
La venganza se escribe con rouge
El protagonismo de la mujer en la sociedad encuentra un raro contrapunto con el primerísimo lugar que la pantalla grande les da a las justicieras por mano propia
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Mattie Ross (interpretada por la debutante Hailee Steinfeld) tiene catorce años, trenzas largas, boca de fresa y un revólver Colt Dragoon con el que piensa cobrarse la muerte de su padre. En Temple de acero , la nueva película de los hermanos Coen, la venganza es poesía y tiene nombre de mujer. La ya célebre pareja de realizadores tomó el personaje de la novela del estadounidense Charles Portis y creó a la vengadora más ética de la pantalla grande. Con menos arte y más morbo, por estos mismos días Escupiré sobre tu tumba también puso en escena a una mujer dispuesta a saldar cuentas, en este caso con sus violadores. Blandiendo el lema "el que las hace las paga", las damas se ponen a la altura de otros duros que se perpetuaron en films como Los imperdonables , de y con Clint Eastwood, o El vengador anónimo , protagonizado por Charles Bronson. La sed de justicia no se limita a un sexo ni a una época, pero todo indica que la era en la que la mujer mira de igual a igual al hombre se ha convertido en la más propicia para la venganza cinematográfica en clave femenina.
A Joel y Ethan Coen los inspiró más la novela de Portis que su primera versión en la pantalla grande, protagonizada por John Wayne. La solemnidad de Mattie conmueve: es joven y emprendió una misión en la que la palabra perdón significa poco y nada. Cuando se interna en la llanura junto con dos hombres rudos del oeste (interpretados por Jeff Bridges y Matt Damon) para cumplir con su objetivo, esa niña-mujer inicia el camino del héroe. Ella encarna el temple de acero gracias a su escasa fuerza física y a la tozudez en seguir adelante a pesar del miedo. Su venganza se destaca por la integridad con la que la lleva a cabo: la niña-mujer no quiere manchar sus manos, sino que Tom Chaney sea colgado.
Por el contrario, Escupiré sobre tu tumba es un film de horror y su protagonista se permite participar de un peligroso juego de víctima-victimario. La escritora Jennifer, bella y delicada, se convierte en una máquina de la muerte. Fue golpeada, torturada y violada, y sobrevivió para dedicarles una fría y retorcida venganza a sus agresores. La mitad de la película se va en humillaciones. La otra mitad se ocupa de mostrarla como un ente empeñado en asesinar con precisión quirúrgica. En 1978, la primera versión escandalizó. El día de la mujer , como se la conoció en la Argentina, fue prohibida en varios países. Ahora, Jennifer no seduce a sus victimarios para cumplir su objetivo, prefiere organizar una cacería. Pero ¿hasta cuándo es suficiente? Esta vengadora del nuevo siglo fusiona Terminator con las celebradísimas torturas de El juego del miedo (que ya va por su sexta secuela). Y, sin proponérselo, demuestra que la historia de una revancha puede tener resultados mucho menos felices que los de los Coen con su cándida Mattie Ross.
En esta línea, vale la pena recordar que, en 1967, François Truffaut dirigió La novia vestida de negro , en la que la actriz Jeanne Moreau perseguía a los asesinos de su prometido, muerto el día de su boda. El personaje de Moreau tuvo mucho de pionero, y entre los años 70 y 80, a medida que el lugar social de la mujer se hacía más amplio, estos personajes se volvieron recurrentes. El día de la mujer sorprendió por su violencia extrema. Junto a Mrs. 45 (1981), la sueca Thriller o They Call Her One Eye (1973) y la búlgara Cuerno de cabra (1972), les abrió un espacio a las mujeres que trazan con sangre el mapa de su desquite. Las dos primeras son parte del género exploitation , en el que la violencia como leitmotiv cumple con la secuencia violación + venganza. El film sueco se centra en Madeleine, una mujer muda y tuerta que se enfrenta a su agresor a punta de pistola y artes marciales (cualquier parecido con Kill Bill no es pura coincidencia). En Mrs. 45 , Thana, otra protagonista muda, imparte justicia por mano propia contra sus violadores. Del otro lado del Atlántico, Cuerno de cabra cuenta la historia de una chica que es entrenada por su propio padre para vengarse de los hombres que violaron y mataron a su madre. Con el cuerno de cabra del título da su golpe de gracia para cerrar el círculo de sangre.
Más contemporáneas, se destacan tres vengadoras. La primera es apenas mayor que Mattie Ross y se pregunta: "¿Nací siendo una linda, vengativa y pequeña zorra, o la sociedad me hizo así?". Dirigida por David Slade ( Eclipse ), Hard Candy (2005) propone una inversión cruel y violentísima de la Caperucita Roja que todos conocemos. Hayley (Ellen Page) resulta una lolita feroz, que se balancea entre la ingenuidad y el odio, y con esas armas le da la lección de su vida a un fotógrafo abusador de menores. Por el regodeo con el que se narra el castigo, este film resulta muy próximo al nada edificante ojo por ojo de Escupiré sobre tu tumba .
Bajo los mismos términos de sadismo, Audition (1999) del japonés Takashi Miike, pone la cámara en la en apariencia (sólo en apariencia) frágil Asami, quien lleva adelante una venganza lenta y minuciosa contra el hombre que, con el único fin de buscar pareja, inventa un engañoso casting televisivo. Auténtica geisha del horror, esta vengadora nipona va mucho más allá de la Hayley de Hard Candy , con la que comparte la razón no necesariamente física de su odio al hombre de turno. En Hard Candy , el personaje interpretado por Ellen Page desata su ira porque se siente manipulado por el deseo masculino; en Audition , Asami se ve a sí misma menospreciada y engañada, y ese primer abuso psicológico es el que la lleva a atar de pies y manos a su objeto de venganza, mientras busca en el cuerpo de su víctima los puntos exactos para hacer sentir la fuerza de sus agujas.
También del lado oriental, en Sympathy for Lady Vengeance (2005), el director surcoreano Park Chan-wook creó a Lee Geum-ja, una joven de diecinueve años a quien obligan a confesarse como autora del asesinato de un niño. Una vez en libertad, Lee se sube a unos sugestivos zapatos de taco alto y pinta sus ojos para quitarle todo asomo de ingenuidad a su imagen. Cuando encuentra al verdadero autor de la muerte del pequeño, deja que los padres de la víctima hagan lo que quieran con él. Este segmento femenino forma parte de una dura trilogía sobre la venganza, completada con Mister Vengeance y Old Boy .
Inspirada en sus antecesoras, Kill Bill (2003) construye la venganza con la espectacularidad de todos los films de Quentin Tarantino. "La Novia", el personaje que interpreta Uma Thurman, toma algo de cada una de las vengadoras anteriores y se distingue porque, a diferencia de las otras, ella ya era una mujer de las bravas antes de sufrir el ataque de Bill y sus secuaces. La revancha no la transforma, la potencia. Tras cuatro años en estado de coma, despierta y emprende su camino contra los responsables de su desgracia mientras anota en papelitos los nombres de sus presas. Enfundada en un traje amarillo, arremete contra todos sin darse el lujo de la piedad. Toda una vengadora que, como la Mattie Ross de los Coen, respeta un código de conducta y cree en el valor de la palabra. "Cuando crezcas, si aún te sientes mal por esto, te estaré esperando", le dice "la Novia" a la hija de Vernita Green, que acaba de ver cómo mató a su madre. Para ella, la venganza es una mezcla de deber y derecho.
La áspera novedad que plantean las películas con vengadoras de última generación, como Escupiré sobre tu tumba , Audition y Hard Candy (y, en menor medida, la serie Millennium , basada en los best sellers de Stieg Larsson) llega bajo la forma de una pregunta de difícil respuesta: ¿hasta qué punto se justifica una venganza? A diferencia de Kill Bill o de Sympathy for Lady Vengeance , en estas películas no hay nada que humanice a las víctimas convertidas en victimarias. En aquéllas, la maternidad las redimía y las diferenciaba de sus agresores, pero en éstas esa instancia se esfuma y la potencia de la historia se rinde ante el morbo. ¿Este tipo de construcción cinematográfica será un efecto impensado de la consagración de la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer?
Decía Nietzsche que, tanto en la venganza como en el amor, la mujer es más bárbara que el hombre. Según él, habría dos modos de revancha: uno masculino y otro femenino. Del masculino se conocieron sus señas gracias a clásicos como Harry el Sucio , Cabo de miedo y Los imperdonables , entre muchísimos otros. Los nuevos códigos femeninos empiezan a vislumbrarse en esta serie de películas que buscan situarse a la altura de la época. Son escarmientos que, más allá de toda comparación sexual, hablan de un territorio anárquico, en el que la ley como institución brilla por su ausencia. Quizás allí habría que buscar el rasgo contemporáneo de estas películas, donde la venganza parece un recurso que los hombres escriben con sangre, mientras que las mujeres prefieren hacerlo con sangre...y con rouge .



