La vocación religiosa y la experiencia en Ucrania
Alos 40 años, Sviatolav Schevchuk, responsable de la Iglesia Greco-Católica Ucraniana en la Argentina, dejó Floresta, adonde había llegado en 2009 como obispo auxiliar. Es el cuarto obispo joven del mundo católico, y sus pares de esta iglesia católica de rito oriental, que reconoce la autoridad del Papa, pero mantiene sus propios ritos y organización, lo han elegido arzobispo mayor ucranio.
Viajó a Lviv para participar del Sínodo de Obispos y se quedó, tras ser consagrado máxima autoridad mundial, cargo vitalicio en el que fue confirmado, como marcan las reglas canónicas, por Benedicto XVI. Guiará el timón de una iglesia con fuerte tradición, que tiene cinco millones de fieles en todo el mundo y 160.000 en la Argentina, donde hay 15 sacerdotes para atender 54 iglesias y capillas.
Al recibir a La Nacion, durante la primera visita apostólica, que hizo para ordenar sus cosas y mudarse a Lviv, describió sus prioridades: afianzar la asistencia pastoral ordinaria a todos los fieles ucranianos; promover la atención y participación de los jóvenes, y fomentar las vocaciones sacerdotales.
La estructura de la iglesia oriental es colegiada. Schevchuk, como arzobispo mayor, gobernará junto con el Sínodo de Obispos, que se reúne al menos una vez al año para resolver distintas cuestiones, desde elegir obispos hasta crear diócesis. Se rige por un Código de Derecho Canónico diferente, destinado a las iglesias orientales, que conserva antiguas tradiciones y permite a los hombres casados acceder a las órdenes sagradas. "No es que los sacerdotes se pueden casar, sino que el matrimonio no es un impedimento para acceder al sacerdocio", explicó.
En Ucrania, el 90% del clero es casado. Ello responde a una tradición cultural, aunque los cargos episcopales están reservados a monjes o sacerdotes célibes. Fuera de Ucrania, la realidad es distinta. En la Argentina, por ejemplo, no hay ningún sacerdote casado.
De su experiencia en la iglesia de rito oriental, el superior mundial se anima a dar un consejo, en momentos en que en Roma aparecen voces en favor del fin del celibato: "Admitir a hombres casados en el sacerdocio no es una solución para los problemas que enfrenta la Iglesia, ni provoca automáticamente un aumento de las vocaciones. La vocación al sacerdocio es de origen divino. Dios es el que llama".






