Laura Restrepo cuenta sus años en la clandestinidad

En su nueva novela, la colombiana recuerda sus años de militancia en la Argentina
En su nueva novela, la colombiana recuerda sus años de militancia en la Argentina
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1 de junio de 2009  

Comprometida con su tiempo, preocupada por la suerte del otro y dispuesta a entender y debatir la realidad de América latina, la escritora Laura Restrepo es una mujer coherente y con mucho sentido común. Que es mucho más de lo que puede decirse de la clase dirigente de la que opina, durante la entrevista con La Nación, buscando siempre los grises entre los extremos blanco o negro por los que transita buena parte de la política regional.

La multipremiada autora de Delirio presentó en Buenos Aires su novela más personal y, por ello, la más audaz. Demasiados héroes (Alfaguara) se titula ese último trabajo literario que es su vida y no lo es.

Porque, como Lorenza, la coprotagonista, que confronta su pasado a través de las preguntas sin tregua de su hijo Mateo, Laura Restrepo también fue militante de izquierda en la clandestinidad durante los años de plomo de la última dictadura militar, rechazó la lucha armada para llevar adelante sus ideales, se enamoró de otro activista clandestino, tuvo un hijo argentino y volvió a Colombia, donde crió sola a su hijo Pedro, de quien dice con un tono orgulloso que "es un muchacho encantador".

Acaba de regresar de Africa. Se acercó al dolor en su máxima expresión y, conmovida, escribe un largo reportaje para El País Semanal, la revista del periódico madrileño.

Es inevitable resulta formularle preguntas políticas. Y ella responde sin pelos en la lengua. Dice sobre el presidente de su país: "Uribe se tiene que hacer reelegir para no terminar como Fujimori en un tribunal internacional, donde habría que preguntarle por las fosas comunes, los falsos positivos, los desplazados, las víctimas…el día de la presentación del libro dije que si la dictadura militar argentina pasó a la historia universal de la infamia por 30.000 muertos, en los dos períodos de Uribe, esa cifra se puede triplicar. En cualquier parte del mundo un presidente hubiera sido derrocado por ese oprobio sin nombre de los falsos positivos, muchachos a los que se les puso un uniforme de la guerrilla y se los asesinó".

Y continúa: "Los colombianos somos un pueblo que se devora a sí mismo, la rueda de la historia nos muele internamente. Tal vez el pueblo colombiano, saturado de muerte de violencia y acorralado por las FARC --que es una guerrilla detestable que ha maltratado a la población civil-, sueña con la paz a cualquier precio".

La escritora dice que "Demasiados héroes es un intento por ponerle palabras a lo que no tiene explicación: el abandono. Mateo crece sin el padre y estruja a su madre a preguntas para reconstruir los recuerdos que no tiene, para hacerlo a través de los de Lorenza. Y no la cuestiona por lo que hizo, sino por lo que dejó de hacer".

El largo camino a casa

Dice la autora que comenzó este libro hace cinco años, cuando se acallaron los ecos por el enorme éxito de Delirio, ponderada en todas las lenguas a las que fue traducida. Y le costó encontrar el tono. La reescribió cinco veces. "Incluso volvi a leer a Manuel Puig, que construyó esa novela maravillosa que es El beso de la mujer araña en base a los diálogos. Puig logró un milagro. Tiene una absoluta vigencia hoy en dìa".

Al final, la escritora alumbró un trabajo literario atrapante, con una escenografía muy teatral, hecho a fuerza de diálogos y contrapuntos entre una madre y su hijo adolescente que reclama su lugar en el mundo.

"Lo mío en Lorenza es que yo reivindico esa militancia en la Argentina, Fui parte de una organización seria, disciplinada, que tuvo el acierto de apartarse de las vanguardias armadas, que valoró la militancia invisible y la resistencia desarmada, paciente y cívica de todos los días. Desde esa perspectiva tuve el privilegio de ser parte de esa resistencia que se oponía a la dictadura. No formé parte de ningún grupo mesiánico que creía que tenía que liberar a nadie. Para mí fue una experiencia atada a la tierra. Los troskistas fueron muy organizados en la Argentina. Y aquella militancia me creó nexos que no se han roto y siguen siendo muy reales. Fue un papel de infinita humildad, sin arrogancia ninguna", reflexiona la autora.

Restrepo alienta a los de su generación a poner cada cosa en su sitio: "Cuando me encuentro con alguno de ellos y me dicen que fracasamos, les pregunto ¿quién te creías que eras? ¿Gengis Khan? Cada generación aporta su granito de arena y más no se puede hacer. La piedra de la historia es demasiado pesada para que sólo una generación crea que la puede mover. No se puede aceptar ese mesianismo".

Demasiados héroes subsana errores que la escritora aún se achaca por aquel otro libro, Historia de un entusiasmo, donde narró su militancia en el M19, cuando aquel grupo clandestino inició su proceso de incorporación a la vida política colombiana.

"Escribí aquel libro en el exilio, mientras en Colombia mataban a los que entregaban las armas. Tal vez aquello me impidió contar la parte oscura de aquel proceso, aunque lo conté con mucha honestidad", comenta la autora.

-¿Lorenza no fue muy egoísta al someter a su hijo a su destino clandestino e incierto?

- Ella busca un espacio, donde los niños no lo tenían. Ella quiere mucho a Mateo pero lo obliga a seguir su juego, pero en otro sentido lo obliga a madurar en otros aspectos. Me hace gracia porque algunos me han dicho que las cartas del adolescente a su padre que no conoce no parecen verosímiles para un adolescente. Pero las cartas son reales, son las que mi hijo Pedro le escribió a su padre y que yo guardé. Por eso hoy me dice, con humor, cuándo le voy a reconocer el derecho de autor. El hacía un reclamo tan serio, que quería sonar como un adulto al escribir.

-Al observar lo que ocurre hoy en América latina, ¿cuál es su lectura?

-Hay que ver qué fuerza le atribuyes a tu generación. Aquí, por ejemplo, la dictadura no se cayó, sino que fue derrotada. Y eso no se explica sin un proceso de resistencia civil que no se ve. En América latina, las democracias todavía están crudas, son a veces una caricatura o otras veces, son débiles. Pero son procesos y eso es mucho. Se ha avanzado y están pasando cosas muy interesantes. No se puede bajar la guardia, porque todavía falta mucho.

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