Los museos del mundo buscan documentar la pandemia en "tiempo real"
Por medio de fotografías, trabajos de campo y encuestas masivas, las instituciones intentan preservar la información sobre la vida cotidiana en tiempos de coronavirus
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NUEVA YORK.– A última hora del viernes, la región más poblada de Finlandia decidió aislarse a sí misma del resto del país. Al despertarse el 28 de marzo, los habitantes de la región de Uusimaa –que incluye la capital, Helsinki, y donde viven más de la mitad de los finlandeses infectados con coronavirus– encontraron retenes en sus rutas y un despliegue policial para impedir que nadie entrara o saliera de la región. Esta semana, los oficiales de policía tal vez noten que hay un par de observadores siguiendo de cerca esos procedimientos. Se trata de fotógrafos y entrevistadores que no necesariamente son periodistas, sino empleados del Museo Nacional de Finlandia, en su intento de capturar este momento histórico en tiempo real.
La pandemia de coronavirus tiene trabajando a destajo a legiones de profesionales y trabajadores de la salud en todo el mundo, pero también le está dando trabajo a un puñado de curadores e investigadores de museos de Europa, que tienen la tarea de documentar los hechos y repercusiones de la crisis. La mayoría de ellos no saben exactamente cuándo o cómo serán utilizados esos relevamientos, pero están seguros de que las futuras generaciones de trabajadores y visitantes de los museos querrán contar con esa información.
Y no son solo los finlandeses. Museos de Dinamarca, Eslovenia y Suiza, entre otros, están abocados a documentar de diversas formas esta crisis, ya sea encargándoles a algunas personas que lleven un diario personal de su vida en tiempos de cuarentena o adquiriendo objetos emblemáticos del momento que estamos viviendo.

En el Museo Vesthimmerlands, en el norte de Dinamarca, la curadora Maria Hagstrup y un colega vienen tomando fotografías –desde una prudente distancia– de los negocios cerrados y las calles desiertas de su país en cuarentena. También están reuniendo relatos en primera persona de algunos residentes. "Solemos pensar los museos como lugares con objetos guardados en vitrinas", dice Hagstrup. "Pero ahora tenemos la oportunidad de captar las impresiones que tiene la gente en el momento, antes de que tengan tiempo de reflexionar sobre ellas".
Con ayuda del gobierno municipal, el museo publicó en las redes sociales un llamado a que los ciudadanos enviaran sus relatos de la vida durante la pandemia. Hasta el momento, la mayoría de las historias llegaron por mail: el dentista que tuvo que cerrar su consultorio, la pareja de ancianos que teme por el futuro de su hijo autista, el niño que ahora estudia en su casa y cuenta la experiencia de tener a su madre como maestra. Y un pequeño comerciante que envió un poema.
"Como historiadora, una siempre se pregunta qué relato faltó, qué otra cosa hubiésemos querido saber", dice Hagstrup. "Y yo pienso que la gente querrá saber cómo era la vida diaria en estos tiempos tan locos".
Cuando ya no sea un riesgo para la salud pública reunir objetos para su colección permanente, el Museo Vesthimmerlands también espera poder reunir algunos. Los curadores del Victoria & Albert, un museo de diseño y artes aplicadas de Londres, también están pensando comprar algunos de esos objetos. En 2014, ese museo abrió una sala dedicada a "colecciones de respuesta rápida", un término acuñado para la adquisición de objetos que "articulan momentos cruciales de nuestra historia contemporánea", según Corinna Gardner, curadora de la institución.
Gardner esta a cargo de la colección de respuesta rápida y tuvo un rol decisivo en la selección de ítems como el pussyhat (los gorros de color rosa usados durante la Marcha de las Mujeres de 2017), varios objetos con el logo de movimiento social Extinction Rebellion, y un set de pestañas postizas de la marca de Katy Perry, elegido artefacto emblemático de la cultura de consumo global.
Gardner dice que ya estaba pensando en objetos que articularan algo interesante sobre la pandemia. Le llamó la atención un dispositivo que se fija al picaporte y que permite abrir la puerta sin usar las manos, creado por los diseñadores Ivo Tedbury y Freddie Hong, y disponible online para impresoras 3D.
En Estados Unidos, el Museo Nacional de Historia y Cultura Afroamericana viene coleccionando objetos de diversos eventos, como las protestas por la muerte de Michael Brown, en Ferguson, Missouri, y las jornadas de tensión racial en Charlottesville, Virginia, en 2017.
En Manhattan, la Sociedad Histórica de Nueva York envió en su momento a sus "brigadas de historia" a cubrir eventos como el movimiento Occupy Wall Street, mientras que en Orlando, Florida, el Centro de Historia Regional del Condado de Orange se apresuró a reunir material que registrara la masacre de la discoteca Pulse. Ahora, el Centro también está coleccionando objetos de la crisis actual: fotografías de góndolas vacías en los supermercados, mails de cancelaciones de reservas y posteos en las redes sociales.
En este momento, la compra de nuevos objetos les plantea un desafío especial a los museos, porque implica interactuar con la gente y manipular objetos, con la consiguiente posibilidad de propagar la enfermedad. Además, el distanciamiento social hace imposibles los trabajos de campo. Por eso el Museo Nacional de Dinamarca se ha enfocado en los objetos digitales.
El museo ha pedido que ciudadanos de todas las edades respondan un cuestionario online para preservar información importante sobre la vida cotidiana durante la crisis, para que sirva de base para estudios en el futuro. "No sé si alguna vez haremos una exhibición especial dedicada al coronavirus", dice Christian Sune Pedersen, director de investigaciones del departamento de historia moderna del museo. "Tal vez incluyamos todo en la colección permanente, ya que se trata de un evento histórico crucial, pero por el momento nuestro foco está puesto en documentar lo que ocurre en nuestra vida diaria, algo central en nuestro proyecto museístico".
En Finlandia, el Museo Nacional tiene una larga trayectoria en colecciones de "respuesta rápida" durante momentos históricos cruciales, por más que en la época de la Guerra Civil Finlandesa, de 1918, o en la Segunda Guerra Mundial no se las llamara de esa forma. Algunas de las fotos recientemente tomadas por Maria Ollila, curadora de historia contemporánea del museo, y sus colaboradores –imágenes de compras por pánico y de padres dando clases a sus hijos en casa– serán subidas al sitio web de la Colección de Imágenes de la Agencia de Legado Finlandés.
A fines de esta semana, cuando empiecen a documentar el bloqueo de los ingresos a Uusimaa, haciendo un relevamiento de los retenes y entrevistando a los policías a cargo del operativo, los investigadores de los museos tendrán que volver a usar las tradicionales técnicas interpersonales, pero con algunos ajustes para adecuarse a estos tiempos.
"Habrá fotógrafos y estaré yo haciendo las entrevistas", dice Ollila. "Simplemente tendremos que mantenernos a dos metros de distancia".
Traducción de Jaime Arrambide






