Murió a los 70 años Antonio Sáenz Valiente
Se destacó en la actividad inmobiliaria
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Antonio Sáenz Valiente falleció a los 70 años y con él se fue un maestro y una figura singular en el mundo de los corredores inmobiliarios, con reconocida presencia y vasta trayectoria en nuestro medio. Serio y formal, pero con gran sensibilidad y generosidad, cosechó fuertes amistades a lo largo de su vida y transmitió su experiencia sin mezquindades.
Había nacido en Buenos Aires en 1933. Se recibió de contador público en la Universidad de Buenos Aires (UBA), pero dedicó su vida al negocio inmobiliario, convirtiéndose en uno de los profesionales más respetados por su formación integral y por la ética que guió siempre sus acciones.
Su inquietud, curiosidad y avidez por aprender lo llevaron a ser uno de los mejores en su actividad. Bajo su inspiración se hicieron grandes emprendimientos de edificación en la ciudad de Buenos Aires.
Luego de trabajar en la compañía Sudamérica Seguros, a cargo del sector inmobiliario, ingresó a los 38 años en Adolfo Bullrich Cía. Ltda. , donde permaneció por casi dos décadas.
En 1990 fundó su propia compañía, Antonio Sáenz Valiente Propiedades, y se convirtió en vicepresidente de la Cámara Argentina de Propiedad Horizontal. Siempre activo emprendedor, fundó y fue vicepresidente del Sistema de Ofertas Múltiples, una de las primeras redes de inmobiliarias del país. Ya con largos años de experiencia, ocupó la vicepresidencia de la Corporación de Rematadores y Corredores inmobiliarios.
La gran responsabilidad y exigencia de Antonio Sáenz Valiente lo llevaron a ocupar largas horas en su trabajo, pero nunca le quitó tiempo a su familia, a la que también dedicó sus mayores esfuerzos. Casado con María Marta Gómez Seeber, tuvo seis hijos que le dieron 22 nietos, para quienes se transformó en modelo de austeridad, virtud y práctica cristiana.
Practicar deportes fue una de sus pasiones desde joven: primero el rugby y, más tarde, el golf que compartía con amigos y familiares los fines de semana. Fue socio del Círculo de Armas y del club La Virazón, de Quequén, adonde viajaba con frecuencia. Dueño de una proverbial personalidad, desinteresada y cordial, mantuvo a su lado amistades de mucho tiempo que reconocían en él al mejor mediador en caso de conflictos, tanto en ámbitos laborales como privados.
Pasó los últimos años en su casa de Quequén bajo los cuidados de hijos y nietos debido a las secuelas de un accidente cerebral que sufrió en 2001. Falleció a causa de un cáncer de hígado y es recordado por sus seres queridos como un ejemplo de entereza y hombría de bien.
Sus restos fueron sepultados en el cementerio Parque Memorial.
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