Nada nuevo
Posar el ojo en un visor pequeño, enfocar, medir la luz, hacer clic y esperar varios días hasta poder apreciar la imagen obtenida. Hoy, esta secuencia sería concebida como una lección de temple y manejo de la ansiedad ante la incertidumbre. La tendencia actual a la satisfacción instantánea, representada fielmente en los celulares y su capacidad de hacer fotos y llenar el ciberespacio de imágenes de cada momento, ha dejado en el pasado aquella aura que rodeaba la captura del momento preciso y la incógnita por su resultado que definía el quehacer fotográfico. Si bien esta imagen parece protagonizada por amantes de lo vintage, simboliza también un modo posible de recuperar parte de aquella vieja singularidad. Aunque tal vez sea innecesario apelar tanto a lo antiguo para aprender a valorar el presente. Alcanza con ser consciente de que cada momento es irrepetible y obrar en consecuencia.
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Solo un puñado de canciones eternas




