
Los jesuitas tienen un nuevo superior
Busca fomentar una espiritualidad encarnada y un compromiso social
1 minuto de lectura'

"La espiritualidad debe llevar al compromiso apostólico, a transmitir el Evangelio, si no, le falta algo", dice en un diálogo con LA NACION el padre jesuita Alfonso Gómez, de 43 años, que recientemente asumió como nuevo provincial de la Compañía de Jesús en una misa concelebrada en la iglesia del Salvador.
El diálogo se desarrolló en el Centro de Espiritualidad Ignaciana de la Argentina, una casona antigua muy bien reciclada y cuidada, en Rodríguez Peña 356, donde muchas personas siguen cursos para poder dar ejercicios espirituales según el espíritu de San Ignacio de Loyola.
Gómez estima como una riqueza de la Iglesia en la Argentina que haya no sólo sacerdotes sino madres y padres de familia que estén seleccionados y preparados para dar ejercicios espirituales. "No es una cuestión intelectual solamente, hay algo de carisma, un don especial de Dios, y de calidad humana para comprender a las personas".
En ese centro donde capta un interés muy grande por la espiritualidad, el nuevo provincial dice que se debe evitar "una fe desencarnada, que se preocupe nada más que del sentimiento religioso o el bienestar del individuo".
Y también evitar que en la Iglesia "gente de buena voluntad haga un activismo social con poco contenido".
La madurez espiritual, piensa, da su fruto en la entrega alegre y generosa a los demás, cuando se pone el amor a Dios más en las obras que en las palabras.
Sonriente, sereno, Gómez da impresión de solidez, de deslizar conceptos muy meditados. Mendocino, estudiaba ingeniería civil cuando ingresó en la Compañía de Jesús, en 1979. Se doctoró en la Universidad Gregoriana de Roma, con una tesis sobre "Sabiduría, destino y humildad como conceptos clave para la comprensión de la Providencia". Enseñó en colegios, dirigió una obra para los sin techo en la iglesia del Salvador, donde confesaba; dictó teología en el nivel universitario.
Y era rector de la comunidad jesuita del Colegio Máximo, en San Miguel, cuando, tras un proceso "participativo y jerárquico" -que va desde sondeos entre los sacerdotes sobre el perfil requerido hasta la designación por el general de la Compañía, padre Hans Kolvenbach-, fue elegido para conducir a los 180 jesuitas de la Argentina.
Que llevan una universidad, la Católica de Córdoba (la del Salvador dejó de estar a su cargo en 1976); 27 colegios (algunos antiguos, como los de Buenos Aires, Santa Fe y Mendoza, y otros de educación popular de calidad en zonas pobres, como los del Movimiento Fe y Alegría)-, y unas 20 parroquias y vicarías, además de obras sociales, como las que brindan microcréditos para comprar una máquina de coser o comenzar un trabajo artesanal. Y mantienen seis casas de retiros.
La Compañía tiene dos compromisos en el país: 1) la educación, formal e informal, 2) el apostolado o compromiso social. Así, impulsa a sus alumnos a volcar su saber como voluntarios en zonas marginales.
Actitud social lejos del Evangelio
Gómez señala: "Si bien tenemos muchos bautizados en el país, hay actitudes sociales que se alejan del Evangelio".
Mientras la sociedad de consumo insta a cada uno a ocuparse de sus gustos, la Compañía busca formar hombres y mujeres "para y con los demás".
La fe, dice Gómez, nos invita a entender al ser humano como el ser creado por Dios para integrarse, que "es feliz cuando se puede entregar a los demás". El cristiano debe ser el que que quiere compartir, hacerse próximo, cercano, a las demás personas. "Ser capaz de ponerse en los zapatos del otro", ejemplifica el provincial.
Que cuenta entre sus huestes con sacerdotes que son médicos, abogados, ingenieros, astrónomos, historiadores. Hay aquí tres obispos jesuitas (el arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, y los obispos de Iguazú, Joaquín Piña, y de Orán, Jorge Lugones).
Todos han tenido desde que ingresaron en la Compañía 14 años de formación intensa, que va desde literatura y lenguas clásicas hasta filosofía y teología. E intentan, perfeccionándose en distintos campos de la experiencia humana, reflexionar sobre el designio de Dios para sus criaturas en cambiantes situaciones sociales, mantener un diálogo entre el Evangelio y la cultura. Gómez dice que San Ignacio quería un grupo de sacerdotes bien formados, de fe fuerte, que conocieran bien lo que la Iglesia enseña y tuvieran mucho celo apostólico, entusiasmo por transmitir el Evangelio.
1- 2
Las cenizas de Juan José Sebreli se esparcirán en Plaza Constitución el próximo viernes
3A 75 años de “La Colmena”: censurado por inmoral y pornográfico, se filtró “gota a gota” y consagró al polémico Nobel Camilo José Cela
4Cierra definitivamente el ex-Museo del Traje y el Gobierno planea abrir un espacio cultural para artistas emergentes



