
Metáforas de la paternidad
Amélie Nothomb recrea el complejo de Edipo desde una visión impensada, aunque sin escapar de ciertos lugares comunes
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El complejo de Edipo y la magia son los temas que estructuran la trama de Matar al padre, la última novela de Amélie Nothomb (1967). La historia se centra en el vínculo padre-hijo que establecen un adolescente echado de su casa por su madre y un mago reconocido que se convierte en su protector y mentor. Situada en Reno, ciudad próxima a Las Vegas, la narración avanza con fluidez, sin artificios ni metalenguajes, con un estilo sobrio cuyos diálogos, por momentos, sólo reproducen los más arraigados clichés que el saber coloquial se apropió del psicoanálisis. Es difícil no caer en los lugares comunes cuando se aborda el complejo edípico, un concepto psicoanalítico devaluado y trillado hasta lo inconcebible, y Nothomb no logra salir airosa. Con un manejo apenas básico del tema, se esfuerza por reforzar a través de un discurso esquemático y repetitivo la hostil relación de Joe, el joven aprendiz de mago y Norman, su profesor y padre putativo. Este Edipo no estaría completo sin Christina, la bella malabarista que vive con Norman y se convierte en el objeto de deseo del adolescente.
La historia que cuenta la autora es la de una doble traición, la de un padre "matado" dos veces por un hijo que no se reconoce como tal. La vida diaria y la literatura nos muestran padres que no reconocen a sus hijos, pero el giro interesante en esta obra radica en que es el hijo el que no reconoce a quien se autoproclama como su figura paterna. Y ahí es donde se produce el quiebre. Toda la narración está construida en torno a cumplir con creces el imperativo categórico freudiano y a presentar sin estridencias la transgresión de los tabúes occidentales más representativos.
La magia, o más bien la prestidigitación, aquello que los une inicialmente, es un arte que Joe domina muy bien y utiliza en su provecho, ideando ardides para hacer trampa y ganar en los casinos, con Las Vegas como puntal y destino. Esta costumbre es la que desvela a Norman, preocupado por convertirlo en un hombre honesto. Nothomb vuelve en esta novela a incluir un personaje adolescente -como lo había hecho enAntichrista- y no es amable ni condescendiente en su mirada. El protagonista es un chico desprovisto de toda moral, que manifiesta cierta abulia frente a todo lo que lo rodea.
Una mención aparte merece la inclusión del festival Burning Man como escenario, un encuentro anual que se realiza en el desierto de Nevada. El evento consiste en levantar una ciudad entera y habitarla durante una semana, para luego quemarla y borrarla del mapa como una versión moderna de las bíblicas Sodoma y Gomorra. Recuperando el espíritu de comunidad y como una denuncia de la sociedad consumista, el festival es también una exaltación de la cultura de lo efímero, mostrándola en toda su espectacularidad como celebración y a la vez como condena. Norman y Christina concurren todos los años a este encuentro y deciden llevar a Joe en su cumpleaños número dieciocho. Esta experiencia se vuelve una especie de viaje iniciático que lo cambia para siempre. En un entretejido de relaciones construidas a la luz de la necesidad y el azar,Matar al padrees también el relato de una obstinación, de un hombre que se obsesiona con el hijo que eligió. "Los sabios afirman que nada tiene sentido. Los enamorados poseen una sabiduría más profunda que la de los sabios. El que ama no duda ni por un instante del sentido de las cosas", escribe Nothomb en uno de los pasajes. Los amantes de la escritura de la autora hallarán en esta obra una joya más de su prolífica producción literaria. Otros, sin ser sabios, afirmarán que al final todo carece de sentido. Incluso esta novela.
- Matar al padre
Amélie Nothomb
Anagrama
Trad.: Sergie Pàmies
136 páginas
$ 75
Marisol Córdoba
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