Las huellas de la cárcel, en imágenes
Víctor Hugo Bugge se internó en un ya vacío penal de Caseros para retratar el "legado" de los presos
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Las paredes de la cárcel de Caseros están prácticamente derrumbadas. Pero las huellas del hacinamiento, del encierro y de la oscuridad quedaron inmortalizadas en imágenes, historias que los presos supieron contar y que alguien supo captar.
Entre agosto y septiembre de 2001, pocos días después de que los últimos presos fueran transferidos de Caseros, Víctor Hugo Bugge, fotógrafo presidencial desde 1978, quiso volver a este lugar, en el que había estado 30 años antes, y retratar cómo había quedado.
"Fui a fotografiar el edificio vacío y me encontré con miles de tipos. El último parecía estar atravesando la salida. Me terminé quedando 15 días", dice Bugge a LA NACION, conmovido por los recuerdos de esa experiencia, en alusión a los testimonios que encontró en aquellas paredes.
Las más de 6000 imágenes que logró eternizar le sirvieron para reconstruir la historia de la cárcel, dos edificios de hormigón en los que llegaron a convivir 2000 presos y que están siendo demolidos a mano. "La bronca es que hayan tirado abajo la cárcel de Caseros, en la que se conjugaba todo: el horror y el arte, un arte que se contradice con el hacinamiento. Y martillaron todo eso", añade.
La cola de una ballena que se sumerge en un mar azul intenso -pintada en un baño destruido-, una montaña de archivos abandonados en un cuarto desmoronado, los "ojos de la cárcel", por donde los presos se comunicaban por señas con sus familiares, y frases que parecen gritar desde las paredes son los vestigios perdidos de los que pasaron por Caseros y que se exhiben en la muestra.
"Lo más increíble es que estaba el que no sabía dibujar, el artista y el que aprendió ahí. Y pintaban con lo que tenían, porque elementos no tenían", cuenta Bugge, para quien cada imagen encierra un recuerdo y una historia: cómo los guardias nunca pudieron aprender las señas con las que los reclusos se comunicaban con sus familias, pese a haber hecho un curso; cómo algunos rosarios continuaban en el mismo lugar cuatro años después, en 2005, luego de que pasaran máquinas de construcción; cómo la conocida "banda de los pitufos" se metía entre las cañerías y robaba todo lo que encontraba; cómo se acondicionaban cuartos gigantes con frazadas colgadas que servían de separadores y música a todo volumen para las visitas íntimas.
"Cuando pasó lo del 11 de Septiembre [en Estados Unidos] yo estaba en Caseros y me enteré cuatro horas más tarde. Imaginate lo que es estar preso", observa Bugge.
La presentación de las fotografías, ploteadas en láminas y divididas por líneas negras, simula los barrotes que alguna vez encerraron a esas imágenes, agrupadas por tema: animales, justicia, religión, políticos, drogas, violencia, familia, dibujos, encierro, celdas, erotismo.
Organizada por el Ministerio de Justicia, la exposición de Bugge se puede ver hasta el 31 del actual en el espacio Multiarte de la Sindicatura General de la Nación (Corrientes 381), y se presenta con las obras realizadas por algunas presas de la cárcel de Ezeiza, que desde 2000 participan del taller La Estampa.
El primer día de Caseros, Bugge se encontró con la frase: "Hijos míos, algún día... papi volverá". Después vinieron otras, que también fueron retratadas: "Tengo un balcón en el sótano" y "La vida es un largo camino asia [sic] la muerte".
-¿Qué sintió estando adentro?
-Se me contracturó todo el cuerpo. Por momentos debía parar y decidir si quería seguir. Allí donde hace 30 años hubo un preso, la última vez había rastros de cinco. El encierro era terrible. Vi los tatuajes de la tumba, y necesité de siete meses para recuperarme. Estuve preso.
-¿Se parece en algo a su trabajo como fotógrafo presidencial?
-Este oficio estresa en general, pero Caseros es de lo más estresante que hice en estos 30 años.
-En ese tiempo, con los presidentes, habrá recopilado secretos.
-La cámara me protege [risas]. Pero en este trabajo tenés que estar pensando, escuchando y fotografiando al mismo tiempo. Nunca es lo mismo; las personalidades son distintas.
-¿Por ejemplo?
-Con Videla era entrar, sacar la foto y salir. Pero yo me acuerdo de cómo estaban vestidos: Alfonsín, con el traje azul y el pantalón gris; Menem, se puso un traje amarillo para recibir a los Rolling Stones, y De la Rúa, con traje azul y más tranquilo.
-¿Usa Photoshop?
-Lo tengo prohibido. Estoy obligado a mostrarlos como son, a captar una imagen que los defina.
-¿Alguno más fotogénico?
-A Menem le gustaba. Kirchner es muy despreocupado. Si viene Cristina, será un gran desafío.
En hora
- Un atractivo más en la visita por el edificio de la Sigen: el reloj histórico, que no funcionaba desde hace unos 20 años, finalmente da la hora. Manteniendo los engranajes originales, y con el agregado de un dispositivo electrónico para ponerlo en hora, se recicló el cuadrante y se lo fijó con estrictas normas de seguridad. Colocado en 1945, cuando se inauguró el edificio, se puede ver desde la Plaza de Mayo, por la calle Reconquista.




