Los misterios de la conciencia
El novelista de Buen trabajo está escribiendo una novela en la que trata de conciliar los datos de la ciencia sobre la actividad consciente y la experiencia de la identidad personal.
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ENTRE los narradores actuales más destacados de Gran Bretaña, podríamos nombrar a Doris Lessing, John Fowles y David Lodge. Este último es unos quince años menor que sus dos compatriotas. Lodge, nacido en Londres en 1935, es un hombre de una gran amabilidad, que parece excusarse por ser una celebridad. A pesar de tener 63 años, en su pelo marrón oscuro apenas asoman algunas canas. Actualmente, reside en Birmingham, una ciudad industrial, la segunda en extensión de Inglaterra, donde transcurrió la entrevista."En general, Birmingham es bastante fea", dice David Lodge. "El centro de la ciudad es relativamente pequeño y dista de ser atractivo. Tiene más canales que Venecia, pero no son pintorescos. En el resto de Inglaterra no goza de gran estima. Sin embargo, para mí, resultó ser un buen lugar donde vivir, trabajar y educar a mis hijos. Dos de ellos también residen en esta ciudad y el otro vive cerca. Podría agregar que a Birmingham la he descripto en varias de mis novelas; en una de ellas, Buen trabajo , lo hago de un modo muy realista bajo el nombre de Rummidge".
Desde la publicación de su primera novela, The Picturegoers (1960) hasta la actualidad, Lodge nunca dejó de trabajar intensamente en este género, en el cual lleva publicados diez libros que han sido traducidos a más de veinte idiomas, incluido el castellano (en la Editorial Anagrama). Sus obras le han valido asimismo una cantidad de premios literarios, como el Sunday Express por su novela Buen trabajo , y el Whitbred Book of the Year por How far can you go? , entre otros. "Creo que disfruto más leyendo novelas que cuentos. Ese debe ser uno de los motivos por los cuales las escribo", explica el autor.
Entrevistarlo en la Universidad de Cambridge es encontrarlo en su ambiente natural. Lodge fue profesor universitario durante veinte años hasta que, en 1987, dejó la docencia para dedicarse por entero a la escritura. "Durante los dos últimos años en que ejercí la docencia fui profesor part-time . Enseñaba un semestre y el otro lo tenía libre. Esa libertad era maravillosa. Pensé entonces que podía ser feliz como escritor full-time ".
Hay en el aspecto de Lodge, en la manera como habla y hasta en el modo como viste (con cierta desprolijidad) una mezcla de humildad y timidez. Cuenta que no solamente escribe ficción sino que también realiza adaptaciones de novelas para el cine y la televisión, escribe piezas teatrales, crítica literaria y artículos periodísticos. "La diferencia principal en mi vida, desde que me convertí en un escritor free lance, es que pasé a ser responsable enteramente de la administración de mi tiempo. Cuando uno es profesor hay tareas específicas que cumplir, entonces se lleva una existencia estructurada. Esto puede ser frustrante pero también quita parte del malestar que genera la toma constante de decisiones".
David Lodge es un narrador que investiga para elaborar sus ficciones. En su novela Buen trabajo , agradece a quienes le brindaron la posibilidad de interiorizarse en temas relacionados con la industria. Dice: "A medida que pasa el tiempo, cada vez llevo a cabo investigaciones más exhaustivas para mis novelas. Creo que se trata de un esquema bastante común: el novelista comienza con material que toma de su propia vida y cuando se le empieza a terminar, o su vida personal deja de cambiar demasiado, tiene que salir a buscar los temas, investigarlos. Leí algunos textos sobre teología moderna para mi novela How far can you go? (1982) pero, para Noticias del paraíso , hice dos viajes a Hawaii y también investigué a fondo la literatura académica sobre turismo. Para Terapia (1995), leí a Kierkegaard".
Luego, a través de los personajes de las novelas, los resultados de esos trabajos de documentación se convierten en objeto de comentarios irónicos. El sentido del humor es una de las características sobresalientes de Lodge. En varias de sus novelas hay personajes que son académicos o estudiantes universitarios y la burla o la sátira sobre ese mundo es una constante del escritor.
En la actualidad, Lodge se encuentra sumido en una investigación acerca de la conciencia y del carácter para la novela que tiene en elaboración. "Supongo que nunca antes me había planteado el problema de la conciencia como tema en sí mismo. Había investigado solamente ciertos aspectos parciales. La conciencia es, en cierto sentido, la gran batalla de los novelistas. Lo que en verdad hacemos es representarla".
Hasta ahora, en sus estudios, Lodge ha advertido que ninguno de los experimentos biológicos explican la actividad cerebral así como tampoco revelan el misterio de la conciencia. "No dan razón de la sensación de individualidad que experimentamos a través del pensamiento", asegura.
A Lodge le gusta precisar a qué se refiere: "Por conciencia entiendo esa actitud de estar alerta con respecto al mundo que nos rodea. Creo que existe una idea aceptada de que la conciencia es un proceso, no un estado fijo. Pero, a pesar de que exista este consenso, todavía hay una paradoja que es la siguiente: sabemos que cambiamos a lo largo de nuestras vidas. Cambian nuestras opiniones, cambiamos nuestros comportamientos y cambian nuestros cuerpos; sin embargo, tenemos la sensación de que somos quienes somos, de que tenemos una identidad a pesar de las metamorfosis que padecemos, nos sentimos seguros de que yo soy yo en una forma única, ¿no es así?".
Tanto el tema de la palabra en sí misma como el de la utilización de la palabra en la ficción han sido abordados por Lodge en sus novelas y en sus obras de crítica literaria ( El lenguaje de la ficción , de 1966; El arte de la ficción , de 1992). Lodge se pregunta, por ejemplo, por qué los científicos de las denominadas ciencias duras terminan expresándose a través de metáforas: "Es cierto que la ciencia, salvo la matemática pura, apenas comienza a utilizar el lenguaje para describir su área de trabajo, tiende a utilizar la metáfora. Esto pareciera relacionarse con el hecho de que la metáfora es una de las herramientas de descubrimiento del lenguaje. Ya es un lugar común afirmar que la física ha sido extraordinariamente productiva en términos de metáforas vívidas como la de los agujeros negros. Creo que, en cierto sentido, la ciencia especulativa, a diferencia de la ciencia puramente experimental, tiene mucho en común con ciertos tipos de discursos literarios. Es más, diría que existe una gran cantidad de bibliografía de ciencia contemporánea extremadamente bien escrita. Disfruto mucho de su lectura, incluso más de lo que disfruto la lectura de mucha crítica literaria. Cuando los científicos quieren comunicar sus ideas a audiencias más amplias, utilizan las herramientas que los escritores han venido utilizando desde antaño".
Cuando se le pregunta acerca del momento en que deja de leer a los científicos y sigue con la escritura de su novela, David Lodge permanece pensativo, hasta que finalmente contesta. "Se publica un libro acerca de ese tema por semana. La novela que me he propuesto escribir no es fácil. Es más, puede ser que haya ciertas incompatibilidades fundamentales entre la teoría y la ficción. Sin embargo, la mayoría de mis novelas giran alrededor de algún tipo de oposición binaria que muchas veces es una oposición de discursos: idiomas o culturas, Estados Unidos e Inglaterra o la industria y el mundo académico. En varios casos, fue Inglaterra y el extranjero. Creo que lo que estoy tratando de hacer es escribir una novela que ponga en funcionamiento la dialéctica entre la visión científica acerca de la naturaleza de la vida y la experiencia de la conciencia, que también aparece reflejada en la literatura. El problema realmente es encontrar una forma para explorar las ideas que no convierta la narración en un aburrido camino sin salida".




