Los artistas que les gustan a los artistas
Margarita Paksa, Cristina Schiavi, Diana Aisenberg, Juan José Cambre y Pablo Siquier, cinco plásticos de estilos, carreras y edades muy diferentes, posan la mirada sobre la obra de sus colegas y cuentan cómo armarían su colección de arte argentino actual. Marcelo Pombo, el más votado
1 minuto de lectura'
Hasta fines del siglo XIX se solía consultar a los artistas para conformar las grandes colecciones. Leonardo, Durero o Goya aconsejaron a reyes y papas sobre qué obras debían adquirir. Las magníficas colecciones de la Galleria degli Uffizi, del Prado, del Louvre y del Hermitage no serían lo que son sin ese asesoramiento. Sin embargo, desde comienzos del arte moderno ese rol que cumplían los artistas fue siendo dejado de lado. Ese proceso se aceleró con la irrupción de las vanguardias, ya que desde entonces se necesitó de intérpretes que acercasen las nuevas formas del arte a un público que se desconcertaba ante tan radicales innovaciones formales. Así nació un ejército de nuevos expertos -los historiadores del arte y los críticos- que no sólo intermedió entre artistas y público (los coleccionistas privados y las juntas directivas de los museos son formas complejas del público de arte), sino que se reservó el papel preponderante de la valoración oficial.
Lo que se podría llamar el mapa oficial del arte argentino contemporáneo está dibujado de esa misma manera. Sus cartógrafos provienen de diferentes territorios: son los marchands que promueven las ventas, son los jurados que deciden las becas y los premios, son los críticos e historiadores del arte, son los curadores de las muestras y son también los directores de los museos. Pero sería interesante saber qué mapa dibujarían los propios artistas.¿Quiénes de sus colegas les interesan a nuestros artistas actuales? A priori es difícil saberlo, porque, a diferencia de lo que pasa en el campo literario, en el que se realizan frecuentes encuestas y donde muchos escritores son críticos que hablan de los textos de sus contemporáneos, los artistas visuales no suelen ser consultados ni practican la crítica, al menos de manera sistemática.
Para acabar con ese silencio, y a modo de encuesta, presentamos las colecciones que armarían cinco artistas de estilos, carreras y hasta edades muy diferentes: Margarita Paksa, Cristina Schiavi, Diana Aisenberg, Juan José Cambre y Pablo Siquier. Todos ellos participaron de un ciclo en el Centro Cultural Ricardo Rojas, que reunió, frente a un entusiasta público conformado por pares, a 20 artistas que hablaron, quizá por primera vez, de este tema: cómo armarían su propia colección de arte argentino actual. Y como era de esperarse, los artistas no valoraron la obra de sus colegas de la misma manera en que lo hacen los críticos, los jurados, las instituciones ni el mercado. Casi siempre hay en la selección que realizan una mirada afectiva, pero esa afectividad no deja de lado una muy rigurosa valoración estética y técnica.
Los elegidos
Antes de pasar a las colecciones que eligieron nuestros cinco artistas invitados conviene analizar en grandes líneas la encuesta más amplia que se conformó entre los que participaron del ciclo en el centro cultural. Lo primero que llama la atención fue que casi todos elegían a un mismo artista: Marcelo Pombo (ver recuadro). Su elección fue tan masiva que incluso hasta algunos de los que no lo incluyeron -como es el caso de Pablo Siquier- dijeron que eso se debió a que les parecía una elección demasiado obvia: "¿Quién no querría tener un Pombo?" Escoltando a Pombo, entre los primeros puestos de este "panteón de los artistas que les gustan a los artistas" se ubicaron Elba Bairon, Cristina Schiavi, Gumier Maier, Graciela Hasper y Sergio Avello. Si bien la consigna era hablar de artistas vivos, hubo tres artistas muertos en la década pasada que fueron mencionados con insistencia: Omar Schiliro, Liliana Maresca y Feliciano Centurión.
Casi nadie seleccionó instalaciones ni video ni arte conceptual: los artistas prefirieron la pintura y la escultura (o dibujos y objetos). Y entre los fotógrafos sólo se mencionó a tres: Alberto Goldenstein, Marcos López y Res.
Cuando entrevistamos a Pablo Siquier (Buenos Aires, 1941) lo primero que dijo fue: "A mí me gustan los grandes espacios pintados de blanco, entonces armar una colección en mi casa ya es un problema; en principio no pondría ni un cuadro en el living; mi colección estaría exhibida en el baño, la cocina y los pasillos". He aquí su selección: una pintura del rosarino, residente en Nueva York, Fabián Marcaccio; el desnudo pintado por Eduardo Schiaffino que está en el Museo Nacional de Bellas Artes; una acuarela de Fermín Eguía (de su serie sobre el Tigre); una tinta de Eduardo Stupía; un monstruo de Jorge de la Vega ("de él aprendí a componer, o mejor, a descomponer"); una obra de Raúl Lozza; una caja de luz de Elisa Estrada y "El placer del vicio", de Guillermo Iuso.
Aunque la colección de Diana Aisenberg (Buenos Aires, 1958) incluiría obligatoriamente una pintura del siglo XVII, "La novia judía", de Rembrandt, la suya es la propuesta más atenta a los nuevos soportes y al arte conceptual. Su colección incluye "Página musical para leer por TV", de Enrique Ahriman (un artista ítalo-argentino que desarrolla un proyecto multimedia); el plan de invasión a Holanda de Claudia Fontes (quien intenta conquistar Amsterdam con una talla en tamaño natural de su perra); el auto cegado con latitas de Coca-Cola que realizó Claudia del Río; la instalación Es Roja que realizó Graciela Hasper en 1995; las figuritas, a la vez pornos y tiernas, de Flavia Da Rin; y dos obras que tiene en su propia colección y que no cambiaría por nada del mundo: un cuadro que le regaló Guillermo Kuitca en 1984 (titulado "La pintora Diana Aisenberg") y una obra de Feliciano Centurión (titulada "Mi alma herida").
Espíritu minimalista
Margarita Paksa (Buenos Aires, 1936) al elegir su colección de arte fue fiel al espíritu minimalista que caracteriza su dilatada obra. "Por su lucidez, versatilidad y coraje, ya que ha roto con todos los cánones establecidos, me importa mucho Enio Iommi, de quien elijo `Volviendo a la vida el viejo cacique vio pasar la tecnología y tiró su lanza´, que considero una obra excepcional", dice al inaugurar su colección imaginaria. "Después quiero incorporar la obra de cuatro artistas más jóvenes que admiro: una imagen de Mónica Van Asperen que tapa y destapa partes del cuerpo, mostrada en el ICI; de Cristina Schiavi elijo la obra que mostró en el Suelo por Asalto en 2002, por su desparpajo y la libertad que tiene; de Gumier Maier elijo una obra tridimensional, con sentido escultural, que muestra personajes fuertes y deseantes a pesar de la simplicidad, la abstracción y el color; me gustaría tener la obra que Elba Bairon presentó al Premio Banco Ciudad, yo la considero escultura con mayúscula."
Juan José Cambre (Buenos Aires, 1948) dice que, viendo la colección deseada que armó, nota que tiene un clima muy infantil, con algo de juguete. "Mi colección no está organizada por autores sino por obras y por el diálogo entre una obra y otra. Seleccioné un cuadro de Roberto Aisenberg inconcluso y despreciado por el pintor. Esa corona rosa sobre fondo blanco la veo en conexión con la escarapela en el cielo de un cuadro de Marcelo Pombo, que él me regaló, no sé si sabiendo o no que es mi cuadro predilecto de él. Incluyo luego dos discos de Alfredo Prior. El vacío y la reflexión son el tema de otras dos obras que incluyo en mi colección: una es de Juana Neumann y la otra es una foto sobre papel de plata de Flavia Da Rin, en la que se la ve a ella en tres actitudes distintas frente a la ventana de una habitación. De este interior de la casa pasamos al exterior de esas fotos turísticas intervenidas por Alfredo Londaibehere, son obras óptimas, hiperconstructivistas. Después en mi colección pongo una pintura de Carlos Hufmann y una tinta de Lola Goldberg, una pintura decorativa argentina de Sergio Avello, un cuadro de barras de colores pintado por Silvia Gurfein, que remite a una fiesta aldeana que pintó Brueghel. La última pintura que elijo es un cuadro interminable de Gumier Maier. Y una serie de objetos: un paralelepípedo multicolor de papel glasé de Julia Masvernat, una foto de Cecilia Biaggini que es un faro en una caja de acrílico y la pareja de canarios que puso Agustín Inchausti dentro de una caja de vidrio".
Cristina Schiavi (Buenos Aires, 1954) dice que en cualquier colección que arme incluiría "Motorola tree", de Nam June Paik; también pondría "Amor", de Omar Schiliro; "El beso", de Nushi Muntaabski; "Navidad en San Francisco Solano", de Marcelo Pombo; un objeto sin título, de Gumier Maier; un bodegón de Elba Bairon; "ADN", de Mónica Van Asperen; "Piletas", de Raúl Flores; "Chat", de Alicia Herrero; "Casa soñada", de Tamara Stuby; "Un año de aire", de Esteban Alvarez; "Catedral", de Jorge Macchi; "Corner pieces", de Mónica Girón; la serie de planos en letraset, de León Ferrari; "Men´s Health", de Hernán Marina; la remera "Yo tengo sida", de Roberto Jacoby; la obra "Liliana Maresca se entrega a todo destino", de Liliana Maresca, y la escultura que Margarita Paksa presentó en El suelo por asalto".
Schiavi hizo de su colección imaginaria una declaración de principios estéticos, que quizá resuma lo que piensan los consultados: "Enfrentados a una estética sin belleza y sin arte, en un momento en el que la historia de las teorías sobre belleza, arte y creatividad se compara a un cementerio, quiero rescatar, ejemplificando con las obras que elijo, las cualidades que Goethe adjudicaba a la belleza: profundidad, invención, plasticidad, sublimidad, espiritualidad, individualidad, sensibilidad, encanto, armonía, vitalidad, convivencia, corrección y potencia. Por eso mi colección es una apelación a la belleza".





