Pensamiento nazi
ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LA FILOSOFIA DEL HITLERISMO Por Emmanuel Levinas - (Fondo de Cultura Económica) - Trad.: R. Ibarlucía y B. Horrac - 111 páginas - ($ 9)
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La primera edición de este artículo de Emmanuel Levinas data de 1934. Según palabras del propio autor, fue publicado "casi al día siguiente de la llegada de Hitler al poder". Lo difundió en ese entonces Esprit , revista del catolicismo progresista. Reeditado por el autor en 1990, aparece ahora en castellano. Se trata de un texto brevísimo: en la edición de bolsillo del Fondo de Cultura Económica no llega a las quince páginas. Las ciento once del volumen, certeramente traducido del francés por Ricardo Ibarlucía y Beatriz Horrac, se alcanzan gracias al luminoso estudio de Miguel Abensour que acompaña y explica la notable pieza de Levinas, situándola en el contexto de toda su producción ulterior.
Lo menos que cabe decir del artículo de Levinas es que se trata de un trabajo original, cuya fuerza esclarecedora está intacta setenta años después de su composición. Es, radicalizando el enunciado, una de las lecturas más originales que se hayan efectuado del hitlerismo como filosofía. Pero ¿qué significa "filosofía del hitlerismo"? ¿Hasta qué punto es posible emplear un término como "filosofía" para remitir a una propuesta conceptual tan pobre como fue la de los nazis?
Levinas está persuadido de que "los sentimientos elementales entrañan una filosofía. Expresan la actitud primera de un alma frente al conjunto de lo real y a su propio destino". Son, pues, estos "sentimientos elementales" los que Levinas describe e interroga. Extrae de ellos, se diría, la filosofía que los caracteriza. Sostiene que el hitlerismo llama a reinstaurar la "existencia natural" renegando de todo poder de renovación y autonomía del espíritu. Entiende el hitlerismo que la atadura del hombre a lo biológico no sólo es definitiva sino que, por sobre todo, ella constituye su verdad fundamental, lo que debe orientar su acción en el tiempo. Para Levinas, en cambio, el rasgo distintivo de lo humano es el "desapego del alma", su capacidad de desligarse y abstraerse de los imperativos de la existencia natural. Es así como el hombre se separa del mundo, en el sentido de que se evade de la sujeción pasiva a los imperativos de la "existencia concreta". Con ello, Levinas invierte el planteo que subyace en las proposiciones del nazismo: el ser no determina la conciencia, sino que la conciencia o la razón es lo que determina al ser. Ello no implica que el hombre no esté condicionado sino que este condicionamiento sólo se humaniza si hace lugar a su interpretación y a su procesamiento analítico.
El nazismo, en cambio, la filosofía del hitlerismo, renuncia a esta función creadora del espíritu, la condena y propone la sujeción pasiva a las determinaciones impuestas por lo dado. Es así como el cuerpo se convierte, según Levinas, en el fondo mismo del ser del hombre. De conformidad con ello, no tendríamos un cuerpo sino que seríamos un cuerpo. La identidad del yo se reduciría a la del cuerpo, "lo biológico, con todo lo que comporta de fatalidad, se vuelve algo más que un objeto de la vida espiritual, se vuelve el corazón". Tal cosa es lo que ocurre en el hitlerismo. La sangre, la herencia, el pasado "a los que el cuerpo sirve de enigmático vehículo, terminan perdiendo su naturaleza de problemas sometidos a la solución de un yo soberanamente libre". De allí entonces que la esencia del hombre no consiste ya en su libertad, "sino en una especie de encadenamiento". Un encadenamiento que, según el hitlerismo, cabe aceptar y, más aún, acatar.
Intenta luego Levinas mostrarnos de qué manera se articula la universalidad de esta verdad propuesta, con el racismo indispensable a la lógica nazi. Ya sabemos que la comunidad de sangre es decisiva. La expansión lograda por la fuerza de los representantes de esta verdad de la sangre afirma y prueba, a la vez, "su superioridad". No se trata de persuadir sino de imponer. No se trata de compartir sino de someter mediante esa verdad cuya universalidad queda demostrada "por la misma fuerza que lleva a cabo el avasallamiento". La voluntad de poder de Nietzsche, que la Alemania moderna recupera y glorifica, no es sólo un nuevo ideal, es un ideal que aporta al mismo tiempo su forma propia de universalización: la guerra, la conquista. El racismo, según Levinas, la conversión del mundo en un escenario de amos y esclavos, intenta retrotraer "la humanidad misma del hombre" a un estadio de claudicación espiritual donde ya no está en juego la confrontación entre ideas sino la erradicación sin más de la conciencia humana.
El estudio de Miguel Abensour no sólo sitúa, como lo he dicho ya, el artículo de Levinas en el contexto de toda su obra. Ensaya, además, y éste es uno de sus méritos mayores, un profundo acercamiento a la explicación levinaciana de las correspondencias entre el Dasein heideggeriano y las proposiciones elementales del nazismo. Esa compresión se alza y se extiende mediante la relación que Levinas establece entre la visión heideggeriana del ser y el valor de lo corporal en el hitlerismo. En suma: un aporte insoslayable a la comprensión de las raíces de la crisis de los tiempos modernos.




