
Pintores franceses en el Río de la Plata
En Aventura en las Pampas, Alberto Dodero y Philippe Cros reunieron obras de treinta artistas que, llegados desde Francia durante el siglo XIX, registraron en sus obras escenas y personajes de nuestro país, convirtiéndose así en inmejorables cronistas del pasado argentino. En esta entrevista, Dodero habla de la investigación realizada y de proyectos futuros también relacionados con los vínculos artísticos entre las dos naciones
1 minuto de lectura'
Uno de los capítulos más ricos y, literalmente, más coloridos en la historia de las relaciones entre Francia y la Argentina es el de los artistas franceses que llegaron al Río de la Plata desde comienzos hasta casi el final del siglo XIX. El argentino Alberto Dodero ("un investigador autodidacto", así se califica), y Philippe Cros, historiador y director de la Fundación Bemberg de la ciudad de Toulouse, acaban de publicar Aventura en las Pampas, un libro notable que se consagra al tema.
Mientras muestra documentos y recuerdos de familia en su casa porteña de la avenida Alvear, Alberto Dodero comenta: "Mi amigo Philippe Cros es un hombre erudito, egresado de la Ecole du Louvre y, al mismo tiempo, jurista. Vino a la Argentina hace unos años y lo llevé a visitar el Museo de Luján. Se quedó asombrado cuando vio las imágenes que representaban carretas de ruedas gigantescas conducidas por gauchos y comprobó que estaban firmadas por un compatriota suyo. Lo que lo asombró no fue el carácter de las escenas sino la técnica minuciosa con la que habían sido pintadas. Era la misma manera de pintar con que los alumnos de Ingres retrataban a las jovencitas del Faubourg Saint-Germain en la época del rey Luis Felipe, sólo que aquí los pintores habían tenido como modelos a hombres de aspecto salvaje y temible. Ese asombro me reveló que habíamos dado con un asunto no suficientemente explorado. Al principio se nos ocurrió que debíamos organizar una exposición; después, pensamos que era mejor editar un libro en el que reprodujéramos ese tesoro casi desconocido en Francia y no muy conocido en la Argentina. Creo que hicimos lo correcto; ahora se dice que sobre la base de nuestra labor se va a organizar una exposición en el Musée d´Orsay".
Historias de vida
En el libro de Dodero y Cros, los lectores pueden encontrar pequeñas biografías, realizadas con mucho cuidado y espíritu de síntesis, de treinta artistas franceses convertidos en estupendos cronistas del pasado argentino. Cada una de esas historias de vida está acompañada por la reproducción de las obras que realizaron en la Argentina. Dice Dodero: "Al lado de nombres célebres en la iconografía del Río de la Plata, como Adolphe D´Hastrel, Auguste Raymond Quinsac de Monvoisin y Jean-Léon Pallière, hay otros prácticamente ignorados como François P. B. Barry, del que hallamos el óleo Combate de Obligado, que se encuentra en el Museo del Castillo de Versailles. En nuestros estudios recibimos una extraordinaria colaboración de los museos uruguayos. En los museos argentinos, contamos con la ayuda inestimable de algunos empleados que nos permitieron superar, por ejemplo, ciertos errores de catalogación debidos a la dificultad presentada por la ortografía de los nombres franceses."
La investigación de Dodero y Cros revela que, durante el período rosista, una veintena de artistas franceses, de calidad diversa, trabajó en la Argentina. Pintaban paisajes, retratos, miniaturas y también hicieron grabados. En una etapa posterior, para sobrevivir, algunos pasaron a los daguerrotipos. "Los nombres y las obras desconocidas me producían una curiosidad extraordinaria. Para mí --dice Dodero--, Jean-Philippe Goulu fue uno de esos descubrimientos que justifican horas y horas de trabajo. Se trata de uno de los artistas menos mencionados, pero su producción es admirable. Es, a mi parecer, el mejor de los miniaturistas, y tuvo discípulos tan talentosos como Carlos Morel o Fernando García del Molino. Todos estos artistas ponían anuncios en los diarios de la época en los que ofrecían sus servicios. Hoy, ver esas propagandas causa al mismo tiempo gracia y ternura. Esos hombres abandonaban Francia en busca de aventuras, pero también por razones políticas. Cros lo dice en la introducción. Las transformaciones de la sociedad francesa y los cambios de gobierno hacían que los favoritos de un período se convirtieran, después de una revolución o de un golpe de Estado, en exiliados. Los partidarios de Napoleón eran mal vistos por la Restauración y algunos de los que abrazaron la causa de la Restauración cayeron en desgracia con la Monarquía de Julio."
Detalles novelescos
Muchas de las obras investigadas por Dodero y Cros estaban abandonadas en los sótanos y en los depósitos de los museos rioplatenses por razones de espacio, lo que explica el desconocimiento que se tenía de ellas, así como de la vida de sus creadores. Las biografías de los artistas estudiados abundan en detalles novelescos. Algunos de ellos emprendieron el viaje hacia el sur de América latina convencidos de que se embarcaban rumbo a tierras tropicales. Cuando llegaban a Buenos Aires encontraban un exotismo muy distinto del que esperaban. En vez de palmeras y una vegetación exuberante, veían una ciudad de llanura en la que una burguesía incipiente, adinerada, imitaba a la europea. Eso, por supuesto, significaba que muchos de esos señores anhelaban ser retratados por pintores de prestigio. La procedencia y los estudios franceses daban cartas de nobleza a los artistas que publicaban sus avisos en los diarios. "Esos mismos pinceles que celebraban en los óleos los rostros de los ricos propietarios de la época descubrían a las puertas de la ciudad, es decir, ahí nomás, el mundo de los gauchos. La pampa y sus habitantes, diseminados en extensiones infinitas, ofrecían a la mirada europea un exotismo imprevisto: hábitos, vestimentas, artesanías y arreos relacionados con un mundo de a caballo", observa Dodero. "Todas esas imágenes son un registro valiosísimo de la sociedad de la época y de algunos episodios históricos. Por ejemplo, la litografía Lechero, de Arthur Onslow, muestra con detalle no sólo las prendas de los personajes, sino también, al fondo, el Fuerte. Al mismo Onslow se debe otra litografía en la que se ven las exequias de Manuel Dorrego frente a la Catedral de Buenos Aires. Alphonse Durand, por su parte, realizó una litografía de las exequias de Rivadavia. Las miniaturas, los grandes retratos al óleo y las litografías de los franceses revelan los contrastes entre la vida ciudadana y la rural, entre la burguesía porteña y los paisanos. Hay imágenes que son una maravillosa crónica de las riñas de gallo, de las carreras de caballo, de los bailes locales como el cielito, el gato, el minué (nada menos que en lo de Escalada) o del aspecto no muy atrayente de las espectadoras de la cazuela en el viejo Teatro Colón. El destino de esos franceses aventureros, llegados al Río de la Plata con sus paletas y algunas de sus obras (que les servían de muestrario), fue muy diverso. Algunos se aclimataron al nuevo país, se casaron aquí, tuvieron hijos, hicieron dinero y no regresaron a Francia. Otros, en cambio, apenas reunían en el Nuevo Mundo una suma interesante o cambiaban las circunstancias políticas en su tierra de origen, volvían a Europa. Algunos fracasaban, continuaban sus vidas en Buenos Aires lo mejor que podían y hasta cambiaban su trabajo, se adaptaban a la técnica y pasaban de la pintura al daguerrotipo. También los había que, después de un lapso de decepción, regresaban sin más a la patria."
Para la realización de Aventura en las Pampas, Dodero y Cros recurrieron a los museos, a los coleccionistas y a los descendientes de los retratados. Lentamente reconstruyeron un siglo. Sus investigaciones los llevaron al tema de un nuevo libro, en preparación, Entre París y la estancia. En él planean reflejar el período dorado de la gran burguesía porteña que pasaba sus días entre sus infinitas propiedades de la pampa, los palacios porteños y sus lujosas casas parisienses. "Pensamos rastrear primero la vida de la Gran Aldea, cuando los perfumes exquisitos se mezclaban con el olor a matadero. Después nos ocuparemos de las familias que viajaban a Europa con la servidumbre, desde el ama de leche hasta el chauffeur y, por supuesto, la vaca que daba la leche a los niños. Habrá un capítulo consagrado a la caza de los títulos de nobleza por parte de algunas grandes familias argentinas. Vamos a reseñar los casamientos que hicieron época. Queremos comparar la vida cotidiana de Biarritz con la de la Mar del Plata de la rambla de madera y la que vino después. Por supuesto, también aparecerán los proveedores de ese período en que se tiraba manteca al techo. En ese sentido, los archivos de las grandes joyerías de París, como Cartier o Van Cleef, nos son de una gran utilidad. El consumo nos está develando el espíritu de una época muy particular y algunas de las razones por las que estamos viviendo lo que vivimos. Los dos libros, el de los pintores franceses y éste en el que ahora estamos trabajando, nos ayudarán a describir y a entender el puente cultural que argentinos y franceses recorrieron en uno y otro sentido durante los siglos XIX y XX." Los arquitectos de ese proyecto sientan los pilares de esa construcción cada uno en su país. Mientras que Cros revisa las facturas de las joyerías de la Place Vendôme, Dodero repasa en el Río de la Plata los álbumes de fotos de sus antepasados, así como la correspondencia de hombres y mujeres que, sin darse cuenta, daban el tono de una sociedad que se precipitaba alegremente en el abismo.



