
Las películas del señor Marshall
Del jueves 21 al lunes 25 de este mes, el Instituto Goethe exhibirá el ciclo Selling Democracy en la Sala Lugones del Teatro San Martín. Se trata de una serie de películas filmadas para promover el Programa de Recuperación Europea, conocido como el Plan Marshall
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Tres años después de haber vencido a los nazis, los norteamericanos seguían preguntándose cómo convencer a los europeos de que serían sus campeones tanto en la paz como en la guerra. Sobre todo, se preguntaban cómo hacer para que los alemanes del Oeste aceptaran la ocupación militar, y que no sólo la aceptaran sino que la agradecieran y comprendieran que ellos eran los únicos que podían llevarlos de la muerte a la vida. Bueno: no eran los únicos, en verdad. Había otros, detrás de la Cortina de Hierro, y eso le daba urgencia a su misión, los obligaba a ser más convincentes que los comunistas y a convencer primero.
Sin embargo, los primeros intentos fueron torpes. En 1948,el cortometraje Hambre tuvo que ser retirado de cartel porque sólo conseguía provocar irritación y furia. Había sido realizado en Berlín por la Oficina del Gobierno Militar de los Estados Unidos (Omgus, por sus iniciales en inglés) y seguía la línea dura del plan Morgenthau, abortado a tiempo y reemplazado por el Plan Marshall. La idea del secretario del Tesoro Henry Morgenthau había sido que Alemania solventara la recuperación del resto de Europa. En Hambre se echa la culpa de la escasez mundial a los alemanes y se dice que para superar la situación "los campesinos alemanes deben producir al máximo y entregar todo lo que producen".
Hambre , que no tiene mención de realizador ni ningún otro crédito, será una de las películas que el Instituto Goethe de Buenos Aires presentará el próximo fin de semana, del jueves 21 al lunes 25, en la Sala Lugones, del Teatro San Martín, dentro del ciclo Selling Democracy ( Vendiendo democracia ). En el panorama que brinda esa muestra, Hambre es el antecedente desgraciado de una lección que se aprendió muy rápido. Las consecuencias son las películas del plan Marshall, muy diferentes de aquel comienzo rudimentario.
El plan que lleva el apellido del secretario de Estado norteamericano George C. Marshall duró cuatro años, de 1948 a 1951, y se llamó oficialmente de otro modo: ERP, es decir, European Recovery Program, o Programa de Recuperación Europea. Según el economista argentino Axel Kicillof, un profesor universitario que estudió a fondo ese proceso, hay que agregarle un cero a los trece mil millones de dólares que, se presume, aportaron los Estados Unidos, para tener una idea actualizada de la dimensión de la ayuda: unos ciento treinta mil millones de dólares de hoy en día. Esa suma no llegó en efectivo, sino en alimentos, insumos agrícolas e industriales y otros productos (de los que había, por entonces, excedentes en la primera potencia mundial) a los 16 países de Europa adheridos al plan. Rusia y sus satélites no se adhirieron. España quedó formalmente excluida, sancionada por seguir bajo el control del filonazi Francisco Franco después de la guerra, pero recibió ayuda por fuera del plan, como lo atestigua el clásico film de Luis García Berlanga Bienvenido, Mr. Marshall.
Explica Kicillof el funcionamiento del plan: por cada dólar recibido como crédito blando y en especies, cada país beneficiado se comprometía a destinar una cifra equivalente en moneda local para dar impulso a sus diversas producciones. Los fondos eran regenteados por ECA, Economic Cooperation Administration, una agencia creada por el gobierno norteamericano que integraban también representantes de las naciones europeas. Entre sus múltiples dependencias había una sección especial de medios, y dentro de ella estaba el Film Unit, la unidad fílmica, con sede en París. De allí salía el dinero para la producción de las nuevas películas, que entre cortos y mediometrajes llegaron al considerable número de 250 y que se creía perdidas hasta hace apenas cinco años.
Con el fantasma todavía aterrador de Goebbels y la mala experiencia de Hambre , las nuevas consignas fueron la libertad creativa y, en la medida de lo posible, la sutileza. Una ley de ECA, no escrita pero escrupulosamente respetada, prohibía decir más de una vez el nombre del Plan Marshall en las películas de un rollo (alrededor de diez minutos) y de dos veces en las más largas. La variedad de estilos, desde el documental con texto y el de imágenes sin comentarios hasta las producciones argumentales con actores y los dibujos animados, despertó, ya sin reticencias, el interés del público.
Rainer Rother, director del Museo del Cine y la Televisión de Berlín, en declaraciones a LA NACION, admitió los aspectos publicitarios y artísticos de aquel éxito, pero lo asoció también con el suceso gradual del programa de recuperación económica.
"En 1950, se informó al Parlamento de los Estados Unidos que, en Europa, los informes televisivos semanales sobre el Plan Marshall contaban con cerca de treinta millones de espectadores y los films documentales con diez millones. Esto indica que las películas en favor del Plan Marshall llegaban al público en forma masiva. El éxito de la propaganda a través del cine, sin embargo, dependía, sobre todo, del progreso real en las diversas sociedades. El mensaje de que las sociedades europeas podían alcanzar el mismo grado de bienestar y libertad que la norteamericana era cada vez más creíble. El cambio en la recepción se desprende de los propios films: en una primera etapa, muestran, a menudo, a ciudadanos escépticos, que se van convenciendo en la medida en que la mejoría se vuelve evidente. Después, la figura del escéptico se fue haciendo poco usual, porque el éxito hablaba por sí mismo", dijo Rother.
La búsqueda y la recuperación de las películas es una historia aparte, tal vez ella misma digna del cine, por sus condimentos románticos. Una de las personas que con más pasión asumió la tarea fue Sandra Schulberg, la presidenta del multimedios Phobos Entertainment. Esta compañía se dedica a los libros y comics de ciencia ficción, entre ellos los de Orson Scott Card y Ursula K. LeGuin, grandes vendedores del género. Antes de Phobos, Sandra había producido cine en Hollywood, para Miramax. Pero en un momento dado, a comienzos de 2003, llevó al grado de obsesión la memoria de que había sido concebida en París en 1948, de que su padre, Stuart Schulberg, había sido el jefe de la unidad fílmica de la ECA y de que la obra a la que él había dado cauce había sido olvidada y estaba perdida. Se dedicó desde entonces en cuerpo y alma a restaurar ese pasado y viene presentando desde 2004 ciclos de Selling Democracy en diversas ciudades del mundo.
La selección que se verá en Buenos Aires tiene varios momentos interesantes. En los dibujos expresionistas de Sin temor , del inglés Peter Sachs, las sombras que envuelven a los ejércitos del bloque soviético se aclaran más tarde para mostrar el aire puro que sopla en la Europa occidental. La Guerra Fría vuelve en clave de humor en El feriado de Pentecostés : un locutor del campo occidental que habla de lo mucho que se divierten en sus días libres los europeos del mundo libre es interrumpido por otro locutor, un comunista de la Alemania Democrática. "¿A eso llaman ustedes vacaciones? ¡Aquí las pasamos mucho mejor!", desafía, mientras se muestra un enorme desfile del PC. "¿Cuándo podrán tener ustedes una gran marcha como ésta?", pregunta. El otro le contesta: "Cuando todos estén de acuerdo y voten una ley para convocarla". "¡Pero eso es ridículo! -objeta el comunista- ¡Así nunca lo conseguirán!" Y nuestro héroe remata: "¿Está usted seguro? ¡Bueno, qué alivio!"
La delicada situación de Berlín, cuyo sector occidental era un enclave en territorio oriental, a 170 kilómetros de la República Federal de Alemania, se ve con nitidez en La ciudad que sale de la oscuridad , de Mark Diekhout. El texto dice que Berlín estaba a oscuras porque el Ejército Rojo se había llevado todos los equipos eléctricos a Moscú, que impedía el aprovisionamiento por tierra y que el bloqueo tuvo que ser vencido por vía aérea. "Hoy Berlín ya no les teme a los cortes de tensión soviéticos."
La gran declaración de principios del conjunto es Momento de decisión , de Stuart Legg y Lewis Linzee, que incluye discursos de Marshall y de Winston Churchill y defiende la idea de un continente sin barreras comerciales entre los países del bloque. Esta era una idea rectora de los norteamericanos, y si bien fue el mayor fracaso del plan, porque los europeos la consideraron, en términos generales, una locura y mantuvieron sus aduanas bien cerradas, tuvo su recompensa décadas después, con el euro y la constitución de la Unión Europea.
También a hacerle propaganda al libre comercio y a mostrar la insensatez de la protección comercial a toda costa se dedican los deliciosos personajes animados de El zapatero y el sombrerero. Sus creadores -John Halas, Joy Batchelor y Philip Stapp- volverían poco después a los dibujos para adultos con un proyecto aún más ambicioso: la transcripción cinematográfica de Rebelión en la granja , de George Orwell.
Tal vez el film más curioso de la selección sea Hansi y los 200.000 pollitos , donde los norteamericanos enseñan a un joven alemán a darles buen destino a sus donaciones en material viviente. Pero desde una óptica estrictamente cinematográfica el punto más alto de la serie es la película holandesa Houen Zo! , de Herman van der Horst, que muestra sin palabras y con una edición magistral de imágenes bellísimas la reconstrucción de Rotterdam.
El ciclo se completa con producciones del grupo Zeit im Film para la reeducación de los alemanes. Después de las dos guerras, se intentaba que no fueran soldados tan disciplinados y que no siguieran las órdenes de ningún líder. En El invisible alambre de púas , sobre la convivencia con los estadounidenses instalados en la patria de Goethe, se cuenta un chiste muy gracioso al respecto: un hombre ve que un niño con una valijita en la mano y lágrimas en los ojos da vueltas y más vueltas a la manzana y se acerca a preguntarle qué le pasa. El chico le contesta: "Me escapé de mi casa y me voy a vivir con mi tío, en Manhattan, pero mi papá me prohibió que cruzara la calle..."
Hay todavía algo más en Selling Democracy : cuatro películas del bloque comunista, una de ellas abiertamente en contra de los norteamericanos y del plan Marshall. Se trata de Alemania en peligro , donde los malos son los otros. Como consecuencia del "putrefacto capitalismo", no es Berlín, sino Nueva York la que está amenazada por el hambre. El presidente Truman, un protegido de la mafia, quiere convertir a Alemania en un cementerio gigante, con sus soldados sedientos de sangre. Son enemigos dispuestos a todo. ¡Hasta quieren proscribir el PC! Ante ellos se yergue Rusia, símbolo de la paz y del progreso sin obstáculos.
Así era el clima de los años 50. Era cuestión de matar o morir... antes que nada, en la pantalla. Había comenzado la Guerra Fría, y el campo de batalla, una vez más, era Alemania.
Prohibido para norteamericanos
Muy pocos vieron alguna vez las películas del Plan Marshall en los Estados Unidos: estuvieron prohibidas por la Ley de Información e Intercambio Educacional, sancionada el 27 de enero de 1948 y conocida como Acta Smith-Mundt, en memoria de sus impulsores, el diputado Karl E. Mundt y el senador Alexander Smith.
Detrás del argumento de que los ciudadanos norteamericanos no tenían por qué ser sometidos a propaganda diseñada para ser exhibida en el resto del mundo, se escondía una discusión que todavía conserva, en parte, su vigencia: ¿justifica un fenómeno como la Guerra Fría que un gobierno impida que los habitantes de su propio país conozcan los mensajes que ese mismo gobierno siembra en países extranjeros?
Los cortos y mediometrajes del Plan Marshall fueron sólo una parte –pequeña, si se quiere– de la prescripción, pero entraron en ella. La principal destinataria era la VOA, Voice of America, la emisora radial y televisiva para el exterior creada en plena guerra, el 24 de febrero de 1942, que transmitía desde la nave Courier, de la Armada norteamericana.
El transcurso del tiempo hizo que se perdiera el sentido de la prohibición, al menos en lo tocante a estas películas. A comienzos de la década del 90, el senador John Kerry, quien sería más tarde candidato demócrata a la presidencia, batalló para que se dejara sin efecto el impedimento. Sin embargo, el acta sigue rigiendo y tiene aún consecuencias prácticas, si se toma en cuenta que los Estados Unidos siguen interviniendo militarmente en la actualidad más allá de sus fronteras.
Pero en el mundo libre la tecnología puede más que cualquier censura contra la prensa. ¿Cómo se publicita la presencia norteamericana en Irak? Cualquiera con acceso a Internet puede saberlo, si busca en la red con la debida paciencia y más allá de que los señores Smith y Mundt y otros con pensamientos similares insistan en mantener el silencio de radio.

