
Los dramas de la realidad social, reflejada en la obra de Lasar Segall
En el Malba se exponen 141 obras de este singular artista, consagrado en Brasil
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Dicen que al reconocido pintor expresionista brasileño Lasar Segall no le gustaba el verano porque creía que en esta estación las cosas están muy delimitadas, precisas y definidas.
"No hay nada más falso que la precisión. Eso le quita la verdad a las cosas", solía repetir este pintor expresionista nacido en Lituania en 1891; educado en Alemania, donde impulsó la corriente expresionista, y radicado en 1923 en Brasil, donde se convirtió en un exponente del movimiento modernista de San Pablo.
Será por eso que la mayoría de las 141 obras de Segall, que se exponen hasta el 15 de septiembre en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba), Av. Figueroa Alcorta 3415, son sugerentes y tienen un halo misterioso y profundo que atrae.
La muestra, instalada en el tercer piso del museo del empresario Eduardo Costantini e inaugurada por el presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, está dividida en diez áreas temáticas. Conviven, así, autorretratos, figuras humanas, naturalezas muertas, maternidades, familias, temas judíos, genocidio, emigrantes y prostitución, entre otros temas.
Se trata de la primera retrospectiva del autor que se organiza en la Argentina. Está compuesta por piezas que pertenecen al Museo Lasar Segall, a la Pinacoteca del Estado de San Pablo, al Instituto de Estudios Brasileños y al Museo de Arte Contemporáneo de la Universidad de San Pablo.
En los diversos óleos, acuarelas, tintas y grabados que recorren la producción de cinco décadas de este reconocido expresionista brasileño se advierte claramente el foco humanista de su trabajo.
Un hombre comprometido
La curadora brasileña de la exhibición, Vera d´Horta, define al artista como una persona comprometida con "el hombre y su destino".
Así es que temas como las viudas e hijos de la guerra, la emigración, la persecución, y la inserción social predominan en sus obras.
Por ese motivo, un recorrido por la muestra recuerda inmediatamente la realidad social trazada por su contemporáneo y artista rosarino Antonio Berni.
Es particularmente interesante advertir cuán diferente es la producción europea de Segall, en 1910-1920, respecto de su etapa brasileña. En la primera, prevalecen los colores sombríos y opacos (marrones, grises, violetas y negros), los rostros tristes y las miradas caídas. En la segunda, abundan el color y la naturaleza húmeda y exuberante típica de Brasil.
De su período europeo se aprecian obras que hacen referencia a un humanismo trágico ("Aldea rusa", "Después del Progrom", "Mendigo", "Niños abandonados") y a sus raíces hebreas, donde Segall retrata a judíos en oración, la escuela talmúdica, el escriba de la Torá. El dibujo "Escriba de Torá" (1917), se refiere, por ejemplo, a la profesión de su padre, Abel, a quien Segall ayudaba cuando era pequeño, dibujando las mayúsculas decoradas en este pergamino sagrado.
También se refleja la influencia del cubismo en sus obras. Al referirse a estos años, el mismo Segall lo llamó "expresionismo constructivo, porque estuvo marcado por una estructuración firme y definida de las formas".
Su producción paulista comienza en 1923. Los críticos distinguen tres momentos: la "fase brasileña" de los años 20, donde Segall representa paisajes y tipos locales; los años 30 y 40, donde salta a la vista su preocupación por lo social, y la etapa final de los años 50, donde predomina la abstracción.
La exposición se puede ver, por $ 4, los lunes, jueves y viernes, de 12 a 20; los miércoles, de 12 a 21 (con entrada gratuita), y los fines de semana y feriados, de 10 a 20.
Se complementa la muestra con recorridos por las salas con especialistas para analizar específicamente algunos temas y períodos, una práctica habitual en las exposiciones del Malba. Mañana, a las 18, Patricia Artundo tratará el tema "Segall y el modernismo brasileño".
Un hombre que buscó otros horizontes
- Segall nació en 1891 en Vilna, capital de Lituania (entonces parte del imperio ruso). Su familia judía ortodoxa tuvo gran influencia en su trabajo. En 1906 se instaló en Alemania, donde entró en contacto con el grupo Die Brucke (El Puente), un conjunto de artistas que defendía la importancia de mostrar, de manera inmediata y auténtica, la realidad. En 1923, el pintor emigró a Brasil y con su mirada atenta a lo externo, se interesó por la exuberancia del paisaje y el colorido. Segall murió en 1957. En las últimas décadas su obra alcanzó una fuerte revalorización en Berlín, Chicago, Nueva York, París y América latina.
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