Formaban parte de un círculo de intelectuales muy destacados, entre los que descollaba el gran Ralph Waldo Emerson, a quien Sarmiento envió una copia de su Facundo y después llegó a conocer personalmente. Mary Mann le presentó a muchos otros eminentes bostonianos, entre los cuales se destacaba el astrónomo Benjamin Gould, que Sarmiento convocó para fundar y dirigir el observatorio de Córdoba. También lo puso en contacto con el poeta Henry W. Longfellow y con el gran naturalista suizo, profesor de Harvard, Jean Agassiz.
Merece recordarse un dato que revela el valor de esa calificada red de amistades. La madre de Agassiz era sorda, pero había aprendido a hablar correctamente y podía leer los labios de su interlocutor. Mary interesó a Sarmiento en el tema, para que él introdujera el sistema oral en la educación de los niños sordos de la Argentina, tal como lo había recomendado Horace Mann en su momento. A tal efecto, lo puso al tanto de la magnífica obra filantrópica de John Clarke y de Gardiner Hubbard cuya hija Mabel, esposa del inventor del teléfono, Alexander Graham Bell, era sorda.
Gran parte de la correspondencia se refería a la tarea de encontrar maestros y profesores norteamericanos para colaborar en la obra educativa de Sarmiento. Es realmente notable la minuciosidad de preparación de estos complicados traslados: viajes, medicamentos, estadías, salarios, mobiliario, biblioteca, instrumentos y útiles de enseñanza. El interés de estas cartas para los argentinos de hoy estriba en la pasión de crear y de encaminar el destino de nuestra patria hacia horizontes más civilizados.
Tanto Horace Mann como Domingo F. Sarmiento tienen sus estatuas en Boston. Mary Peabody Mann, ciertamente, merecería también un monumento.



