
Las charlas olvidadas de Borges en Harvard
"He pasado mi vida leyendo, analizando, escribiendo... y disfrutando -dijo Jorge Luis Borges durante las conferencias que dio en la Universidad de Harvard entre 1967 y 1968-. Y finalmente me di cuenta de que lo más importante era esto último."
Cuando María Ascher, editora s enior de Harvard University Press, escuchó por primera vez las grabaciones en las cuales aparecen estas confesiones -más de seis horas donde Borges pasa de Shakespeare, Whitman y el Corán a los recuerdos de la biblioteca de su padre, cuando tenía siete años, y a las fuentes de su propia poesía- sintió que "estaba desenterrando un tesoro escondido".
Y no era para menos: durante más de treinta años, las conferencias que el autor de "Ficciones" dio en la gran universidad norteamericana juntaron polvo en los archivos de la institución.
Se convirtieron así, ellas mismas, en una paradoja de las que hubieran fascinado a Borges: palabras que nunca llegaron a ser un libro.
"Estaban en un limbo: no del todo olvidadas, sino convertidas en parte del folklore, de las leyendas de la universidad", confesó Ascher en diálogo telefónico con La Nación .
El esfuerzo conjunto de Ascher y de otros jerarcas de la principal compañía editora de textos académicos de los Estados Unidos logró que hoy la excepcional serie pueda conseguirse en CD o transcripta en el libro "This craft of verse" ("Este arte de la poesía"), de inminente traducción al español.
"Fue bastante duro; no tuvimos problemas con María Kodama, pero como habían pasado tantas décadas teníamos mucho para renegociar. Y había que ver de qué manera unas conferencias dadas puramente de memoria -Borges ya estaba prácticamente ciego entonces- podían funcionar en forma de libro", explicó.
Además, algunos dudan de que Borges mismo las haya querido ver publicadas: al terminar las conferencias, el escritor prometió a los editores que les iba a enviar una versión revisada y ampliada al llegar a Buenos Aires.
"Es una práctica bastante común entre los conferencistas, pero durante años le mandamos unas cartas muy educadas, donde le preguntábamos señor Borges, ¿dónde está el manuscrito que nos iba a mandar? y nunca hubo una respuesta", recordó Ascher.
Para Alistair Reid, amigo y traductor del escritor argentino, no hay dudas: "Las de Harvard eran sólo charlas para él, y Borges marcaba una distinción entre el mundo oral y el escrito. Cuando uno habla está presente, entonces no necesita de todos los trucos de la ficción", señaló al diario británico Financial Times, que, sin embargo, junto con The New York Times dedicaron grandes notas celebrando la aparición de la obra.
El tiempo que pasó
"Esa versión me sorprendió. Yo creo que eso es un error, que Borges simplemente llegó a Buenos Aires y se encontró con que tenía muchísimas otras cosas para hacer, entonces lo fue dejando para más adelante y el tiempo simplemente pasó. Además, no le gustaba volver a cosas que ya había hecho, y con la ceguera todo el proceso era más complicado", se defendió Ascher.
Y aseguró estar impresionada por la cantidad de reseñas altamente positivas que trajeron el libro y los flamantes CD, especialmente.
"Para un norteamericano es muy emocionante escuchar a Borges hablando en inglés. Pero el trabajo de pasarlo a papel fue muy complicado por la cantidad de citas en otros idiomas que usa y las constantes referencias a libros y escritores que hacía de memoria", explicó.
Por eso encomendaron la misión a Calin-Andre Mihailescu, gran especialista rumano en Borges y profesor de Literatura Comparada en la Universidad de Western Ontario, en Canadá (y que domina el inglés, el francés, el rumano, el español, el alemán, el latín, el italiano y el portugués).
"El inglés de Borges era estupendo, aunque, claro, se le nota el acento porteño -comentó Mihailescu a La Nación -. Y con su memoria prodigiosa, las citas, algunas de las cuales fueron muy difíciles de hallar, tienen errores, pero son bastante pocos."
La Argentina es un elemento recurrente en las charlas: "El se sentía un hombre invisible en su país, que es un juego de palabras irónico y cruel sobre su ceguera, pero también respecto de la poca importancia que la Argentina le daba a su persona".
Sin embargo, asegura que el tono general es intimista, alegre y positivo. "Borges era muy crítico de la cultura popular del McDonald´s y la falta de interés intelectual de la población en Estados Unidos. Pero en Harvard el tono que usa es muy amistoso y, por reflejo, también son amistosos sus recuerdos de la Argentina. Ni siquiera lo ataca a Perón", dijo riendo.
"Hay alusiones al "Martín Fierro", a Lugones, una sola a Arlt, muchas a Bioy Casares. Habla de su padre y del destino errante de su familia en los viajes por Europa y, luego, de sus pasiones de juventud. Son tan fuertes sus recuerdos que las experiencias forman parte del presente en estas conferencias", continuó.
Poesía misteriosa
En la primera de las charlas -"El misterio de la poesía"- Borges asegura que "la primera lectura de un poema es la verdadera; después nos engañamos creyendo que la sensación, la impresión, puede repetirse".
En la segunda, más divertida y juguetona -llamada "La metáfora"-, Borges se pregunta por qué la gente usa las mismas metáforas una y otra vez cuando "cada palabra es una metáfora muerta -esto siendo, por supuesto, una metáfora-".
Luego pasa a discutir la épica en "La contada del cuento", donde citando a Homero, "Las mil y una noches" y los Evangelios nos recuerda el tiempo cuando el cuento y el verso eran uno. Pero -asegura- el sentido épico que impulsó "La odisea" ha desaparecido de la literatura y, tristemente, fue tomado por Hollywood.
La cuarta y la quinta charla son las más académicas, y allí aborda con rigor el problema de la traducción.
Pero es en su charla final, "El credo del poeta", donde se vuelve más cercano, abriéndose a los alumnos de manera conmovedora. Por eso, si bien Borges comienza las conferencias definiendo al libro como "un objeto físico en un mundo físico", es que hoy tantos aseguran que la compilación de estas charlas es tanto más.





