Pérez-Reverte regresa desde la trinchera para devolver el lado humano al discurso de la Guerra Civil

En "Línea de fuego" Pérez Reverte reúne la memoria familiar con el documental, y lo personal, a partir de su experiencia de como corresponsal de guerra, con elementos de ficción
En "Línea de fuego" Pérez Reverte reúne la memoria familiar con el documental, y lo personal, a partir de su experiencia de como corresponsal de guerra, con elementos de ficción Crédito: © Javier López
Laura Ventura
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6 de octubre de 2020  • 10:54

MADRID.- No lo nombra, pero alude a un joven político español. Fue la liviandad e inexactitud con la que se refirió el funcionario a la Guerra Civil Española el motor para que comenzara a trazar la estrategia y dejara clara su postura en un texto de 680 páginas. Así nació Línea de fuego (Alfaguara), la novela con la que Arturo Pérez-Reverte (España, 1951) regresa, con su pluma y su estilo particular, al centro del debate intelectual, político y social. La Guerra Civil aparecía en otros libros, como en El tango de la Guardia Vieja, o en la saga de espionaje protagonizada por Falcó, sin embargo, en esta ocasión, este conflicto fratricida no se encuentra como telón de fondo. A partir de un relato coral, donde aparecen las voces de los dos bandos, el nacional y el republicano, el autor narra el horror y acerca "el zoom al discurso del frente, desde la trinchera, y no desde la retaguardia".

"Conocí la gente que hizo la Guerra Civil. Me la contaron de viva voz. Mi padre, mi tío, mi abuelo. Esa gente normalmente callaba. Después supe que era porque no querían contaminarnos del rencor, el dolor, el sufrimiento y la amargura de lo que fue la guerra para los dos bandos. Pero esa gente se ha ido muriendo y el testimonio real, el directo, ha ido desapareciendo con ellos. Está solo quedando el discurso ideológico que es usado de una manera claramente política con distintas intenciones de uno y otro lado. Cuando queda nada más la ideología y desaparece el testimonio humano, es muy peligroso. La idea se vuelve fácilmente manipulable cuando no está el testigo directo para confrontarla", expone Pérez-Reverte y a esta memoria familiar le suma la documental, a partir de una exhaustiva labor, y la personal, como corresponsal de guerra.

Conocí la gente que hizo la Guerra Civil: mi padre, mi tío, mi abuelo. Normalmente callaban porque no querían contaminarnos del rencor y del sufrimiento de lo que fue la guerra de los dos bandos

"En las 18 guerras que hice como reportero, siete de ellas guerras civiles, nadie ha muerto ni por la patria, ni por Dios, ni por la República. Luchaban por cosas inmediatas: la sed, un cigarrillo, vengar a un amigo. He querido devolver la parte humana al discurso de la Guerra Civil", dijo el escritor en la mañana madrileña del martes cuando presentó la novela a los medios vía Zoom y presencialmente, desde un céntrico hotel. La directora editorial de Alfaguara, Pilar Reyesanunció una tirada inicial de 150 mil ejemplares en España y de 50 mil que, de modo escalonado, podrán adquirirse en América Latina en los próximos meses. En Argentina el título llegará como novedad de noviembre.

Pérez-Reverte acudió a la batalla del Ebro, la más dura y sangrienta de la Guerra Civil. El escritor crea una ficción -enfatiza que su trabajo es una novela y no un libro de Historia- para narrar el horror. La acción comienza la noche del 24 de julio de 1938, cuando 2890 hombres y 18 mujeres de la XI Brigada Mixta del ejército de la República cruzan el río para ubicarse en Castellets del Segre, donde combatirán durante diez días. Este cuerpo y esta localidad son ficiticios, pero sirvieron para exponer su tesis en esta novela: "Ahí había gente obligada, gente voluntaria, gente que estaba por casualidad, gente que la llevaron de su pueblo. «Tú, ponte una camisa», «Tú, ponte una boina». Al acercarte a ellos cambia el discurso. No cambia el plano general. Sigue estando claro lo legítimo y lo no legítimo. No fue una guerra de cuatro generales, cuatro curas y cuatro banqueros contra el pueblo español. Es mucho más complejo. Hay que acercarse a la gente", asegura el escritor miembro de la Real Academia Española.

A través de una visión poliédrica, lejos de la oposición binaria blanco/negro o bueno/malo, Pérez-Reverte crea una novela donde aparecen legionarios, requetés [o "boinas rojas"], comunistas, socialistas, expone que no todo combatiente del Bando Nacional era franquista, y no todos los del Bando Republicano, eran republicanos. Para esta idea acude a su propia experiencia familiar: "Mi padre y mi tío, que eran chicos de una familia burguesa mediterránea lucharon con los republicanos y mi suegro que era un joven izquierdista aragonés luchó con los nacionales. Lucharon donde cayeron. Quería mostrar esa complejidad. La guerra es un lugar geométricamente complejo. Necesitaba varios puntos de vista diferentes, testimonios de los dos bandos".

La portada del libro de Pérez Reverte que saldrá el mes próximo
La portada del libro de Pérez Reverte que saldrá el mes próximo

Sería muy triste que esta novela no suscitase malestar en quienes utilizan la Guerra Civil como arma ideológica irresponsablemente

El ganador de esta guerra es, para Pérez-Reverte, evidente: Franco, los militares de su entorno. Los perdedores fueron los jóvenes de los dos bandos ("esas juventudes quemadas") y en particular las mujeres. "Fue la gran perdedora de la guerra civil. En tres años perdió un siglo de progreso y de modernidad. En tres años dejó de ser mujer libre dueña de sí misma, de su cuerpo y de su vida, para ser otra vez esclava sumisa de confesores y de maridos. Quería mujeres que supieran lo que se estaban jugando".

Pérez-Reverte plantea un escenario imaginario: ¿Te imaginas no ya las viudas y los huérfanos, sino todo lo que esa gente podría haber aportado? ¿Te imaginas lo que hubiésemos tenido si hubiésemos ahorrado esa sangría? Eso es lo desolador. Los novelistas, los pintores, los mecánicos, los arquitectos, los ingenieros, los político.. ¿Te imaginas si esa gente hubiese sobrevivido lo que hubiese aportado a esa España?". Y se planteó una pregunta retórica para regresar al uso maniqueo que los políticos actuales hacen de la Guerra Civil: "¿Cómo se atreven?".

Ante la posibilidad de críticas y detractores, fiel a su estilo provocador y, también, férreo defensor de sus convicciones, Pérez-Reverte destacó que no tiene una "misión ideológica" y que su objetivo no es "arreglar al mundo", algo que le compete a las ONGs y a los políticos: "Sé que voy a tener críticas de la extrema izquierda y de la extrema derecha, y eso me produce un cierto y retorcido placer. Sería muy triste que esta novela no suscitase malestar en quienes utilizan la Guerra Civil como arma ideológica irresponsablemente. Si a esas personas les molesta mi novela, me harán extremadamente feliz".

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