
Nueva visión del arte abstracto
CAMINOS A LO ABSOLUTO Por JohnGolding-(Turner)-Trad.: Jorge -Fondebrider-237 páginas-($ 107)
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Según afirma John Golding, no existe una obra canónica sobre el arte abstracto del siglo XX. Por ello, el viejo libro de Michel Seuphor, El arte abstracto, sus orígenes, sus primeros maestros (1950), aún es un texto de referencia. El esquema historiográfico del crítico belga no difiere mucho del que promovió en 1936 la exposición Cubismo y arte abstracto, del Museo de Arte Moderno de Nueva York, que puso de relieve sólo el carácter formalista de esa corriente, originada poco después de 1910.
Golding señala como un avance importante en la indagación de los orígenes de la abstracción la muestra Lo espiritual en el arte: Pintura abstracta 1890-1985 (en el libro figura erróneamente 1809-1985), curada en 1986 por Maurice Tuchman en Los Angeles County Museum of Art.
En Caminos a lo absoluto, siguiendo una orientación cercana a la exposición de Los Angeles, el crítico examina la obra de los pioneros europeos de la abstracción (Mondrian, Malévich y Kandinsky), comparando sus preocupaciones con las de sus sucesores norteamericanos (Pollock, Newman, Rothko y Still).
El libro se inicia con el holandés Piet Mondrian, "el más puro y decidido de los grandes precursores de la abstracción". Este artista, como Malévich y Kandinsky, escribió mucho y dejó un importante testimonio de los estímulos intelectuales que lo llevaron a la abstracción. A través del pintor holandés Jan Toorop, Mondrian conoció la teosofía y La doctrina secreta de Helena Petrovna Blavatsky. Poco después confiaba a su amigo Theo Van Doesburg que "todo" lo había sacado de allí.
Como escribe Golding, hoy resulta difícil imaginar la influencia de Blavatsky, tan carente de rigor intelectual, sobre los principales artistas de las primeras décadas del siglo XX. Sin embargo, Mondrian encontró en la teosofía la idea de que el progreso hacia la "revelación última" llegaba a través del equilibrio y la conciliación de los opuestos, tema de sus abstracciones con barras horizontales y verticales. También Rudolf Steiner, fundador del movimiento antroposófico, fue importante en la orientación intelectual del pintor holandés.
Kasimir Malévich, por su parte, pintó Cuadrado negro, su cuadro abstracto más famoso en 1915. Ese mismo año publicó el "Manifiesto suprematista"; en sus páginas se advierte cómo había sido influido por algunos ocultistas y seudocientíficos que hablaban de la cuarta dimensión. La lectura de P. D. Uspensky y Helena Blavatsky fue fundamental para el desarrollo de su estética. En esta vía, como señala Golding, el pintor ruso encontró el verdadero tema de su arte: el ascenso del hombre al éter, como resultado de un vuelo cosmológico, no aeronáutico.
También ruso, Wassily Kandinsky, el más complejo de los pioneros de la abstracción, publicó Sobre lo espiritual en el arte en 1911. Aunque no era un místico, adhirió a un amplio cuerpo de tradiciones místicas. En uno de sus escritos afirmaba: "Hablar de lo oculto por medio de lo oculto. ¿No es eso contenido?". En esa época ya había asistido a conferencias de Steiner y conocía la obra de Madame Blavatsky. Sobre esas bases espiritualistas, entendía que sus pinturas abstractas eran el resultado de una "necesidad interior".
En la segunda parte del libro, Golding analiza el triunfo de los pintores abstractos norteamericanos de las décadas de los cuarenta y cincuenta. Estos se diferencian de los pioneros europeos por la pertenencia a un contexto cultural homogéneo y por la influencia del surrealismo.
Jackson Pollock, el más importante de ellos, fue introducido por sus maestros en el pensamiento esotérico; en particular, la teosofía. Además, el pintor Thomas Benton facilitó su relación con la comunidad jungiana de Nueva York. Por supuesto, tuvo otros estímulos: José Orozco y Pablo Picasso, el arte indígena norteamericano, entre otros. Sobre estas bases, luego de arduas experiencias, en 1947 desarrolló su técnica del dripping (verter o gotear pintura sobre la tela). Sus obras, lejos de todo formalismo, están llenas de metáforas: el poder, la fuerza y la energía de la naturaleza, etcétera.
Barnett Newman, Mark Rothko y Clyfford Still alcanzaron un lenguaje abstracto propio, con algunos elementos en común, hacia la misma época que Pollock. Ninguno de estos pintores fue un teórico, pero fundaron sus poéticas en conceptos como los que Newman analizó en un ensayo fundamental de 1948: "Lo sublime ahora". También Still se preocupó por el concepto de lo sublime. Por su parte, Rothko fue un místico que pagó las consecuencias de serlo en una época caracterizada por la falta de fe.
En Caminos a lo absoluto, Golding (1929), historiador y crítico de arte inglés, no sólo indaga las motivaciones espirituales que animaron a los pintores abstractos. En el libro abundan las lecturas rigurosas y lúcidas de las obras, articuladas con las biografías de los creadores.



