
Música que se convirtió en un museo
Una antigua casona atesora 700 instrumentos y 3600 libros especializados en el tema
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LA PLATA.- Más de 700 instrumentos musicales de distintas partes del mundo y una biblioteca con 3600 volúmenes especializados son el patrimonio de un museo que pertenece a la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y que está abierto al público.
La mayoría de estos objetos pertenecía a la colección personal del veterinario Emilio Azzarini y, tras su muerte, fue donada a la casa de altos estudios por sus familiares.
Las restricciones presupuestarias no permiten mantener el sitio en las condiciones deseables, pero las personas que allí trabajan y una asociación de amigos intentan resguardar el patrimonio.
Emilio Azzarini nació en Punta Alta, en 1903. Se graduó como veterinario en la UNLP y se instaló en esta ciudad, junto con su familia. Quienes lo conocieron aseguran que era científico de profesión y músico de alma.
Su pasión por todo aquello que estuviera relacionado con la música se manifestó desde su juventud: a los 16 años ya había comenzado a coleccionar instrumentos, libros y partituras.
Las piezas que integran el acervo del Museo de Instrumentos Musicales Dr. Emilio Azzarini eran rescatadas por el veterinario de casas particulares y comercios de antigüedades.
En esta tarea, su espíritu de coleccionista y su profesión se encontraban. Azzarini desarrolló destacados estudios relacionados con la genética y la inseminación artificial, y muchos de los trabajos que efectuaba en establecimientos rurales los cobraba en instrumentos.
El veterinario también encargaba este tipo de elementos a sus conocidos que viajaban al exterior. En una oportunidad, un amigo, el titiritero Javier Villafañe, fue a China y Azzarini le encargó un ko ling , un silbato múltiple para palomas. Tras una búsqueda infructuosa, Villafañe se contactó con el Instituto de Música de Pekín, donde le indicaron que el pequeño instrumento podía hallarlo en una aldea del desierto de Gobi. Hasta allí se trasladó el titiritero y encontró dos ejemplares, uno está en el museo platense.
Patrimonio musical
Cuando Azzarini murió, en 1963, la familia cumplió con su deseo y donó la colección a la UNLP. Aquel año, el veterinario preparaba un libro sobre la actividad cultural en torno de la Universidad y los estudiantes, y había reunido una importante colección de periódicos estudiantiles que hoy pueden ser consultados.
El museo funciona, junto con la Casa de la Cultura de la UNLP, en una vieja casona, en 45 entre 6 y 7 (se coordinan visitas por el 0221-424-0401). En cinco salas, los instrumentos se exhiben agrupados de acuerdo con sus características: membranófonos, cordófonos, aerófonos, mecánicos y autómatas de distintas épocas y lugares.
De las más de 700 piezas se destacan una caja de música del siglo XIX, que funciona con un mecanismo de relojería; un arpa de marco a pedal, fabricada en París, en 1803, y un oboe hecho con ébano de Cuba y plata, de 1900.
La colección de Azzarini fue enriquecida por donaciones de embajadas e instituciones que aportaron, por ejemplo, un órgano de paloma que se utilizaba en los palacios imperiales chinos y trompetas tibetanas usadas por los lamas en sus ceremonias.
En la fonoteca del museo se puede encontrar una valiosa colección de discos Pathé, cilindros para fonógrafos patentados por Edison y rollos de player piano.
Entre los 3600 volúmenes de la biblioteca está el único ejemplar completo que existe en el país de las obras musicales recopiladas en cuadernillos por un imprentero de apellido Ybarra -El Boletín musical de Ibarra, de 1837- y la Misa Solemnis de Beethoven, de 1827.
"Entre las personas que más visitan el museo se encuentran investigadores, luthiers y escolares", dijo a LA NACION la museóloga Elida Reissig.
Al lugar también concurren músicos en busca de soluciones, pues el museo cuenta con un espacio en el que especialistas realizan peritajes y restauraciones de instrumentos.
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