Otro adiós posible a Andrés Cascioli
El eco asordinado que suscitó la muerte del creador de Satiricón revela aspectos preocupantes de la cultura nacional, que el editor criticaba desde sus revistas
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En el velorio de Andrés Cascioli (1936-2009), sus amigos comentábamos cosas del pasado y del presente (probablemente pavadas, coartadas para no desbordarnos de tristeza, recursos para sobrellevar el tamaño dolor de su desaparición física). Un par de ellas me llamaron la atención. Casi todos dijimos (y el que no lo dijo, seguro que lo pensó): "Che, qué triste tener que encontrarse sólo en estos lugares y en estas circunstancias". A tal punto se generalizó ese sentimiento que a los pocos días un mail avisaba que los "demás deudos" de Cascioli, podíamos reagruparnos afectivamente en un blog que se denominaría "Ex-Humor". Pertinente iniciativa, porque aquella publicación fue un poderoso estandarte de pertenencia, una pancarta de identidad que todavía puede exhibirse. El otro comentario -y es el que motivó esta reflexión- era que al inmenso ilustrador le tocó morirse el mismo día en que se murieron Michael Jackson y Farrah Fawcett. Y a muchos nos fastidió la exigua repercusión que la mayoría de los medios le dedicaron al fallecimiento de un gran artista argentino en comparación con la que le confirieron a las otras dos figuras.
Entiendo (no sin malestar, pero juro que lo entiendo) la gigantesca difusión de la muerte de un ídolo global, así como también la trascendencia del deceso de alguien que fue una gran estrella de la televisión. Pero lo que me rebela y provoca el presente comentario es que, en su gran mayoría, los medios no hayan puesto de manifiesto adecuadamente la relevancia cultural, artística, política, estética y ética de la obra de Cascioli.
No es que frente a lo irremediable propugne comparaciones ni mediciones propias de un reality funeral . Pero hay algo que pasa y no es la primera vez que se manifiesta; pienso en fallecimientos recientes como los del actor Fernando Peña, el filósofo Gregorio Klimovsky y el director Alejandro Doria, y observo que los medios abundan en comentarios sobre unos y se quedan cortos en otros. En este caso, tal vez el rey del pop y la rubia actriz de Los ángeles de Charlie se merecían todavía más. Pero con el creador de revistas paradigmáticas como Satiricón , Chaupinela , Humor , El Periodista y veinte o treinta más, la medida dispensada -insisto, salvo excepciones- se mostró escasa y, peor aún, en otros aspectos desinteresada y caracterizada por un mal argentino de fin de siglo: la distorsión de valores. ¿Será esto un nuevo efecto de la desdichada frase "Todo aquello que no está en la televisión no existe"? Cierto descuido, desapego, desatención registrada en la despedida periodística a Cascioli coincide con otros fenómenos preocupantes: una creciente inclinación por la vulgaridad, un rechazo a lo refinado y presuntamente minoritario, una inquietante malversación de lo propio, de lo local, de lo argentino, un sistemático desinterés por lo cultural. No hay que olvidar con cuánta sutileza lo advirtió en su momento Humor Registrado , cuyo intencionado eslogan era "la revista que supera apenas la mediocridad general".
Imaginar que hay difuntos vip o muertitos del montón sería como admitir, que tanto en la vida como en la muerte, hoy las jerarquías vienen dictadas por el rating . Pero si todo estuviera perdido y solo ése fuera el parámetro a respetar, de poco serviría refrescar el dato de que algunas de las publicaciones de Cascioli - Satiricón , Humor - vendieron entre 250 y 330 mil ejemplares. Igual quedaría debajo del estándar de masividad de la televisión. El cantante y la actriz estadounidenses estarían del lado de los puntajes de más de 30 y el artista extraordinario, original y audaz solo alcanzaría un puntaje de 2.5 ó 3.3. Lamentablemente, estas cifras revelan nuestra cercanía a "la mediocridad general", que Humor y Cascioli en algo intentaron torcer.
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