
Libros del fin del mundo
ATLANTA Por Julio Popper-(Eudeba)-246 páginas-($24) UN VIAJE ALREDEDOR DEL MUNDO POR LA RUTA DEL GRAN MAR DEL SUR Por George Shelvocke-(Eudeba)-366 páginas-($ 35)
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Atlanta, de Julio Popper, y Un viaje alrededor del mundo por la ruta del gran Mar del Sur, de George Shelvocke, son los dos títulos con los que Eudeba inaugura su Colección Reservada del Museo del Fin del Mundo, que se propone reeditar relatos de primera mano de exploradores que visitaron la Patagonia y el Atlántico Sur. En una introducción que aparece en todos los títulos de la serie, Oscar Zanola, durante más de veinte años director de dicho museo, ubicado en Ushuaia, explica que los inicios de esta colección tienen todos los elementos "de un relato de misterio: un coleccionista anónimo, un testamento de cláusulas rigurosas, un marchand de libros raros y una caja fuerte vieja, grande, verde y vacía". De esa caja fuerte, que estaba en el museo aparentemente con la única función de recordar que alguna vez allí había funcionado el Banco Nación, Zanola y Alejandro Winograd --director de la Colección Reservada, que llegó a Ushuaia por tres meses con una beca otorgada por la National Geographic y finalmente se quedó cinco años-- rescataron los libros que, por obstáculos varios, habían estado encerrados ahí durante diez años.
Un recorte muy trabajado de los títulos de esa biblioteca inicial es lo que conforma hoy la Colección Reservada del Museo del Fin del Mundo, uno de cuyos mayores méritos es volver accesibles textos que hasta ahora únicamente se podían encontrar en bibliotecas dispersas, sin traducir, y siempre gracias a ese contrabando de datos que circula entre fanáticos y entendidos. Estas reediciones de Eudeba tienen además traducciones aggiornate, están anotadas, incluyen mapas legibles y son precedidas por estudios preliminares contemporáneos --en el caso de Atlanta, a cargo de Santiago Reyes; en el caso de Un viaje..., a cargo de Rogelio C. Paredes-- muy bien planteados, capaces de proveer al lector del contexto indispensable para leer el relato que sigue.
Atlanta, en realidad, nunca existió antes tal como existe en esta edición. Primero fue un fascículo homónimo del que Julio Popper sólo editó seis ejemplares, en 1893, con el subtítulo Proyecto para la fundación de un pueblo marítimo en Tierra del Fuego. A ese Atlanta original, que forma el eje principal del volumen de Eudeba, se le han agregado los artículos periodísticos, las conferencias y los bosquejos de proyectos de uno de los viajeros más fascinantes que hayan pasado por nuestro país. En la Argentina, Boleslao Lewin escribió su biografía más clásica (Plus Ultra) y Daniel Ares, la más reciente (Alfaguara).
Julio Popper huyó de su Rumania natal, perseguido por su condición de judío; se recibió de ingeniero en minas en París, trabajó en el mantenimiento de Canal de Suez, en el ordenamiento urbano de New Orleans y de La Habana, en los planes cartográficos del gobierno mexicano, y recaló en 1885 en la Argentina, donde rápidamente logró establecer contacto con los círculos de poder. Gracias a eso y a su avalancha incesante de propuestas, al año siguiente logró que lo enviasen a inspeccionar las explotaciones mineras de Santa Cruz, pero él fue más allá y dio los primeros pasos para explotar el oro de Tierra del Fuego. Por la conferencia acerca de dicho tema que dictó al volver en el Instituto Geográfico Argentino (texto que forma la primera parte de esta reedición), fue incorporado a la Logia Docente a la que pertenecían también, entre otros, Leandro N. Alem y Ezequiel Ramos Mejía. De ésa y del resto de las tantas asociaciones que entabló, lo que Popper siempre parecía sacar en claro es que lo mejor era trabajar --y sobre todo ganar-- solo, sin ninguna autoridad que prevaleciera sobre él, lo que tal vez contribuyó a la muerte súbita y dudosa que tuvo en 1893, en su departamento porteño ubicado en Tucumán 373. Atlanta, que de hecho toma el nombre de la colonia marítima que Popper quería establecer en Tierra del Fuego para competir con el beneficio que Punta Arenas sacaba de los barcos que cruzaban entre el Atlántico y el Pacífico, permite ver a Popper en acción, pasando de la planificación a la arenga y virando a la manipulación, en una prosa milagrosamente vital y plagada de sentido del humor.
Un viaje alrededor del mundo por la ruta del gran Mar del Sur se ubica casi dos siglos atrás, a principios del dieciocho, y es interesante leerlo como un paradigma de los viajes que, en esa época, empezaron a hacer corsarios contratados por inversores privados y apañados jurídicamente por las coronas --la británica, la holandesa y la española, entre otras--. Cuando esos corsarios fracasaban en sus empresas eran tildados de piratas. Shelvocke, además de apostar al valor literario que pudiera tener su texto para un público entonces ávido de este tipo de relatos, escribió un relato que es fundamentalmente una justificación del fracaso de su expedición y una apología de sí mismo y que tiene como destinatarios principales a sus patrocinadores ingleses, "The Fellowship of Merchant Adventurers": a ellos les detalla la traición de su capitán, los motines de sus súbditos, los botines esquivos, las actitudes absurdas de los otros. Entre éstas cuenta que su primer oficial, "alentado por ideas supersticiosas", mató en las proximidades del Cabo de Hornos a un albatros negro que los había venido siguiendo durante días. La proximidad de la anécdota con la que cuenta Coleridge en su "Balada del viejo marinero" no es pura coincidencia: John Livingston Lowes y el prologuista de esta edición coinciden en señalar que de este viaje de Shelvocke surgió la trama de uno de los poemas narrativos más célebres de la historia de la literatura.
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