Multan al grupo Santillana en el Perú por comercializar un libro para chicos con errores de impresión
Un título del best seller de literatura infantil español Jordi Sierra i Fabra llegó a las librerías peruanas con defectos que dificultaban la lectura
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Una resolución administrativa impactó en los últimos días en el ámbito editorial del país invitado de honor de la próxima edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, el Perú. La Comisión de la Oficina Regional del Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual (Indecopi), en Arequipa, multó al grupo español Santillana S.A. por vender un libro con defectos de impresión (formato invertido y paginación no consecutiva) que dificultaban la lectura de Querido hijo: estamos en huelga (Loqueleo), del escritor español Jordi Sierra i Fabra.
El lunes, la Cámara Peruana del Libro expresó su preocupación mediante un comunicado y advirtió sobre las “sanciones desproporcionadas”; no solo en el Perú los editores temen un “efecto contagio” de denuncias (debido, en parte, a que los procesos de control de calidad en las editoriales no serían tan estrictos como lo eran antes).
Aunque Santillana apeló la medida, el Indecopi ratificó la multa de 2,44 Unidades Impositivas Tributarias (UIT), más de trece mil soles peruanos, casi cuatro mil dólares, lo que equivale a 312 veces el valor comercial del libro, por infringir el deber de idoneidad previsto en el Código de Protección y Defensa del Consumidor al comercializar un producto que no cumplía con las condiciones mínimas de calidad. El libro, que costaba 43.05 soles peruanos, tenía páginas invertidas y desordenadas.

El caso se originó a partir de la denuncia de una mujer que había comprado dos libros en marzo de 2025, uno de los cuales -Querido hijo: estamos en huelga, que narra una “huelga de padres” de un hijo desobediente que en casa tiene, día a día, “todo servido”- presentaba errores en el orden y la impresión de algunas páginas. Tras evaluar el expediente, se determinó que vender un libro fallado daba lugar a la infracción administrativa que fue confirmada en segunda instancia.
Los responsables de Santilllana, que no negaron los errores de impresión, sostuvieron que se trataba de una “falla mínima” en el proceso de producción editorial. Sin embargo, el Indecopi sostuvo que la magnitud del defecto no era el elemento determinante de la sanción, sino el hecho de que el producto hubiera sido comercializado sin cumplir con los estándares de calidad exigidos por la normativa de protección al consumidor.
El Indecopi confirmó que Santillana S.A. había infringido el artículo 19 del Código de Protección y Defensa del Consumidor, que establece la responsabilidad del proveedor por la calidad e idoneidad de los productos ofrecidos. E indicó que las acciones posteriores del grupo editorial, como ofrecer la devolución del dinero o el reemplazo del libro por otro legible, no eliminaban la responsabilidad administrativa.
Al apelar, la empresa afirmó que había actuado con diligencia al atender el reclamo de la consumidora y proponer soluciones en un plazo breve. Además, alegó que el defecto no lo hacía inutilizable y que la multa era desproporcionada. El ente estatal desestimó la defensa y consideró resonsable al proveedor de comercializar un libro fallado. Solo revocó la multa adicional de 3,00 UIT que había sido impuesta en primera instancia por una supuesta infracción al deber de información. Además de la multa de 2,44 UIT, el Indecopi confirmó la medida que ordena a Santillana S.A. devolver el monto pagado por el libro defectuoso en un plazo de quince días hábiles y a hacerse cargo de los costos del procedimiento administrativo.
La Cámara Peruana del Libro salió en defensa de Santillana S.A. con un comunicado de seis puntos en el que advierte que la sanción aplicada al grupo español podría generar “graves implicancias” para el sector editorial en el Perú. La entidad remarcó que el caso se había originado por la venta de un único ejemplar con una falla en la compaginación de cuatro páginas y no por fallas múltiples, y solicitó a las autoridades revisar el caso.
“La empresa vendió un (1) libro que presentó el defecto específico en la compaginación de cuatro páginas, y no varios como se pretende comunicar -sostiene el comunicado-. El error detectado no fue humano ni intencional, sino que ocurrió de manera involuntaria debido a la automatización de los procesos de elaboración de un libro. Siempre existe un margen de error o defecto en todo proceso automatizado. Ante esta situación, se activó de inmediato el protocolo de atención al cliente, permitiendo optar por el cambio del libro o la devolución del dinero. El caso se encuentra aún en discusión ante las autoridades competentes puesto que es técnicamente imposible lograr una tasa de cero defectos en la elaboración automatizada de un producto. Ante el cambio de criterio por parte de las autoridades al momento de imponer una sanción por defectos indetectables, las empresas no tienen la más mínima oportunidad de evitarlas. Lo cual contribuye un abuso y una arbitrariedad manifiesta que no obedece a la realidad de la industria en ninguna parte del mundo”.
Desde la Cámara consideran que la multa impuesta -que “representa 312 veces el valor del producto defectuoso”- es una “medida desproporcionada”.
“El gremio editorial reafirma su compromiso con la calidad de los contenidos y con el fortalecimiento de la cultura y la educación en el país. No obstante, casos como este generan una legítima preocupación en el sector, al tratarse de sanciones desproporcionadas para las empresas editoriales, que con gran esfuerzo contribuyen al desarrollo nacional. Exhortamos a las instancias competentes a revisar el caso y a evitar que se establezca un precedente que afecte a una de las industrias más necesarias y, a la vez, menos protegidas del país”, concluye el comunicado.
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