
Las vueltas de la vida
Qué gracioso. Durante muchos años sus libros tenían la estética de los pulp fiction . Tapas amarillentas y escabrosas para gente que leía los libros en los trenes y luego los arrojaba a la basura. Novelitas que habitaban las colecciones de la novela policial y que podían encontrarse en los mismos anaqueles que ocupaban Agatha Christie, Ellery Queen y James Hadley Chase. También bendecido por el mercado y glorificado por el cine y la televisión (cómo no recordar el Maigret de Jean Gabin), Georges Simenon escribía en serie sin importarle un rábano el prestigio biempensante o académico. Fue así como escribió más de doscientas novelas. Cada aventura del inspector Maigret le llevaba una semana: empezaba un lunes y escribía un capítulo por día hasta que la terminaba. Las otras novelas le llevaban mucho más: exactamente un mes de trabajo. En los momentos libres, Georges se dedicaba al sexo. Cuenta la leyenda que les hizo el amor a treinta mil mujeres.
Grandes escritores de novelas policiales realistas, como sus camaradas de armas Dashiell Hammett o Raymond Chandler, sufrieron durante décadas el desdén de la crítica "culta". Luego, de repente cambiaron los vientos: lo que era retaguardia se convirtió en vanguardia, la editorial francesa Gallimard comenzó a rescatarlos uno por uno y la novela negra dejó de ser un género menor. El prestigio no buscado de Simenon le fue adjudicado a la fuerza por brillantes intelectuales que ya reconocían su genio: André Gide, André Thérive y Robert Brasillach.
Simenon murió en 1989 siendo una celebridad literaria bastante curiosa: vendía y era bueno. Muy bueno. Sin embargo, murió sin enterarse de que finalmente entraría en el gran canon de la novela de todos los tiempos. Primero, el influyente crítico y ensayista George Steiner dijo que posiblemente se trataba del escritor más extraordinario del siglo XX. Y ahora otro exigente lector, el escritor estadounidense Paul Theroux, apoya esa tesitura y la argumenta en un artículo de fondo que se reproduce en esta edición de adn CULTURA.
Más allá de las polémicas que el asunto puede despertar, y lo lúdico e injusto que resulta todo ranking , es sumamente interesante ver cómo un escritor popular de antaño puede convertirse, al tiempo, en un escritor adorado por las elites. ¿A cuántos escritores populares de hoy veremos con otros ojos mañana?
Simenon, indepedientemente de cualquier controversia, es un narrador ejemplar. Y lo es por el fondo y por las formas. Lo es porque antes de escribir se dedicó a vivir, fue periodista, recorrió los bajos fondos y los salones elegantes, confraternizó con ladrones, policías, alcohólicos, prostitutas, y miró al llamado "hombre común" con la idea de comprenderlo: en sus libros no hay grandes culpables ni tampoco perfectos inocentes. Simenon trabaja los grises de la vida y sus personajes están llenos de matices y sabores. Y es ejemplar también por las formas. Pensaba en dos personajes y en una situación simple, se sentaba sin plan previo y se dejaba llevar hasta el final, logrando esa vibración que da la verdad, esa incertidumbre que subyace bajo lo aparentemente controlado de sus tramas. El método de escritura Simenon se puede ver hoy en el método Aira. Mientras tanto, aquellas tapas que chorreaban lujuria y sangre trocaron en estas elegantes portadas negras de Tusquets. Pasaron, entre unas y otras, cincuenta años. Y se cayeron al fin los prejuicios.



