
Los monjes de Calmayo ya no restauran documentos históricos
Dirigen el único centro del país, especializado en el tema
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CORDOBA.- Es el único centro especializado del país en la restauración de libros antiguos y está cerrado. Durante diez años, los monjes benedictinos del monasterio Nuestra Señora de la Paz, de Calmayo, a 80 kilómetros de Córdoba, hicieron milagros con documentos de inestimable valor para la memoria histórica del país, como el Archivo de la Ciudad de Córdoba, que incluye el acta fundacional de 1573, las actas capitulares y los documentos oficiales hasta 1825, así como los planos de la traza original de la ciudad.
También, con libros del archivo eclesiástico del Arzobispado de Córdoba, el más antiguo de América, y de la Biblioteca Mayor de la Universidad Nacional de esta provincia.
Pero ahora los monjes están con los brazos cruzados. No reciben subsidios ni ayudas oficiales para desarrollar su tarea, trabajo caro en dinero y en esfuerzo: no sólo requiere de enorme tiempo, sino también de insumos, en su mayoría importados, como tintas, ácidos, pergaminos, cueros e hilos.
Durante un largo tiempo fue el sector privado el que ayudó a sostener el centro de restauración.
La Fundación Antorchas, por ejemplo, subsidió el pago de algunos trabajos y colaboró en el equipamiento. Una fundación norteamericana colaboró para la restauración de obras de la Biblioteca Mayor de la Universidad Nacional de Córdoba.
Entonces hubo años de trabajo intenso. Se recuperaron mapas de América realizados hacia 1800 en Francia; se restauraron libros de bautismos y matrimonios que datan de 1641, y no faltaron hallazgos interesantísimos, como los documentos firmados por el marqués de Sobremonte, que se encontraron ocultos dentro de las tapas de un libro.
La deuda
"La situación se complicó últimamente, desde que la Municipalidad de la capital mediterránea se comprometió a pagar por trabajos encomendados y no cumplió. El resultado es que hoy los monjes deben saldar una deuda de unos 40.000 dólares, según explicó a LA NACION fray Avalos Mujica.
También otras instituciones públicas que les enviaban trabajo dejaron de hacerlo por la crisis.
Los monjes saben que los tiempos son difíciles, pero no pierden la esperanza de reabrir el taller en el que han puesto tanta dedicación y paciencia, y que durante 10 años les permitió ser autosustentables, condición clave dentro de las comunidades benedictinas.
Viven en un lugar tan paradisíaco como solitario, al que sólo se accede luego de trajinar diez kilómetros de serranías para encontrarse, de repente, con una imponente construcción de piedras blancas, provenientes de las canteras de la zona, y techos de tejas rojas.
Se trata de uno de los seis monasterios benedictinos de la Argentina. Hay también cinco de monjas, entre los que está el que dirige fray Mamerto Menapace en Los Toldos, provincia de Buenos Aires.
En el monasterio de Calmayo viven nueve monjes, aunque sólo cinco trabajan en tareas de restauración.
Están a la espera de que la situación económica mejore, pero saben que con esto solo no alcanza si, a la vez, no se extiende en la gente la conciencia de que trabajos como los que ellos realizan son indispensables para conservar la memoria histórica y que, si no se conoce y se aprende del pasado, será muy difícil tener un futuro.



