Leer en compañía: el Colectivo de Lectores transforma la terraza del Recoleta en un espacio de lectura compartida
Este sábado, a cielo abierto, habrá una experiencia “silenciosa” con intercambio y suelta de libros; una propuesta abierta a lectores de todas las edades
3 minutos de lectura'

Leer suele pensarse como un acto solitario. En silencio, puertas adentro, lejos del ritmo urbano. El Colectivo de Lectores propone lo contrario: sacar el libro a la calle y convertir la lectura en una experiencia compartida. Este sábado, a las 17.30, la iniciativa llega a la terraza del Centro Cultural Recoleta (Junín 1930) con una convocatoria abierta: llevar un libro para leer en silencio y, si se quiere, ejemplares para soltar, prestar o intercambiar.
Impulsado por Por Qué Leer, el proyecto funciona como una intervención cultural itinerante que ya realizó 25 encuentros en distintas ciudades del país —Mar del Plata, Rosario, Córdoba, San Luis, Comodoro Rivadavia, Puerto Pirámides, San Juan y Entre Ríos, entre otras— y convoca a públicos muy diversos: familias, jóvenes, adultos mayores y niños que llegan solos o acompañados.
Según explica Cecilia Bona, periodista y creadora de Por Qué Leer, el Colectivo de Lectores nació con la idea de “sacar el libro del espacio privado y convertir la lectura en un acto público”, y se sostiene como una experiencia abierta, sin requisitos previos ni lecturas obligatorias: cada participante lleva el libro que esté leyendo o el que sienta que dialoga con la propuesta.
La elección del espacio público es parte central del proyecto. Para sus organizadores, leer juntos en plazas, terrazas o centros culturales funciona como una forma de reapropiación urbana. “El colectivo convive con el espacio público: es la única manera de juntarnos, de apropiarnos de lo que nos pertenece como vecinos y como lectores”, señala Bona. En el caso del Recoleta, además, el cruce con otras disciplinas: música, artes visuales y escritura refuerza la idea de la lectura como parte de un ecosistema cultural más amplio, abierto a quienes pasan, a quienes llegan por curiosidad y también a quienes se suman por primera vez.

Lejos de plantearse como una reacción nostálgica frente a lo digital, el Colectivo de Lectores convive con las pantallas, pero propone una experiencia distinta frente al cansancio físico y mental que generan los consumos acelerados. El libro aparece como un rescate: un espacio de tiempo que devuelve autonomía. “Acá hay que elegir qué leer, a diferencia de los algoritmos que nos empujan contenidos sin pausa”, explica Bona. Leer también puede cansar, admite, pero se trata de otro tipo de agotamiento, más reflexivo, que habilita pausas y profundidad.
Cada encuentro puede tomar distintos ejes según el lugar: derechos humanos, naturaleza, Borges o pedagogía, entre otros disparadores. La propuesta se apoya en tradiciones de mediación lectora y en autoras como Graciela Montes, María Teresa Andruetto, Laura Devetach y la francesa Michèle Petit, que piensan el libro como punto de encuentro y herramienta de reconstrucción comunitaria.
Más que un evento aislado, el Colectivo de Lectores se concibe como una práctica performática: una manifestación pública de la lectura como acto social. Primero el silencio compartido; después, el diálogo. Esa secuencia es clave en una experiencia que fue construyendo una comunidad heterogénea, atravesada por distintas generaciones y formas de vincularse con los libros.
A futuro, Bona imagina una expansión federal del proyecto, con encuentros simultáneos en distintas ciudades o incluso formatos itinerantes que conecten lectores de varios puntos del país. Por ahora, la invitación es concreta: este sábado, en la terraza del CCR, abrir un libro al aire libre y habitar la ciudad desde la lectura.
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