
Mahmud Darwish, poeta del pueblo palestino
Sus recitales de poesía reúnen a miles de personas que ven en él a un intérprete de sus aspiraciones. En esta entrevista, habla de la democracia en Medio Oriente, de los ataques suicidas de sus compatriotas y de lo que considera un conflicto entre peligrosos fundamentalistas
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Llena estadios de 25.000 personas. El mundo árabe está a sus pies. Intérprete del exilio y de las esperanzas frustradas del pueblo palestino, su obra es una lucha constante entre la realidad y sus deseos, pero también una demostración palpable de que el compromiso por una causa colectiva está por encima de las ambiciones y retos personales. Mahmud Darwish, nacido en 1942 en Birwa, Galilea, reúne voces y aglutina espíritus palestinos, nunca libres, en sus versos que hablan sin cesar de sangre, patria, tierra ocupada, piedras lanzadas y olivos arrancados. Refugiado desde 1948, cuando su pueblo fue ocupado por Israel, se marchó a vivir a Haifa, donde trabajó como periodista. Dirigió y editó el diario Al Karmel , además de sumarse al Partido Comunista y de resistir de manera activa la ocupación israelí, por lo que pasó largas temporadas en la cárcel y bajo arresto domiciliario. Se instaló en Beirut en 1971. Allí se sumó a la OLP, de cuyo Comité Ejecutivo formó parte desde 1987 hasta 1993, cuando dimitió por no estar de acuerdo con los Acuerdos de Oslo. Tras la invasión israelí del Líbano en 1982, marchó a Chipre, Túnez y Francia; ahora vive a caballo entre Ammán y Ramallah, donde regresó en 1996, tras 26 años en el exilio.
Darwish escribió su primer poemario a los 19 años. Su compromiso inquebrantable lo ha convertido en el poeta de la resistencia, con una obra muy rica traducida a decenas de idiomas, entre ellos el hebreo y el español. Protagonizó de manera indirecta una de las más significativas crisis políticas de Israel, cuando en marzo de 2000 estuvo a punto de provocar la caída del Gobierno de coalición de Ehud Barak. Su ministro de Educación, Yossi Sarid, líder del Meretz, quiso introducir la poesía de Darwish en los libros de texto de los estudiantes israelíes. No pudo hacerlo por el escándalo desatado. El lo vivió con frialdad: "El país con el ejército más potente de Medio Oriente se asusta de un poema", declaró a ABC .
- Hace no demasiado tiempo, usted escribió que el conflicto palestino-israelí era una guerra entre memorias. Pero hoy el conflicto no es sólo entre memorias, es un conflicto muy real, entre seres humanos...
-Así es. La batalla es por la tierra, por la vida digna, por la libertad. Pero la condición para alcanzar la paz sigue siendo no cambiar ni perder la memoria. Israel lo ha hecho al considerar aún a Gaza y Cisjordania como tierra en disputa. No admite que están ocupadas. Los judíos argumentan que vuelven a casa, después de 2.000 años en el exilio, pero en esa "casa" había gente, estábamos nosotros, a quienes ahora se nos impide volver a nuestras casas sólo 50 años después y no 2.000, como ellos.
- La complejidad del conflicto, en todo caso, enreda las soluciones .
-El conflicto, en efecto, es muy complejo pero la solución es muy fácil. Que Israel acabe con la ocupación y tendrá paz, seguridad y reconocimiento por parte de los países árabes. Le bastaría con entregarnos el 22 por ciento de las tierras que en derecho nos corresponden y tendríamos ese Estado simpático y pequeño que ahora nos niegan.
- ¿Lo cree posible sin una verdadera presión internacional que tenga en cuenta a los que ocupan, pero también a los que están ocupados?
-El liderazgo absoluto de los Estados Unidos en el mundo ha generado en esta zona del planeta una carencia importante de justicia e igualdad. Israel ha tenido éxito al vender el conflicto bajo parámetros de seguridad, con lo que la comunidad internacional se ha olvidado de la ocupación. Se habla de la "Hoja de ruta", pero cuando llegue el momento de hablar de los problemas de fondo, todo volverá a estallar. Se habla de hudna (tregua) y de seguridad para el que ocupa, no para el ocupado.
- ¿Arafat o Abu Mazen?
-¿Por qué elegir? Los dos son válidos para nuestra lucha, para nuestra causa. Cada uno desde su aproximación histórica, política, personal. El problema es que Arafat cada día tiene menos poder, él lo sabe, lo nota y lucha para mantenerlo y negar lo que para muchos es una evidencia: su progresiva muerte política.
- En marzo de 2002, usted recibió a una delegación del Parlamento Internacional de Escritores (Saramago, Goytisolo, Banks) en una Ramallah en estado de sitio y les dio la bienvenida a la llamada Tierra de la Paz y del Amor. ¿Queda hoy aquí algo de paz y de amor?
-Lo primero que quiero decirle, para que se haga una idea de su poder, es que ese Parlamento Internacional de Escritores ha dejado de existir hace pocos meses a causa de las presiones de Israel, muy dolido por aquella visita y el eco que tuvo en los medios de comunicación. Volviendo a su pregunta, he de decir que la vida y la historia están llenas de bonitas mentiras y ésta es una de ellas. Nunca ha habido amor ni paz en esta tierra siempre bañada en sangre. El sueño es bonito pero utópico. Se pasean y se han paseado por esta tierra demasiados profetas incapaces de lograr la paz. Pero por suerte o por desgracia, el conflicto no es entre profetas. Eso sí, a todos nos iría mejor si en lugar de un solo Dios americano hubiese más dioses.
- Aquellos días en Ramallah usted habló de las obligaciones morales de los escritores, de los intelectuales...
-Perdone que lo interrumpa. Es verdad que las obligaciones morales son importantes, pero aquel día hablé de algo más importante. Hablé de Justicia, de una Justicia con mayúscula que los Estados Unidos nos niega porque protege no el derecho de Israel a existir, sino el derecho a ignorar la existencia de los palestinos.
- ¿Nos enfrentamos aquí también con un conflicto entre civilizaciones, agudizado tras aquel fatídico 11 de septiembre?
-No, éste es un conflicto entre fanáticos. La civilización combina muchas culturas. Nadie tiene su monopolio. La civilización se crea de manera colectiva y las diferencias no separan sino que nos enriquecen. El conflicto actual es un conflicto entre fundamentalismos.
- ¿También en Irak?
-Estaba muy claro desde un principio que los EE. UU. lograrían una fácil victoria militar. Por eso el problema se viene encima ahora. ¿Cómo quieren reconstruir Irak, si es que quieren reconstruirlo? Asistimos a una nueva ocupación occidental de la tierra musulmana. Y no han ido a Irak a liberar a un pueblo oprimido, ni a acabar con una dictadura, han ido porque ese país tiene petróleo. Si les preocuparan la libertad y la democracia, los Estados Unidos tendrían que invadir la mayor parte de los países árabes. No había democracia en Irak, claro que no, pero tampoco en los más fieles y sumisos aliados árabes de Washington.
- ¿Por qué no hay democracia en los países árabes?
-No lo sé, sinceramente. Desde hace mucho tiempo se ha abierto un proceso histórico que no hemos logrado cerrar con éxito. Pero lo que sí sé es que la falta de democracia no es, como dicen muchos orientalistas, culpa del Islam. Por mucho que diga Bernard Lewis, el Islam no es un obstáculo para la democracia. La razón es política. Es más, el conflicto del mundo árabe con Israel ha pospuesto, durante mucho tiempo, la cuestión, aunque ésta tampoco es la única razón.
- La falta de democracia en el mundo árabe convierte a Israel en la única democracia en Medio Oriente...
-Sí. Pero una democracia, como una persona, puede ser racista y la israelí es una democracia para los judíos, no para los musulmanes que viven allí; por lo tanto, es una democracia racista.
- ¿Existe alguna justificación para el terrorismo?
-Existen muchas explicaciones. La ocupación es una de ellas. También la desesperación, la depresión, la humillación, la falta de futuro. Todo eso lleva a los jóvenes a cometer ataques suicidas. No lo hacen porque busquen una vida mejor en el paraíso, al lado de bellas vírgenes. La razón verdadera es la desesperación. A nadie le gusta morir, pero nadie puede dejar de luchar contra la ocupación. Y los palestinos suicidas no tienen helicópteros Apache, ni carros de combate Merkava, ni cazas F-16; tienen sus cuerpos que convierten en bombas. Que quede claro: no justifico los ataques suicidas, mucho menos cuando el objetivo es la población civil. Pero no basta con condenar un hecho, hay que intentar entender por qué se produce.
- Usted vive a caballo entre Ramallah y Ammán. ¿Cómo afecta a su obra la realidad que se vive y padece en Palestina?
-La realidad es casi siempre más fuerte que mis intenciones poéticas. El año pasado, por ejemplo, trabajaba en un libro en el que venía pensando desde hacía años. Pero con el estado de sitio, bajo el toque de queda, cambié de planes. La realidad se impuso contra mis planes en una tremenda y angustiosa lucha interior entre lo que quería escribir y lo que tuve que escribir. Muchas veces intento escapar de la realidad, me vendo los ojos, arrugo el corazón, me tapono los oídos, pero no logro más que confundirme a mí mismo y al final la realidad acaba por dictarme sus palabras. Lo importante, en cualquier caso, es escribir un poema bello, que llegue a la gente, que te llene por fuera y te vacíe por dentro. La tensión entre la realidad y los sueños es lo que ha dado vida a la poesía a lo largo de la historia.
- ¿Anda hoy en día enfrascado de nuevo en esa lucha interior a veces angustiosa?
-No tanto. Trabajo en un libro en cierto modo autobiográfico, todavía sin nombre, con el que pretendo ver la realidad a través de otra ventana. Serán sesenta poemas cortos, más líricos y más humanos pero también más abstractos, que verán la luz en otoño.
- Sus poemas son una religión en una cultura de por sí muy islámica .
-No siempre creo en la poesía. Renuevo mis creencias en la poesía cada día. Pero cuando recito mis poemas en Beirut, en un estadio de fútbol, ante 25.000 personas, como me sucedió el año pasado, me doy cuenta de que la poesía todavía es posible y necesaria, de que, sin ideales, eres inútil.
- ¿Le queda hueco para la esperanza?
-No mucho, pero es verdad que tenemos que construir la esperanza porque sin ella estaríamos perdidos. Los palestinos hace tiempo que la tenemos en cuarentena, pero hay que luchar por recuperarla, esté donde esté. Tenemos que creer que el futuro será mejor que el pasado, aunque la realidad de los últimos 50 años demuestre lo contrario. Pero estoy convencido de que al final del día seremos libres y podremos disfrutar de nuestra patria. No creo que tengamos nunca un Estado independiente, soberano y justo, pero haré lo imposible por tragarme mis palabras. La lucha será por la libertad colectiva. Una vez obtenida, llegará el momento de pensar en la individual. A una patria libre se la puede amar o no, pero si está ocupada, siempre la amarás.
Fragmento de "Mural"
Verde, es verde la tierra de mi verso. Un río es suficiente para susurrar a la mariposa: Ay, hermana, un río es suficiente para que los mitos antiguos se queden en el ala del halcón sacre mientras él cambia de bandera y de lejanas cimas, allí donde el ejército fundó los reinos del olvido para mí. Ningún pueblo es menor que su poema escrito con palabras, para vivos y muertos, que las armas dilatan, y con letras que hacen brillar la espada colgada del cinto de la aurora, a la vez que el desierto va menguando, o aumenta con los cantos.
Mahmud Darwish
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