Misterios de una doble vida

María Seoane indaga en El enigma Perrotta el caso del dueño de El Cronista Comercial, secuestrado y desaparecido durante la última dictadura militar
Hugo Alconada Mon
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2 de diciembre de 2011  

María Seoane debió desafiar en El enigma Perrotta la dualidad y contradicciones de un hombre, aquellas que lo tornan inasible para quienes lo rodean e incluso para sí mismo. El subtítulo del libro es elocuente: De hijo del poder a informante del ERP. La historia secreta del dueño de El Cronista Comercial desaparecido por la dictadura militar . Autora de varios libros sobre protagonistas y momentos cruciales de la época más oscura de la Argentina, Seoane encaró el desafío con la humildad de quien prefiere exponer posibles causas de ese "enigma" sin concluir que una u otra haya sido la decisiva. La decisión podrá molestar a algunos lectores, que se toparán con varios pasajes en los que aclara que "es probable" o "es posible" que la conducta de Rafael Perrotta (1920-desaparecido en 1977) se debiera a tal o cual motivo. Pero a la larga se agradece, porque esquiva las simplificaciones.

Así, la actual directora de Radio Nacional y ex editora de Clarín expone causas internas y externas que pudieron empujar a Perrotta -un "nazi" en su juventud, al decir de su esposa- a circular por el Jockey Club y el Círculo de Armas, jugar al golf con "Joe" Martínez de Hoz o departir con Eduardo Massera, a la vez que proveía información al jefe del ERP, Mario Santucho, y recibía fondos de Montoneros para financiar su diario.

¿Fue por su padre ausente? ¿Una derivación de su militancia católica de otrora? ¿Por amor a una militante chilena? ¿Por ingenuo? ¿Por su tendencia a mimetizarse con la gente del poder? ¿Por su deseo de ser protagonista? ¿Para correr por izquierda a Jacobo Timerman y a su flamante diario La Opinión? ¿Por el contexto en que debió moverse? ¿Por todo eso y más?

Seoane expone en el derrotero de Perrotta lo que Nicolás Maquiavelo advirtió en El Príncipe hace casi 500 años: que quien cambia de bandos queda en ninguno. Y así, que a quienes deja atrás lo considerarán un traidor y sus nuevos aliados, un advenedizo. Ésa fue la tragedia de Perrotta, ese "contrasentido", como lo definió su ex jefe de redacción, Roberto Guareschi: "Ser un hombre de negocios y querer ser un hombre de izquierda".

El resultado fue su múltiple negación: por los periodistas que trabajaban para él, que no lo consideraban uno de ellos; por los empresarios, que lo repudiaron por ventilar sus infidencias, más aún tras conocer sus vínculos con la guerrilla; por los gremialistas, que a menudo veían en él sólo a "un señor burgués"; por el ERP, que lo consideró no un cuadro o militante sino "periferia" y lo entregó durante un interrogatorio; por el conglomerado de medios locales e internacionales, que ignoró su desaparición; y hasta por otros detenidos, "tal vez por su origen social", recuerda una sobreviviente del centro clandestino Pozo de Banfield. "Sé que nadie quería compartir calabazo con él por esto."

Perrotta, en suma, jugó con fuego hasta quemarse. Y perder su activo más precioso, aquel por el que "era": El Cronista Comercial. Ese que lo llevó a sentirse impune, a afirmar que "en la Argentina hay 200 tipos intocables, y uno soy yo". Su pérdida anticipó su final, como le indicó una voz telefónica a su mujer: "Esta venta le cuesta la vida a su marido". Menos de once meses después, en abril de 1977, lo "chuparon".

El libro, a pesar de algún maniqueísmo, vale y mucho. Porque, como la autora destaca sobre el final, el enigma de Perrotta no radica "en su muerte, sino en su vida". Que sintetiza y encarna, como pocos, el complejísimo enigma de la argentinidad.

El ENIGMA PERROTTA

Por María Seoane

Sudamericana

464 páginas

$ 99

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