Los objetos que vivieron mayo de 1810
La invitación para participar del Cabildo Abierto, bancos y paraguas de los cabildantes sobreviven al paso del tiempo
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Queda poco y nada, es cierto, pero intentar reconstruir los acontecimientos de mayo de 1810 a partir de los objetos que estuvieron presentes en aquellas jornadas puede deparar varias sorpresas. Arrojados al olvido por desinterés hasta casi fines del siglo XIX, muchos muebles y elementos personales testigos del momento histórico se perdieron en el tiempo.
Hasta el Cabildo, el monumento emblemático en el que sesionó la Primera Junta de gobierno, atravesó en su historia por sucesivos y profundos cambios de fisonomía, de acuerdo con las modas arquitectónicas y las cambiantes necesidades urbanas.
Sin embargo, además de las numerosas pinturas que inmortalizaron los hechos y las personas años más tarde, es posible rastrear testimonios originales de aquellos años y, para eso, hay dos lugares clave: el propio Cabildo y el Museo Histórico Nacional.
De los tiempos de 1810 se conservan en el Cabildo dos bancos de madera -llamados escaños- del siglo XVIII, en los que se sentaron los cabildantes en las jornadas históricas. Es el único mobiliario original: las sillas que presiden la sala capitular -en las que resulta sencillo imaginarse al presidente de la Primera Junta, Cornelio Saavedra, y a sus secretarios Juan José Paso y Mariano Moreno- son, en realidad, reproducciones hechas en 1940.
De 1810 se puede observar un tintero y un bastón que pertenecieron a Saavedra, dos candelabros propiedad de Domingo Matheu, dos estandartes oficiales y un escudo de armas de la ciudad.
La directora del museo del Cabildo, María Angélica Vernet, afirma con orgullo que, en realidad, tienen allí algo mucho más valioso que los objetos: "Tenemos el edificio, el espacio, el ambiente. Eso es lo que la gente viene a ver. Aquí hay una energía especial".
El Cabildo era una institución de origen español, sede del gobierno local y de la administración de justicia, y condición para fundar una ciudad, que se ocupaba además de la recaudación de impuestos, albergaba la cárcel e inscribía a médicos y maestros, entre otros, para que pudieran ejercer sus actividades.
Las circunstancias históricas favorecieron la escasez de objetos conservados. "Desaparecido el Cabildo como institución en 1821, el edificio pasó a tener distintas funciones. Aquí siguió funcionando la justicia y la cárcel hasta 1880, cuando pasó a ser sede de los tribunales nacionales. Luego sufrió transformaciones edilicias y perdió varias partes", dice Vernet.
"Después de 1810 no se le da valor a lo histórico y aparece un desprecio por lo colonial español, que se consideraba símbolo del atraso", reflexionó, por su parte, el director del Museo Histórico Nacional, Juan José Cresto.
En tres salas de esa casa, ubicada en el parque Lezama, habitan los retratos de los personajes históricos que, reproducidos hasta el cansancio en los libros de lectura y textos escolares, construyeron los rostros oficiales de nuestros próceres.
Están allí el adusto Saavedra en su traje militar; el preocupado Moreno sentado en su escritorio; el inescrutable Juan José Paso y la mirada lánguida de Manuel Belgrano. Y se conservan objetos de valor: de Moreno, una cigarrera, un tintero y su escritorio de caoba. Del último virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros -que era capitán de navío y se había quedado sordo al llegar a Buenos Aires-, un reloj y una espada. De Belgrano, el reloj de bolsillo clavado en las nueve que, a punto de morir, le ofreció al médico que lo atendía como única forma de pago, ya que el gobierno le debía quince meses de sueldo.
Hay además dos invitaciones para el cabildo del 22 de mayo -"el más importante, porque en él se decidió qué hacer", según Cresto-. En una de ellas, el destinatario, Pedro Díaz de Vivar, escribió la doble excusa por no haber podido concurrir: su hijo estaba enfermo y le resultó imposible atravesar las calles de barro anegadas por las intensas lluvias.
Hay también objetos anónimos: un elegante paraguas con mango de marfil, el bastón de un regidor y el de un cabildante, con curiosa forma en espiral.
En el Cabildo esperan para los días 25 y 26 igualar, por lo menos, la concurrencia del último 25 de mayo, cuando unas 4000 personas visitaron sus salas.
Pero aunque lo recorran, bajen hasta los calabozos y se asomen al histórico balcón, los visitantes no podrán encontrarse con los fantasmas que sólo circulan allí por las noches, como puede atestiguar cualquiera que se haya quedado en las salas vacías. "Con buena onda", como dicen allí, son los espíritus históricos que, al parecer, se divierten cambiando las cosas de lugar o empujando objetos al piso.




