“Las recluidas”: emblemáticas mujeres de la historia y algunos fantasmas habitados por una pasión secreta
Vivian Lofiego, poeta y traductora, publica su primera colección de cuentos preotagonizados por amas y criadas, madres e hijas, abuelas y nietas, amigas y rivales que pueblan universos frágiles
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Con una original entonación melódica (no en vano varias historias transcurren en el ámbito de la música clásica) y vuelo poético, Las recluidas (Paradiso, $24.000) primer libro de cuentos de Vivian Lofiego (Buenos Aires, 1964), con prólogo de la escritora Elsa Osorio, tiene un parentesco con colecciones argentinas como Misteriosa Buenos Aires, Las invitadas, Bestiario o Las nenas. Del gótico porteño se deriva al registro fantástico, o recorre el reino ambiguo e incompleto, ¿real o imaginario?, de la infancia.
En la escritura de Lofiego conviven el clasicismo al que puede aspirar el español contemporáneo con un barroquismo de acento francés (la lengua de las clases ilustradas criollas, tiempo atrás, y mientras vivió en París, también la de la autora), la austeridad con la sensualidad, y el humor con la grima del duelo. “Son las nueve y cinco, nadie en los pasillos, en las escaleras, nadie, nadie. La caída es lenta, son instantes y travesías de fragmentos vividos que se sienten una eternidad. Un tris de eternidad”, se lee en el cuento de fantasmas “La virreina vieja”, narrado en primera persona. Amas y criadas, madres e hijas, abuelas y nietas, amigas y rivales pueblan universos frágiles.

La idea de Las recluidas -que agrupa un conjunto “mixto” de protagonistas femeninas ficticias y otras basadas en personajes históricos como Felicitas Guerrero y Camila O’Gorman- nació “en un ascensor del emblemático edificio Otto Wulff, en donde estaba Casa de Letras”, dice Lofiego a LA NACION.
“Daba clases de escritura creativa, y una noche al terminar un taller una de las asistentes me preguntó si alguna vez había visto a la Virreina… -cuenta-. Inquieta y a la vez atraída por la pregunta comencé a buscarla: la virreina Rafaela, esposa del virrey del Pino, había habitado este lugar construido en 1782 -evoca-. Lo que hoy es el sótano del Woolf fue entonces el cruento escenario de las Invasiones Inglesas. La sangre corrió a raudales. Y allí empezaron estos cuentos que están, a su modo, interrelacionados. Hablar de la virreina Rafaela trajo a Madame Périchon, la abuela de Camila O’Gorman, amante de Liniers. Me dio acceso a una galería de personajes históricos que se relacionan directa o indirectamente también con la historia de Francia”.
De los diez cuentos, algunos de los personajes reales son Rafaela de Vera Mujica y López Pintado (la Virreina), Anne Marie Périchon (la Perichona), Rufina Cambaceres, Luisa Bacichi (que fue pareja del escritor Eugenio Cambaceres y amante de Hipólito Irigoyen); Felicitas Guerrero, Enrique Ocampo y Martín de Álzaga; Camila O‘Gorman, su amiga Manuela Rosas, Juan Manuel de Rosas y Ladislao Gutiérrez. “Diría que se fueron eligiendo solas -observa sobre las protagonistas-. Salvo Camila O’Gorman, cuyos relatos contados por mi abuela en mi infancia, para que yo comiera, me acompañaron siempre, las otras fueron apareciendo en el contexto de una Buenos Aires que es nuestra historia, y qué historias”.
“No me podía faltar un fantasma en el Teatro Colón, y apareció mi tía abuela que en la vida real era pianista -dice sobre el relato que da título al volumen, que protagoniza una niña-. Los rumores del fantasma del Colón mencionan a hombres, algún trabajador que murió montando un escenario, algún artista frustrado que no llegó a ser primera figura, y yo puse en ese lugar a una mujer”.
“Mi familia materna y paterna son fuentes inagotables -bromea-. Familias que en mi infancia entraron en guerra después de la separación de mis padres. Desde chica me escapaba de la casa de mi abuela materna para ir a visitar a mi abuela paterna que vivía en la misma cuadra en el barrio de Palermo. Amores, odios, exilios, tradiciones, oposiciones políticas, y mi crianza junto a mis abuelos maternos, se convirtieron en un recurso literario porque los llevo profundamente en mí”.
Poeta y traductora, como cuentista eligió a mujeres de distintos momentos históricos, de la colonia al presente. “Quería poner en primer plano a la mujer -afirma-. Es una ‘tendencia’, pero no puedo dejar de recordar como el poder se ha definido históricamente en términos sexistas, y aquí cito a Susan Sontag, identificándolo con un normativo e innato gusto viril por la agresividad y coerción física. Mis recluidas son mujeres habitadas por alguna pasión secreta, pequeñas, jóvenes, maduras y ancianas, todas están acompañadas por exergos escritos por escritoras que admiro. Una polifonía que además muestra a la mujer del pasado, a alguna del presente, y a una que me aventuro a crear en el futuro”.
Hay una vuelta de tuerca sobre las formas literarias y la historia argentina. “El género fantástico, los fantasmas y el gótico siempre me fascinaron -dice-. Fueron parte de las primeras lecturas de infancia y adolescencia, al cual se pueden agregar las historias familiares. Por el lado de mi abuela materna está la filiación con Rosas, y la merienda muchas veces venía acompañada de los relatos de las cabezas cortadas y de chismes de una época que era una suerte de prehistoria. Podría decir que este libro es mi primera incursión profunda en este fascinante género. Tengo en un mismo lugar a Mary Shelley y a Edgar Allan Poe”.
En 1990, Lofiego se radicó en París, donde vivió veintitrés años; integra la asociación de mujeres franco-argentinas, Marianne, que toma su nombre de la figura alegórica republicana de Francia. “Allá estudié en la Sorbona, trabajé como profesora, como actriz, dirigí los últimos tres años del Premio Juan Rulfo de Cuento para Radio Francia Internacional, publiqué libros de poesía, libros de artista, una obra de teatro, dos libros de literatura juvenil, una novela, traduje, expuse collages -recuerda-. Llegué en 1990 y sentí que estaba en casa cuando supe que vivía a tres cuadras de la famosa Galería Vivienne, célebre para mí por el cuento de Cortázar, ‘El otro cielo’. La mayoría de mis libros los escribí en español y fueron traducidos por grandes traductores, como Bernard Nöel y Claude Bleton, a los cuales les debo mucho y por ellos me hice traductora. Escribí algunos libros en francés porque me lo exigían y me apliqué en la tarea. Después de todo un escritor, una escritora, escribe siempre en una lengua extranjera según mi amado Proust”. Las recluidas se publicará en Francia.
“La poesía me brinda libertad dentro de la narrativa -admite-. No hay nada nuevo bajo el sol ya que los primeros poemas de la humanidad han sido predominantemente narrativos. Y sí, la forma de la poesía le aporta para mí algo fundamental que es el ritmo, más allá de una exploración profunda que abarca no solo al lenguaje sino que también a lo estilístico”.
Consultada sobre la filiación de su prosa con la de Manuel Mujica Lainez, define a “Manucho” como un genio. “Leí Misteriosa Buenos Aires, obra maestra de la literatura argentina, a los doce años y me quedó para siempre -revela-. La maestría de Manucho para hablar del amor, la muerte, la traición, los celos, el hambre, la decadencia me resultan magistrales. Para mí ahí empezó todo. De influencias de nuestra literatura te agrego a Esteban Echeverría, Silvina Ocampo, Beatriz Guido, Borges, Cortázar, Quiroga, Puig, Wilde, Enrique Molina, insuperable en Una sombra donde sueña Camila O´Gorman. Y muchas y muchos más”.
Actualmente, Lofiego escribe una novela donde trata el tema de la lengua y la extranjería, “a través del vínculo con mi madre que padeció la terrible enfermedad de Alzheimer”, anticipa, y en un ensayo sobre el viaje de Charlotte y de Emily Brontë a Bélgica y su escritura en francés. Traduce, además, un nuevo libro de la autora franco-canadiense Nancy Huston para Mardulce, y en este otoño saldrá el libro Gabinete de curiosidades, en la colección de poesía El Aura de Libros del Zorzal.
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