
Los vitrales del Colón recuperan su esplendor
Iniciaron la restauración tras un siglo sin mantenimiento
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El paso del tiempo está a punto de perder una batalla. Gracias a las manos del restaurador de origen catalán Fivaller Pablo Subiratis y a la iniciativa de la Subsecretaría de Patrimonio Cultural porteña, los vitrales del Teatro Colón están recuperando su glamour centenario. En breve, prometen, la suciedad y el deterioro acumulados por décadas serán sólo un mal recuerdo.
Todos los vitrales del Teatro Colón están en los techos, en diferentes zonas del edificio. Provienen de Francia y fueron concebidos en la Casa Gaudin, de París, en 1907. La mayoría de ellos ornamenta el imponente hall central -que los exquisitos prefieren llamar foyer-, donde mármoles, estucos y alfombras rojas se combinan en uno de los ambientes más señoriales de la ciudad. Justamente, la monumental cúpula octogonal del hall es un bello rompecabezas de vidriecitos de colores, dispuestos de tal manera que hablan a los visitantes de Homero y Safo, dos tradicionales representantes de la Grecia clásica.
Es probable, sin embargo, que la mayoría del público asistente al Colón jamás los haya notado: de noche los vitrales no se ven. Y de día son opacos manchones de colores que dejan pasar la luz a duras penas... o esto es lo que ocurría hasta hace poco.
Es que días atrás se completó la limpieza y restauración de los dos primeros vitrales, hoy tan luminosos, que hasta hacen irresistible echar un vistazo al techo. Es la "prueba piloto", como dicen los responsables de tamaña empresa, y salió muy bien. Cinco meses llevó a los expertos armar el andamio de doce metros -con cuidado de no dañar los frágiles pisos del teatro- y con la delicadeza de una mariposa extraer cada uno de los 40 paños en que se divide cada vitral, sin que se desplomaran los trozos de vidrio en una lluvia espantosa.
Luego, desarmar cada paño en sus 200 pedacitos vítreos -llamados teselas- cuidando de asentar en una plantilla la ubicación de cada uno, antes de comenzar la limpieza a seco. Finalmente, tras reemplazar las tracerías de plomo que los unen entre sí y reponer las teselas perdidas, meterse de lleno en el proceso inverso hasta llevar los vitrales a su estado actual. Una pesadilla para los ansiosos.
Secretos
Los dos primeros vitrales recuperados guardan, además, otros secretos de los profundos trabajos a los que fueron sometidos, que sólo los restauradores conocen. Por ejemplo, una red de celdas hexagonales -absolutamente invisible desde el suelo- se interpone ahora entre los vitrales y los visitantes, para evitar accidentes desagradables. Y en cada una de las teselas repuestas, confeccionadas con los materiales y métodos que se utilizaban en el siglo XIX, una chapita delata la fecha de fabricación.
Durante los próximos meses, el resto de las piezas (incluida la cúpula, todo un desafío) atravesará el mismo proceso.
La restauración de los vitrales es una pequeña parte del Master Plan de 20 millones de dólares, que se propone reparar el edificio íntegramente, antes de que los acordes de la ópera "Aída" anuncien, el 25 de mayo de 2008, que el Colón ya tiene 100 años.
Y un último dato: la recuperación completa de los vitrales cuesta unos $ 640.000. De este total, un 80% proviene de un préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo y el 20% restante de las arcas de la Ciudad y de la Fundación Teatro Colón.
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