
Nada tan incómodo como estudiar en Ciencias Sociales
Hay pocas aulas y están deterioradas
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En una antigua maternidad, en una fábrica reciclada, en aulas cedidas por una facultad y por un colegio secundario cercano... Así funciona hoy la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), con una matrícula actual de casi 20.000 alumnos que no deja de aumentar año tras año.
Los problemas del espacio insuficiente y la superpoblación no son nuevos, pero se agudizan con cada comienzo de clases. Este año, por ejemplo, se sumaron 3190 alumnos provenientes del Ciclo Básico Común.
Sociales tiene hoy oficialmente dos sedes: una en la calle Marcelo T. de Alvear 2230, donde se cursan Sociología, Relaciones del trabajo y Trabajo social y se encuentran la biblioteca y el área administrativa.
La otra sede se inauguró en 1997 y es una antigua fábrica textil reciclada, en Ramos Mejía 841, cerca del parque Centenario, donde se cursan las carreras de Ciencias de la Comunicación -que concentra el 50% de la matrícula- y de Ciencias políticas.
A ella se anexó el año último un edificio en el que funcionaba un viejo mercado comunitario, ubicado en Franklin 54, la misma manzana que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires cedió por ley a la UBA después de larguísimos trámites.
Allí hicieron un salón de actos para 120 personas, trasladaron la hemeroteca, la videoteca y un centro de autoconsultas para que los alumnos puedan controlar su estado académico y pedir certificados en computadoras sin tener que trasladarse a la otra sede.
El crédito salvador
Pero, aun así, las cosas no mejoran. Este año, la facultad debió pedir prestadas aulas en la sede Uriburu del CBC, en la Escuela de Salud Pública de la Facultad de Medicina y en el Colegio Carlos Pellegrini.
Mientras tanto, el decanato de Sociales reclama que se concrete el varias veces prometido otorgamiento de un crédito para poder construir un edificio único.
"Está en marcha la tramitación de un crédito de 68 millones de pesos por parte del Ministerio de Educación para obras de infraestructura de toda la UBA. Pedimos que se destinen cinco o seis millones para nosotros, con la idea de construir cinco pisos en el edificio cercano al parque Centenario. Allí se trasladarían todas las instalaciones de la facultad más el Instituto de Investigaciones Gino Germani, que hoy funciona en Uriburu 950", dijo a La Nación el vicedecano de la facultad, Norberto Alayón.
Según las cifras del decanato, el total de alumnos llega a 18.265 y casi la mitad -8137- cursa Ciencias de la comunicación. Luego vienen Sociología -3165-, Relaciones del trabajo -2691-, Ciencias políticas -2439- y Trabajo social, con 1833 alumnos.
Una recorrida por los pasillos y las aulas del edificio de Marcelo T. de Alvear entre las 19 y las 21, el horario más concurrido, pone en evidencia una situación que requiere soluciones urgentes.
A clase, como se pueda
Llegar por escalera al quinto y último piso puede llevar más de diez minutos. Las aulas están abarrotadas de estudiantes, que escuchan las clases sentados como pueden, en el piso, de pie y desde el pasillo.
"Hay aulas que no tienen ventilación y que están superpobladas -dijo a La Nación el estudiante Mariano Casas Di Nardo-. Además, los bancos están amontonados, hay carteles por todos lados y el ambiente en general es medio caótico."
"Tenemos los mejores profesores, pero las condiciones edilicias debilitan el proceso de enseñanza", continuó Alayón.
El edificio guarda todas las reminiscencias de un pasado en el que funcionó como maternidad: largos pasillos azulejados y ascensores camilleros , estrechos y largos.
"Este edificio es noble, pero viejo, y por cada cosa que se arregla se rompe otra. Tiene altos valores de mantenimiento", agregó Alayón, quien contó que este año hicieron un aula para 150 personas en la planta baja, que pasó inadvertida ante la avalancha de 1295 nuevos estudiantes en ese edificio.
"Hay otras facultades que tienen una acumulación histórica de edificios, construidos para la enseñanza universitaria, con una generosidad de metros cuadrados diferente de Sociales. Y eso está bien. Todos deberíamos funcionar así", dijo Alayón.
Para el presidente del Centro de Estudiantes, Mariano Molina, de la agrupación Movimiento para la Refundación de Sociales, el abandono edilicio no es casual. "Para los proyectos educativos actuales, como los de la Alianza y los organismos de crédito internacionales, las Ciencias Sociales importan poco, salvo que se destinen a formar lo que les interesa a las empresas", dijo a La Nación .
El dirigente también criticó a la conducción de la facultad: "En lugar de aceptar los límites del presupuesto y reclamar ante el Rectorado y el Ministerio de Educación, les piden a los docentes y alumnos que sean solidarios y traten de repartirse en todos los turnos para descomprimir los de la noche", dijo.
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