
Los libros más raros de Buenos Aires
Son verdaderas gemas para los coleccionistas, representantes de un hobbie que, pese a la crisis, no se extingue
1 minuto de lectura'
Justin Piquemal Azémarou busca entre los libros amontonados y extrae, triunfal, un ejemplar de la Biblia que data de 1550. Con orgullo, sopla el polvo que lo cubre y le muestra a su cliente las páginas repletas de grabados: "En buen estado valdría 5000 pesos, pero le falta la portada", comenta sin opacar la trascendencia del libro que tiene en la mano.
Piquemal es propietario de La Cruz del Sur (en la Galería Buenos Aires, Florida 835), una de las casi sesenta librerías anticuarias que alimentan con sus curiosidades editoriales las colecciones de los bibliófilos porteños.
Una mirada al azar por los títulos de cualquiera de estos locales permite encontrar desde libros religiosos de la época colonial, hasta primeras ediciones de autores como Esteban Echeverría, Jorge Luis Borges y Manuel Mujica Lainez.
"La gente viene, sobre todo, a buscar escritores argentinos y latinoamericanos, y también llegan muchos turistas. Algunos quieren completar colecciones heredadas de la familia", contó Héctor Delgado, dueño de Los Siete Pilares (también en la Galería Buenos Aires).
Entre sus rarezas, Delgado posee algunos números de la Gaceta de Buenos Aires, de 1812, y una segunda edición de "Los viajes de Gulliver" (1735), que no lleva la firma de Jonathan Swift, sino la del propio personaje. Además, cuenta con una edición de "Vil & Vil", novela del argentino Juan Filloy que los censores de la última dictadura militar se encargaron de destruir.
El local de Alberto Casares (Suipacha 521) es uno de los más completos en el rubro. A través de su catálogo se pueden conseguir un libro de Marco Antonio, realizado en Basilea en 1556, los doce tomos de las "Obras completas", de Michel de Montaigne, o la cuarta edición de "Civilización o barbarie" (1868), el texto de Sarmiento.
Si bien en Buenos Aires hay locales especializados en revistas, algunas librerías anticuarias también ofrecen colecciones que hicieron historia en el campo del periodismo cultural. Así pueden encontrarse los primeros números de Sur, que dirigió Victoria Ocampo desde 1931, y antiguos ejemplares de la mítica revista Proa.
Los libros de oro
A la hora de tasar los ejemplares, los libreros consideran diversas variables, tales como el autor de la obra, la imprenta, el papel, la encuadernación, el estado de conservación, la dedicatoria y la propia experiencia en el negocio.
En La Cruz del Sur, "El Payador", de Leopoldo Lugones, cuesta 45 pesos. Y la primera edición de "La vuelta al día en 80 mundos", de Julio Cortázar, tiene un valor de 70 pesos.
En el local de Delgado, los cuatro tomos de la biografía de San Martín, escrita por Bartolomé Mitre, cuestan 150 pesos. Y Casares tiene un ejemplar de "Inquisiciones", de Borges, a 1900 pesos. También, uno de "Historia universal de la infamia" a 1600 pesos.
"Hay una especie de precio de plaza, porque el libro es un producto de mercado -detalla Piquemal-. Existe una cuestión de consenso: no se puede decir que es la ley de la oferta y la demanda la que fija el precio de un libro antiguo. Y tampoco se puede poner el precio por los gustos propios: hay autores clásicos, como Benito Lynch o Ricardo Güiraldes, que me parecen inmensos, pero sus obras no se venden a más de 45 pesos."
Para encontrar sus tesoros, los dueños de las librerías recorren remate tras remate, o reciben a particulares que quieren vender las obras de sus bibliotecas.
"El coleccionista es un poco obsesivo, sabe bien lo que le gusta y tiene la idea fija. Presta atención a la presentación del libro, le gusta el detalle y tiene un cuidado especial con los ejemplares. Por eso hay que saber buscar", explicó Piquemal.
El mundo del coleccionista
Los libreros no creen que el coleccionista de libros sea una especie en extinción: a pesar de la crisis económica, varios continúan recorriendo los locales en busca de aquel libro que les quita el sueño.
"No creo que haya menos coleccionistas que antes. Aunque hoy es más popular que nunca, el libro siempre fue para minorías. Si no surgen nuevos aficionados, es por la situación económica del país", explicó Alberto Casares, dueño del local homónimo.
"La gente se sigue interesando, pero es verdad que antes compraban 15 libros por mes y hoy se llevan dos o tres", contó Piquemal.
Existen varios sitios de Internet donde se venden libros antiguos (como www.broli.com o www.sai.com.ar ), pero los clientes prefieren ver, tocar y hasta oler el ejemplar antes de adquirirlo.
Resulta difícil establecer un perfil del coleccionista de libros antiguos puesto que, como bien describe Casares, algunos se apasionan por autores específicos, otros por períodos históricos, otros por calidad de edición e, incluso, existen aquellos que buscan ejemplares de acuerdo con su tamaño.
"Hay que tener en cuenta que el coleccionismo tiene mucho de lúdico -apuntó Casares-. El aficionado se perfila desde joven, pero se hace manifiesto cuando alcanza la tranquilidad de la adultez."
Datos extras
Sociedad: los bibliófilos argentinos se agrupan en una sociedad fundada en 1928, que admite, apenas, 95 miembros. Además de reunirse periódicamente, confeccionan ediciones de lujo para sus integrantes.
Direcciones: otros locales especializados son Aizenman Libros Antiguos (Las Heras 2135 PB "A"), Antique Bookshop (Libertad 1236), Cigt Libros (J. L. Borges 2015) y La Librería de Avila (Alsina 500).




