Mercados sin tiempo
No debe haber venido mucho después de la domesticación del fuego, los animales y las semillas. Junto con la palabra, el tabú y la percepción de cierta oscuridad llamada muerte, el comercio es uno de los sellos duraderos de lo humano. Si quitásemos los objetos de plástico y algún que otro utensilio, la escena capturada en Rangún, Birmania, sería tan atemporal como los mitos que rodean ese rincón del mundo. La esencia de la actividad, el colorido del mercado, el trabajo incorporado a la vida de quien lo ejerce: generaciones de seres humanos están contenidas ahí. Por otra parte “Yangón”, nombre birmano con el que se conoce el lugar donde transcurre esta escena, proviene de las palabras yan y koun que significan “ciudad sin enemigos”. Otro sello: el deseo fervoroso de paz en el corazón de una especie demasiado propensa a lo contrario.
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