Murió el periodista Fernando Lascano
Fue un descollante analista político
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La desaparición de Fernando Lascano, que anteayer falleció en nuestra ciudad a los 61 años, significa una dolorosa pérdida para el periodismo nacional. Fue, sin duda alguna, a lo largo de varias décadas, uno de los analistas políticos y económicos más brillantes y creativos de la prensa argentina.
Por su talento, su originalidad y su cultura de sólida base humanística, Fernando Lascano se reveló siempre como un observador de la realidad extraordinariamente culto y sensible. Sus columnas firmadas contenían una visión que trascendía los aspectos puramente circunstanciales o externos de la vida política o económica y se proyectaban a las esferas más hondas del pensamiento y aún de la reflexión social y hasta filosófica. Por eso su opinión era requerida permanentemente en los cenáculos periodísticos y era también solicitada por sus amigos y colegas en la conversación informal: se sabía que pocos argentinos podían trazar, con tanta lucidez como él, en pocos minutos, un análisis interpretativo de la realidad en los más variados campos de la vida nacional.
Se había incorporado al periodismo a fines de la década del sesenta. Luego de haberse desempeñado como agregado de prensa de la embajada argentina en España, trabajó como redactor en las revistas Panorama y Mayoría, y en los diarios La Opinión y LA NACION. Su labor en nuestro diario alcanzó singular repercusión. Sus artículos y columnas sobre la actividad económica y empresaria eran descollantes e iluminadores. Sus aportes a la sección Editoriales fueron también larga y justicieramente celebrados. Lascano no era sólo un periodista ceñido al rigor de la tarea informativa diaria: era, al mismo tiempo, un escritor de diarios de alto vuelo. Y así fue siempre considerado por los lectores y por sus compañeros de la Redacción.
En años más recientes, Fernando Lascano desarrolló actividades en el campo de las relaciones públicas y de la comunicación empresaria. Perteneció durante algún tiempo al grupo Exxel, pasó a desempeñarse luego en el grupo Bemberg y, finalmente, ocupó la presidencia de la Cámara de la Industria Cervecera. En todas esas funciones, puso de manifiesto su capacidad de trabajo y su vigorosa creatividad, así como su hombría de bien y su señorío.
De Fernando Lascano queda un recuerdo vivo e imborrable, referido no sólo a su gran creatividad profesional y a su vigorosa y refinada cultura, sino también a su espléndida condición humana y a su invariable confiabilidad moral. El hogar que constituyó con su esposa, Silvia Vila Moret, fue proyección y espejo de esas virtudes.
Los restos de Fernando Lascano recibieron sepultura ayer, en el cementerio de Olivos, donde despidió sus restos, con emocionado acento, el diputado Federico Pinedo.
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