
Palau: "No venimos a convertir de un culto a otro, sino a Dios"
El orador evangélico presidirá un festival de música y "buenas noticias" en Palermo
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"Dios no quiere que el hombre se pierda sino que todos se arrepientan. No venimos a convertir gente de una religión a otra; queremos la conversión del pecado, del egocentrismo, a Dios."
Así se expresa, en diálogo con LA NACION, Luis Palau, predicador evangélico nacido en la Argentina y residente en Oregón, Estados Unidos, que presidirá hoy y mañana un macrofestival de música y "buenas noticias" en el parque de Palermo.
El acto es organizado por unas 3000 iglesias y organizaciones evangélicas de la Capital y el conurbano, y por eso la Avenida del Libertador se cerrará al tránsito esos días por la tarde, entre Bullrich y la avenida Sarmiento. Actuarán el cantante dominicano Juan Luis Guerra y Yuri, una artista mexicana que fue tapa de la revista Play Boy y que cambió su vida en contacto con el evangelismo cristiano.
Nacido hace 68 años en Buenos Aires, Palau tiene audiciones de radio por centenares de emisoras -aquí se lo conoció por Radio Colonia desde los años 60- y ha encabezado personalmente 425 campañas evangelistas en 60 países, desde América latina hasta Nepal, Indonesia o la antigua Unión Soviética en la época de Gorbachov.
Palau habla con soltura en el lobby del hotel Sheraton, donde se hospeda con Patricia, su esposa, norteamericana, con quien tuvo cuatro hijos. Viste un saco azul sin corbata y siente el calor porteño, poco después de reunirse con 800 pastores. De joven leía LA NACION y La Prensa, usa términos porteños, pero su acento indefinible recoge influencias de Colombia, México y Costa Rica, tres países donde vivió.
A su lado, el dirigente bautista Rubén Proietti comenta que 3000 iglesias evangélicas que desde hace 10 meses preparan el festival pusieron 100 pesos cada una ($ 300.000); que 20.000 pecheras naranjas de los voluntarios y seis millones de folletos los financiaron iglesias coreanas, y que hay aportes de cristianos de México, Chile, Estados Unidos y otros países.
Palau habla con vitalidad de la fe, la fidelidad matrimonial, el dolor que causa en los hijos la ruptura familiar.
-¿En su convocatoria ve una necesidad de vida espiritual en un mundo posmoderno descreído?
-En el alma histórica argentina queda un trasfondo espiritual, cristiano, del credo apostólico, que repetimos tanto los evangélicos como los católicos. Es una declaración de fe básica. Creo en Dios Padre, creador del cielo y de la tierra; en Jesucristo, que nació de la bendita Virgen María, murió en la cruz y resucitó; en el juicio que ha de venir y la vida eterna. Pero en los últimos años veo que la muchachada ya no tiene ese concepto. Si usted pregunta a los muchachos quiénes eran Adán y Eva, el 50% se cree que un conjunto de rock. Y si dice el nacimiento virginal, se creen que es una canción de Madonna.
-¿Qué busca con su campaña?
-Veo este esfuerzo como sembrar semillas a millares, para que comiencen a pensar otra vez en Dios, en la vida espiritual. Que vean que Cristo es contemporáneo, que está vivo, con nosotros, que quiere tocar nuestra vida.
-¿Ve apertura a la esperanza?
-Hablando de la esperanza, un autor (por Marcos Aguinis) escribió que los argentinos tenemos tendencia a decir Así somos y no vamos a cambiar. Le digo a la juventud: seremos así pero podemos cambiar, con el poder de Jesucristo. Aunque es histórico, es para hoy, es para vos, te quiere ver contento y feliz. Dios quiere que todo el mundo vaya al cielo cuando muere. Es lo más importante, pero Cristo no sólo nos lleva al cielo al morir. Es relevante al orden social, a la calidad de vida, a la búsqueda intelectual, a la depresión psicológica, a la falta de esperanza.
-¿Hay un mensaje de Cristo para el drama económico y social?
-Dios no tiene un plan económico para la Argentina, pero los principios de Cristo sí tocan la economía. No es que tenga un plan para el presupuesto del año 2003, sino un plan de rectitud, de honestidad, de justicia, que impacta a la nación económicamente.
-¿Qué dice del miedo a la muerte?
-Una persona normal, aunque se diga atea -lo vi en los años de la Unión Soviética-, en lo secreto piensa: ¿por que estoy aquí, a dónde voy? Y cuando muere alguien: ¿lo veré otra vez?, ¿vivirá? Si uno es perdonado por Dios, tiene la vida eterna. Es una certeza. No hay que tener miedo. La muerte, dice San Pablo, es el último enemigo. La muerte a nadie le agrada, pero cuando uno tiene a Cristo la confronta con una valentía sobrenatural. Mi padre murió cantando una canción, tenía 34 años. Mi madre murió a los 80 y en paz, tranquila. Ambos tenían la certeza de la vida eterna.
-¿De qué grupo cristiano es usted?
-Me crié de jovencito en los anglicanos. Tengo ese trasfondo. Ahora participo en una iglesia comunitaria en Portland, donde se crió mi mujer.
-Pero viaja buena parte del año.
-Un biógrafo de Billy Graham (predicador norteamericano de quien Palau fue traductor en 1962) decía: No se puede ser evangelista y quedarse sentado en un hotel a la vez. Hay que salir a la calle, hablar con la gente. Evangelista es el que proclama las buenas noticias. Me alegro de ser evangelista y no profeta, el que declara el pecado de las gentes.
-En televisión un chico de 13 años le habló llorando porque su padre había dejado a su madre y tenía una novia. ¿Qué les dice a los jóvenes como él?
-No se traguen lo que dice el mundo ateo. Hay que ver lo que dice nuestro Creador, que nos comprende porque nos creó. Dios inventó la sexualidad y El hizo las reglas del juego. La Biblia claramente enseña que el sexo es un regalo precioso de Dios, no hay por qué considerarlo sucio, pecaminoso. Pero El puso sus reglas para gozarlo en su plenitud y no sentir sentido de culpa, fracaso, amargura. Les tenemos que dar la esperanza de que el sexo en el matrimonio es hermoso y para disfrutarse en toda su plenitud. La fidelidad en el matrimonio forma el carácter y trae una profunda satisfacción.
-¿Qué dice sobre la mentalidad o las leyes que procuran el aborto?
-Yo creo que la vida humana comienza en la concepción. Dios dice en el libro de Jeremías: "Antes de que yo te formase en el vientre de tu madre, yo te conocí. Y antes de que nacieses yo te separé". Allí se enseña claramente que Dios tenía una mano en nuestra concepción. El aborto deja marcas dolorosas en la vida. Dios perdona al que hizo un aborto y se arrepiente, pero hay que darle fuerte; si no, nos volvemos una raza dura. La cultura del aborto está en la raíz de la violencia. Si los padres dicen que no es gran cosa, que tienen derecho, los hijos dirán: ¿matar a un hermanito que venía es normal? ¿Qué diferencia hay en que lo maten antes de que nazca o después?
-¿Conviene leer la Biblia?
-Así como el cuerpo necesita tres comidas por día, el alma necesita alimentación diaria. Para comenzar recomiendo leer un pasaje cinco minutos, meditarlo y orar; dedicarle, al menos, un cuarto de hora, cada día. Yo le dedico, por lo menos, una hora.





