Nada de magia
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¿Cuál sería la lección última que podríamos sacar de la interminable, cíclica y tóxica historia de fracasos de la economía argentina durante los últimos, digamos, 60 o 70 años? No pregunto si esto se resuelve reduciendo el gasto fiscal o con la piedra filosofal. Me pregunto cuál es la quintaesencia de lo que aprendimos. Eso que queda luego de siete años de primaria, cinco de secundaria y otros cinco de universidad, más el doctorado y varios posgrados. ¿Qué nos queda en el bolsillo a los argentinos, salvo una moneda inexistente que algunos ya ni siquiera ponderan por el valor simbólico de ser el dinero que se usa en nuestra patria?
Nos queda un epígrafe muy fuerte y muy difícil de aceptar, pero que me temo que ya no podemos darnos el lujo de ignorar. Resolver la crisis va a ser doloroso y lento. Además, no va a ser doloroso para los que predican desde el atril, sino para el resto de nosotros, y sobre todo para los que menos tienen; ya lo está siendo, para empezar. Traduzco: no hay soluciones mágicas e indoloras. Algunos economistas lo han advertido. Pero los candidatos tienden a prometer, no a alertar. Así que lo subrayo: tendremos que volver a sacrificarnos. Pero hagamos que sea la última vez.
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