
Poemas de José Saramago
Durante la Feria se presentará Poesía completa (Alfaguara), del escritor portugués, ganador del premio Nobel. La recopilación incluye "Los poemas posibles", "Probablemente alegría", "El año de 1993" y "Epílogo"
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Otra vez frutos, rosas otra vez
Si estas manos en concha no moldearon
Las rosas que levantas en tu seno,
Si la boca no muerde en tu boca
La miel de la flor, en fruto transformado,
Caigan las manos, los labios se me peguen,
Que espejismos de vida no los quiero
A este lado de acá de tus frutales,
Ante el jardín alrededor cercado.
Intimidad
En el corazón de la mina más secreta,
En el interior del fruto más distante,
En la vibración de la nota más discreta,
En la caracola espiral y resonante,
En la capa más densa de pintura,
En la vena que en el cuerpo más nos sonde,
En la palabra que diga más blandura,
En la raíz que más baje, más esconda,
En el silencio más hondo de esta pausa,
Donde la vida se hizo eternidad,
Busco tu mano y descifro la causa
De querer y no creer, final, intimidad.
"Alzo una rosa"
Alzo una rosa, y todo se ilumina
Como no hace la luna ni el sol puede:
Serpiente de luz ardiente y enroscada
O viento de cabellos que se mueve.
Alzo una rosa, y grito a cuantas aves
El cielo colorean de nidos y de cantos,
En el suelo golpeo la orden que decide
La unión de los demonios y los santos.
Alzo una rosa, un cuerpo y un destino
Contra la fría noche que se atreve,
Y con savia de rosa y con mi sangre
Perennidad construyo en vida breve.
Alzo una rosa, y dejo, y abandono
Cuando me duele de penas y de asombros.
Alzo una rosa, sí, y oigo la vida
En el cantar de las aves en mis hombros.
Orgullo de Don Juan en el Infierno
Bien sé que para siempre: donde caí
No hay perdón o letra de rescate.
Mas fui, cuando viví, la sal de la tierra,
La flor azul, el cetro de escarlata.
Aquí, aun condenado, no he olvidado,
Ni muerto estoy siquiera: vuelvo a ser yo
En la sangre de mujer que, ardiente, pide
Ese modo de amar que fue el mío.
"Donde"
Donde los ojos se cierran; donde el tiempo
Hace resonar la caracola del silencio;
Donde el claro desmayo se disuelve
En el aromo de los nardos y del sexo;
Donde los miembros son lazos, y las bocas
No respiran, jadean violentas;
Donde los dedos trazan nuevas órbitas
Por el espacio de los cuerpos y los astros;
Donde la breve agonía; donde en la piel
Se confunde el sudor; donde el amor.
Romeo y Julieta
Me voy, amor, mas dejo aquí la vida,
Al calor de esta cama que abandono,
Arenas dispersas que fueron dunas.
Si la noche se hizo día, y con la luz
El negro alejamiento se interpone,
La sombra de la muerte nos reúna.
Aprendamos el rito
Pon en la mesa el mantel adamascado.
Trae las rosas más frescas del jardín,
Echa vino en la copa, corta el pan,
Con el cuchillo de plata y de marfil.
Alguien ha venido a sentarse a tu mesa,
Alguien a quien no ves pero presientes.
Cruza las manos en el regazo, no preguntes:
En las preguntas que haces es donde mientes.
Prueba después el vino, come el pan,
Rasga la palma de tu mano con el tallo agudo,
Lleva las rosas a tu frente, cubre los ojos,
Cumpliste el ritual, lo sabes todo.
Física
Recojo esta luz solar que me rodea,
En mi prisma la disperso y recompongo:
Rumor de siete colores, silencio blanco.
Como flechas disparadas de su arco,
Del violeta al rojo recorremos
El espacio entero que abierto en el suspiro
Se remata convulso en grito ronco.
Después todo el rumor se reconvierte,
Vuelven los colores al prisma que define,
A la luz solar de ti y al silencio.



